¡Ya estamos hasta la MADRE de tanta CENSURA...  Di No a la Censura...

martes, 15 de febrero de 2011

Declaración De Florence Cassez ante los jueces...

Florence Cassez
Centre femenil de readaptacion social de Tepepan
Calle La Joya - Col. Valle Escondido - Deleg Tlalpan
Mexico D.F. CP 16020
Toca Penal: 198/2008
C. MAGISTRADO DEL PRIMER TRIBUNAL UNITARIO EN MATERIA PENAL DEL PRIMER CIRCUITO

………….
Marie Louise Florence Cassez Crepin, sentenciada en la causa penal 25/2006 del Juzgado Quinto de Distrito de Procesos Penales Federales en el Distrito Federal, reitero ante este Tribunal de alzada mi inocencia.

Comparezco en esta audiencia de vista a expresar la verdad que siempre he sostenido: SOY INOCENTE, y a exponer por mi propio derecho los antecedentes, razones y agravios que obligan a este tribunal de apelación a revertir en justicia y derecho la injusta sentencia que pesa sobre mi persona.

Antecedentes.  Soy ciudadana francesa, nací en Lille, Francia, el 17 de noviembre de 1974. Llegué a México en marzo de dos mil tres invitada por mi hermano, Sebastián, casado con una mexicana.

Siempre ingresé y residí en México en forma legal. Al pisar suelo mexicano busqué asimilarme a la sociedad y conseguí trabajo.

La sentencia que apelo me impuso una pena de noventa y seis años de prisión. Tengo treinta y tres años cumplidos. En otras palabras, la sentencia me encadena a prisión perpetua por delitos que no he cometido.

Llevo treinta y un meses detenida. Mi pesadilla empezó el ocho de diciembre de dos mil cinco cuando fui detenida por elementos de la Agencia Federal de Investigaciones. Por veinticuatro horas fui incomunicada, sin abogado, sin poder efectuar una llamada, y sin saber el motivo cierto de mi detención. Así, sin ser puesta a disposición, permanecí en una caja negra, el día y la noche encerrada en un vehículo policial. Al siguiente, en la madrugada, fui exhibida ante los medios de comunicación como una delincuente, una secuestradora. Entonces los medios dieron cuenta de un “rescate en vivo” y en medio de ello una mujer francesa.
Ese día, esa madrugada, sin haberse iniciado una investigación formal en mi contra, por afanes evidentemente ajenos a la justicia y la verdad, la policía decidió aventarme a un circo mediático. Desde entonces, mi persona, mi rostro, mi nombre, quedaron ineluctablemente atados al grave estigma de “secuestradora”. Empero, el festín no paró allí.
En el curso de mi arraigo, el cinco de febrero de dos mil seis, en una entrevista televisiva en el programa Punto de Partida de Televisa, la Agencia Federal de Investigaciones tuvo que admitir que el operativo dado a conocer por los medios era en efecto una recreación. Ante el reclamo del montaje, la autoridad ministerial optó por un eufemismo: “recreación”. En la investigación interna y las aclaraciones públicas por esta grave irregularidad, se dijo simplemente que hubo un “error”. Un error de horas; y todo para condenarme a 96 años.

Aún así, el diez de febrero se reconoció oficialmente que el operativo no fue en vivo sino “recreado a petición de los medios”. Cuestionada sobre la validez de la investigación, la autoridad ministerial se apresuró a contestar que la recreación “no incidía en la validez legal.”

Lo cierto es que al dos de febrero de dos mil seis la averiguación previa no arrojaba datos sólidos y suficientes que pudieran incriminarme y vincularme a los delitos cuya comisión hoy se me atribuye.

A nivel de investigación, un testigo dijo reconocer mi voz y mi pelo. Dijo que era güera, pero la verdad es que soy pelirroja de nacimiento. Las demás personas manifestaron indubitablemente no haberme visto ni escuchado antes; esto es no reconocieron ni mi voz ni mi rostro.

Para ese entonces, es decir, para cuando se desveló públicamente el montaje, la verdad ya había sido sacrificada en aras de la versión que la policía había vendido a la opinión pública. El descubrimiento del montaje lejos de hacer reconsiderar al Ministerio Público, lo empujó al abismo de la mentira y la simulación. Ese día inició otro montaje, el de mi incriminación legal.  

A partir de entonces, las cosas dieron un giro sorprendente; las personas que inicialmente no me reconocieron, súbitamente empezaron a hacerlo. E, incluso, de la nada, apareció un testigo.

Para evitar mayores complicaciones y escándalos, el Ministerio Público apresuró su investigación y el tres de marzo de dos mil seis ejercitó acción penal en mi contra por los delitos de delincuencia organizada, secuestro y portación de arma de uso exclusivo del ejército.

La causa penal 25/2006 instruida en mi contra por los delitos de delincuencia organizada, privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro y otros, seguida ante el Juzgado Quinto de Distrito de Procedimientos Penales Federales.

La sentencia que me condena a pasar el resto de mi vida en reclusión, carece de un razonamiento crítico, serio y meticuloso. Procedo a enumerar sus violaciones y errores más flagrantes:

La sentencia me considera culpable de pertenecer a un grupo de delincuencia organizada. Su razonamiento final concluye:

“Elenco probatorio antes reseñado […] que resulta apto y suficiente para acreditar […] que la activo FLORENCE MARIE LOUISSE CASSEZ CREPIN y otro, perteneciendo a una congregación criminal, ambos teniendo funciones de dirección, administración y supervisión […] organizada bajo estrictas reglas de disciplina, de manera reiterada, que cuando menos funciona desde el año dos mil dos, se organizaron para realizar de forma reiterada los secuestros [...] “

La sentencia concluye que pertenezco a una congregación o banda criminal dedicada al secuestro cuando menos desde dos mil dos. Sin embargo,  la sentencia pasa por alto que llegué a México por primera vez en marzo de dos mil tres. El razonamiento denota un error conceptual grave y una seria omisión de estudio, pues en el proceso mis ingresos al país están más que probados. Ubica mi pertenencia a banda organizada desde 2002, pero me condena por unos hechos ocurridos a finales de 2005.

La sentencia también pasa por alto que en el año de dos mil cinco pasé una parte importante del año en mi país natal Francia, y por tanto omite contrastar ese dato esencial en su razonamiento.

Ruego a este Tribunal de alzada que pondere en conciencia mis declaraciones que protestan mi inocencia y dicen la verdad. En mi declaración ministerial rendida el nueve de diciembre de 2005, manifesté que “en el mes de julio  del 2005, cuando terminó mi contrato de renta con el departamento de la colonia Roma, dejé el mismo, por lo que me fui a Francia a la casa de mis padres, siendo esto el día 22 de julio, regresando el día 9 de septiembre del presente año […]”

Lo dicho en esta declaración está acreditado por los informes del Instituto Nacional de Migración que confirman: 1. Que he residido en forma legal en los Estados Unidos Mexicanos, con calidad migratoria No inmigrante visitante con actividades lucrativas. 2. Que efectivamente estuve fuera de México a partir del 20 de julio y regresé el 9 de septiembre de 2005.

En el expediente obra igualmente constancia que corrobora mis declaraciones en el sentido de tener un trabajo de “Hostess”, recepcionista, en El Hotel Fiesta Americana Grand, Chapultepec.

En el contexto de estos antecedentes y datos, haber salido por un mes y medio del país, haber solicitado cambio de calidad migratoria ante el Instituto Nacional de Migración y tener empleo fijo, la imputación de pertenecer a una congregación criminal dedicada al secuestro resulta un tanto inverosímil.

Mis declaraciones contienen la verdad y están corroboradas por datos ciertos. En diciembre de 2005 celebré un contrato de arrendamiento para vivir cerca de mi trabajo en la calle de Hamburgo, esquina Burdeos. Existen datos que confirman ese hecho, como lo es la declaración del arrendador Adrian Pini Nolásco y la existencia del contrato de arrendamiento del citado departamento.

Yo solo puedo dar cuenta de mis actos y de mi conciencia. La verdad que me asiste se basa en el recuento de lo que me encontraba haciendo en ese mes de diciembre de 2005. Repito que resulta inverosímil pertenecer a una banda dedicada al secuestro y al mismo tiempo acudir a la autoridad migratoria a pedir permiso de trabajo.

En fin, nada de mi dicho fue valorado por la juez de la causa. En este caso, tal parece que mi verdad no importa.

Los informes de mi empleador Servibosque, S.A. de C.V., Hotel Fiesta Americana, Grand Chapultepec, arrojan un indicio de gran importancia. En el sumario, este Tribunal podrá y deberá justipreciar el informe del 16 de octubre de 2006, firmado por el Gerente de Recursos Humanos que confirma que tenía celebrado un contrato por tiempo determinado del 7 de noviembre al 9 de diciembre de 2005, ¡no reportando el motivo de su ausencia los días 8 y 9 de diciembre 2005!

Al informe se agregó copia de la tarjeta de control de firmas, ingresos y salidas que me correspondía y que da cuenta de mi asistencia puntual al trabajo  y de mis horarios que eran de las 15 horas a las 23:30 horas.

Probé en juicio que tenía un trabajo y horarios fijos. Más aún, el reporte da cuenta de un indicio esencial, a saber: que el 8 de diciembre no fui a trabajar. Y efectivamente no fui a trabajar el 8 de diciembre de 2005 porque ese día fui detenida y sumida en una caja negra de indefensión y arbitrariedad, hasta que la policía me exhibió a los medios como secuestradora.

Ahora bien, en el sumario aparece también constancia de los infundios y abusos a los que se expuso mi persona a fin de ahondar la imagen de secuestradora y generar el juicio perfunctorio de los medios y de la opinión pública.

La presentación ante la televisión no bastó. Ruego a este Tribunal revise la nota del Diario “La Crónica” aparecida el 16 de diciembre de 2005, cuyo encabezado dice: “La secuestradora francesa iba por 7 clientes VIP del Fiesta Americana.”
La historia que publicó ese medio informativo carece de toda veracidad y de cualquier relación con la investigación; sin embargo, es claro que desde entonces se me imponía un juicio lapidario.

Como ya lo señalé antes, desde mi exposición a los medios pasé a ser estigmatizada como “La secuestradora francesa”

Es evidente que la nota de prensa del 16 de diciembre sólo pudo provenir de información o, mejor dicho, desinformación filtrada desde la Procuraduría General de la República. Más aún, la nota no contiene ninguna relación con la realidad de la investigación, a pesar de lo cual así fue publicada en evidente perjuicio a mi persona e imagen.

La sentencia afirma que tenía funciones de dirección, administración y supervisión. Sin embargo, omite dar cuenta en qué se hacían consistir esas funciones.

Más aún, los antecedentes que acabo de exponer y que están acreditados en el sumario, permiten contradecir la imputación. Y la contradicen pues, en efecto, resulta inverosímil que alguien asuma una posición de dirección, administración o supervisión en una organización criminal, “organizada bajo estrictas reglas de disciplina”, y al mismo tiempo se preocupe de mantener su calidad migratoria en orden, de tener un empleo fijo, regulado por tarjetas de entradas y salidas, y de tomar vacaciones para ver a su familia en su país natal.

Otro dato que aparece en el sumario y que me desvincula de  la pertenencia a la banda organizada, que es fundamental y no fue debidamente valorado, es el relativo al inicio de la averiguación previa y la declaración de una de las víctimas, a saber: Valeria Cheja Tinajero.

La averiguación previa que dio origen a mi proceso inicia, precisamente, con la investigación del secuestro de la señorita Valeria Cheja Tinajero, estudiante de 18 años, quien fue secuestrada el 31 de agosto de 2005. La indagatoria es la SIEDO/UEIS/190/2005 y la investigación relativa fue ordenada el 2 de septiembre de ese año.

Primer dato que debe adminicularse como indicio de peso. En agosto de 2005 está plenamente probado que yo me encontraba fuera del territorio nacional; estaba en Francia en visita a casa de mis padres. Los registros de mis salidas y entradas a México constan en los informes del Instituto Nacional de Migración y de la Embajada de Francia.

Si yo era parte de la dirección y administración de una banda organizada bajo estrictas reglas de disciplina, no es creíble que haya salido de vacaciones y haya estado fuera del país un largo tiempo y durante la comisión de un secuestro.

Valeria Cheja Tinajero fue liberada el 5 de septiembre de 2005, seis días más tarde. De nuevo, durante ese tiempo es claro que yo estaba fuera del territorio nacional.

Hasta el 9 de diciembre de 2005, ninguno de los informes de la policía a cargo de las investigaciones me vincula; de hecho ninguno de estos informes refiere la presencia de una mujer o la salida de una mujer del rancho “Las Chinitas”

Es de notarse que la averiguación previa en cuestión inició con motivo del secuestro de esta persona. Evidentemente, Valeria Cheja Tinajero no me reconoció y manifestó que: “nunca escuché ningún tipo de voz de mujer.

La declaración de Valeria Cheja Tinajero resulta coincidente con las primeras manifestaciones de las víctimas Cristina Ríos Valladares y su hijo Christian Hilario Ramírez Ríos, quienes tampoco refieren en sus declaraciones primigenias la voz de una mujer y quienes fueron contestes en no reconocerme.

La declaración inicial de Valeria Cheja es indicativa de mi inocencia. Resulta absolutamente inverosímil que estando de vacaciones en mi país, haya regresado a México a participar y sumarme como “cuadro directivo o supervisor” en una banda delictiva y al mismo tiempo haya conseguido empleo y acudido a las autoridades migratorias a cambiar mi situación migratoria. En este sentido, es fundamental vincular y valorar de manera concatenada la declaración de Valeria Cheja con las coincidencias que obran en las primeras declaraciones e Cristina Ríos Valladares y su hijo de Christian Ramírez Ríos.


Inmediatez procesal y valoración de pruebas.

La sentencia que me condena a noventa y seis años de prisión, dice basar su juicio en una apreciación razonada, sustentada en sólidos principios judiciales.

No soy abogado ni tengo estudios en derecho;  menos aún en derecho mexicano o en las complejas reglas que regulan el procedimiento penal en el que fantasiosamente me veo involucrada.

No obstante, sí entiendo lo que significa el principio de inmediatez procesal que implica conceder mayor fe o peso probatorio a las primeras declaraciones de las personas que deponen o declaran en un procedimiento.

Entiendo inmediatez por espontaneidad, por la libre apreciación de un hecho sin aleccionamiento previo de abogados o de los intereses que determinan un proceso. Sé también que este principio rige para todas las partes, acusado y Ministerio Público, y que su sustento fundamental es la proximidad con los hechos, el descubrimiento fiel de los hechos y, sobre todo, el apego a la verdad.

La sentencia apoya sus razonamientos al invocar la jurisprudencia de ese principio fundamental. Empero, en la conclusión final lo cierto es que la sentencia y el razonamiento judicial se apartaron en mi perjuicio lo más lejos posible del principio de inmediatez al que protesta ceñirse.    

En breve, la inmediatez procesal se resume en una frase: “La declaración precedente, la inicial, prevalecerá siempre respecto de las ulteriores.”

Doy cuenta de este principio y de su importancia en el procedimiento, y especialmente en la valoración de pruebas, para explicar ahora por qué en mi caso dejó de observarse en claro perjuicio a mi persona y a mis garantías de debido proceso y juicio imparcial.

Como lo expongo desde el principio de este escrito, al momento de ser detenida nadie me imputaba la comisión de un hecho ni me señalaba o vinculaba con secuestro alguno. Fue precisamente al servir de alimento fácil a las noticias, que pasé a ser estigmatizada.

Sin embargo, en la investigación, dos personas, a saber: Cristina Ríos Valladares y su hijo Christian Hilario Ramírez Ríos, son consistentes y contestes en no reconocerme, en no identificar mi voz y en no dar cuenta de ningún vínculo con mi persona. Su primera declaración rendida el día de su liberación, el 9 de diciembre de 2005, es clara.

Doy cuenta de la parte medular y sustancial de las primeras declaraciones de ambas personas, rendidas ante el Ministerio Público investigador, unas horas después de mi detención:

1.  Declaración de CRISTINA RÍOS VALLADARES (rendida a las catorce 14:00 horas del 9 de diciembre de 2005. Foja 261 Tomo I):  […] me percaté que efectivamente la persona encapuchada tenía en su uniforme las siglas de AFI; enseguida nos sacaron de la casa y nos subieron a una patrulla de la AFI y nos trasladaron a estas oficinas; estando a bordo de la patrulla de la AFI me percaté que tenían a dos personas viendo hacía la pared, un hombre y una mujer rubia, enterándome por uno de los policías que esas personas los habían detenido en la casa donde estábamos en cautiverio [sic], pero ignoro qué participación hayan tenido en mi secuestro. Durante la presente diligencia tuve a las personas que ahora me entero responden a los nombres de ISRAEL VALLARTA CISNEROS y MARIE LUISE CASSEZ CREPIN y después de observarlos con detenimiento manifiesto que no conozco a estas personas y es la primera vez que los veo, ya que a las personas detenidas que vi en la casa de seguridad las vi cuando estaban de espaldas, pero la ropa que traen es la misma; también los escuché articular palabras y manifiesto que no conozco la voz de ellos, ya que la voz de mis diferentes cuidadores era más ronca y considero que siempre la fingían […]

2.  Declaración de CRISTIAN HILARIO RAMÍREZ RÍOS (menor de edad, rendida a las 12:00 doce horas del día viernes 9 de diciembre de 2005. Foja 242 Tomo I): […] yo todavía me encontraba dormido, cuando escucho que entraron unas personas armadas que decían que nos tapáramos, pero otra persona dijo que éramos víctimas, fue cuando me di cuenta que eran elementos de la Agencia Federal de Investigación, nos rescataron, y nos trajeron a esta oficina para declarar. Acto seguido esta Representación Social de la Federación procede a ponerle a la vista a las personas que fueron detenidas en la casa de seguridad [sic], a través de la cámara de Hessel, donde se le pone a la vista a través del cristal a ISRAEL VALLARTA CIRSNEROS alías “CANCER” y FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN, a quienes de forma individual se les solicitó manifestaran en voz alta, sus generales, actividades laborales, nombres de sus hijos y sus edades; por lo que después de haberlos visto y escuchado con detenimiento el menor, manifestó que a la primera persona que responde al nombre de ISRAEL VALLARTA CISNEROS, lo identifico por su voz, plenamente sin temor a equivocarme como la misma persona que me refiero en mi declaración como HILARIO, quien era el jefe porque daba las órdenes y me hacía preguntas. Asimismo señalo que la persona de FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN, no la reconozco físicamente ni por la voz […]
Después del 5 de febrero, cuando se produce el descubrimiento de la recreación mediática que montó la policía para presentarme sin datos y sin investigación como una secuestradora, se imprimió a la averiguación previa una línea evidente para incriminarme y rescatar la investigación del descrédito de la opinión pública.

Entonces, de la nada, las dos personas que en un origen y a escasas horas de haber sido liberadas no me reconocieron, empezaron a recordar y dar cuenta de datos inverosímiles. Cristina Ríos Valladares vuelve a declarar el 8 de febrero de 2006, a las 11:10, y su hijo Christian Hilario Ramírez Ríos el 14 de febrero de 2006 a 15:50. En su ampliación, ambos testigos empiezan a recordar y a arrojar datos de incriminación. Sus ampliaciones están especialmente volcadas sobre mi persona. Ambos concluyen la diligencia de ampliación haciendo anotaciones manuscritas sobre una fotografía mía y apuntando un reconocimiento.
Las diligencias, todas ellas, desvelan un montaje, una inducción.
Y para dar cuenta de la inducción, bastaría ir precisamente a las primeras declaraciones rendidas el 9 de diciembre, en las que se plasmó una confesión misma de la inducción por parte de la policía y luego del Ministerio Público. Me explico:
Ambos, Cristina Ríos Valladares y su hijo Cristian Hilario Ramírez Ríos son coincidentes en no reconocerme ni por rostro ni por voz. Además, Cristina Ríos Valladares expresa que nunca vio a ninguno de sus secuestradores. Sin embargo,  inmediatamente después de expresar su negativa de reconocimiento, en el acta de su primera declaración se asentó lo siguiente:
“Estoy enterada, por voz de los Agentes de la AFI, que las personas que detuvieron son parte de mis secuestradores, por lo cual denuncio el delito de privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro cometido en mi agravio de mi menor hijo CRISTIAN HILARIO RAMÍREZ RIOS y procedo en contra de ISRAEL VALLARTA CISNEROS Y MARIE LUISE CASSEZ CREPIN […]”    
Al valorar esta denuncia, ruego a este Tribunal analizar el sentido y alcance de esta última manifestación. Se trata de una flagrante inducción plasmada y reconocida en el acta misma de la declaración. Es decir, la testigo dice no reconocerme, sin embargo los agentes de la Agencia Federal de Investigaciones le dijeron y la enteraron que “yo era parte de sus secuestradores”.

Su negativa fue espontánea; al ser colocada en la cámara de Hessel la testigo dijo no reconocerme; inmediatamente después la policía insistió y le dijo que yo sí era una de las responsables. Eso se llama inducción.

Esto ocurrió el día 9 de diciembre, ese mismo día, mi cara y mi nombre recorrieron todos los medios masivos de comunicación. Es imposible e indebido jurídicamente eludir estas circunstancias al valorar los subsecuentes testimonios de Cristina Ríos Valladares. Dos meses más tarde, el escándalo mediático había alcanzado su punto crítico de inflexión cuando se desvela la existencia del montaje. La policía y el Ministerio Público acometieron una burda inducción para incriminarme.  

La valoración de estos testimonios es medular. Tan lo es, que en ello va mi vida de por medio.  Ruego a este Tribunal que efectivamente, al apreciar en su justo valor, contraste los primeros testimonios con los rendidos dos meses después y en circunstancias totalmente irregulares. Ruego pondere con justicia y serenidad el peso de cada uno de ellos.

La juez de la causa invoca el principio de inmediatez procesal, pero lo cierto es que no lo aplicó. Antes bien, lo violentó flagrantemente.

Más adelante expondré las contradicciones que vician las ulteriores declaraciones de los testigos Cristina Ríos Valladares y Cristian Hilario Ramírez Ríos. Por el momento, ruego a este Tribunal tomar en consideración que las mismas se rindieron dos meses más tarde, en febrero de 2006, concretamente los días 8 y 14 de febrero de 2006.

Ruego tomar en consideración las circunstancias, que son ineludibles, en que se producen estas declaraciones, esto es, después de que el trabajo policial quedó exhibido como una recreación, un montaje, una farsa. En ese contexto la buena fe, la seriedad y la transparencia de la investigación se derrumban, caen por su propio peso.

Ruego tomar en consideración que la señora madre del menor, claramente manifiesta en su declaración primera que además sus captores “seguramente fingían la voz.”  Su declaración primera pasa luego a ser contradicha por sus afirmaciones subsecuentes, cuando de repente y de la nada, mi voz, mis manos, mi caballo pasaron a ser fácil y claramente identificables.

También carecen de toda credibilidad las anotaciones que los testigos efectuaron sobre mis fotografías. Estas denotan una burda inducción. Ruego  a este Tribunal, tomar en cuenta que desde el 9 de diciembre de 2005 mi cara había sido pública y reiteradamente expuesta como la de una “secuestradora”; ruego también tomar en cuenta que en esas ampliaciones no participó mi abogado y sobre todo que para entonces la actuación policial era seriamente cuestionada. 

Lo jurídicamente válido es que las primeras declaraciones tienen más valor que las ulteriores. Ese principio vale tanto para la defensa como para el Ministerio Público. Resulta injusto y arbitrario que el principio de inmediatez deje de observarse cuando se trata de valorar declaraciones que están teñidas por el aleccionamiento de la parte acusadora.

Las declaraciones rendidas en el contexto que describo, pierden credibilidad.

Para dar cuenta del principio de inmediatez procesal cito la jurisprudencia aplicable:

PRUEBA TESTIMONIAL. PRINCIPIOS QUE RIGEN LA INMEDIATEZ PROCESAL PARA SU VALORACIÓN.
Los principios que rigen la inmediatez procesal, para efectos de valoración de la prueba testimonial son la percepción, evocación y recuerdo, los cuales se ven afectados con el transcurso del tiempo, en virtud de que en cuanto a la primera, como facultad de percatarse de los sucesos a través de los sentidos, por sí misma se va desvaneciendo en cuanto a su fidelidad al pasar del tiempo; la evocación como la facultad de traer al consciente lo que permanece guardado en la memoria, además de variar en cada persona, dicha facultad también se debilita al correr el tiempo; finalmente el recuerdo como la capacidad de almacenar los acontecimientos captados por los sentidos se va olvidando paulatinamente; por ello, el derecho reconoce el principio de inmediatez como factor importante, que deberá tomar en cuenta el juzgador al valorar lo declarado por los testigos.[1]

Las ampliaciones de los testigos denotan inducción y sobre todo mala fe por parte del órgano investigador.

Detalle de contradicciones en las declaraciones de los testigos:

Como ya lo he señalado, cuando inició  la indagatoria dos testigos fundamentales, Cristina Ríos Valladares y Cristian Hilario Ramírez Ríos, fueron contestes en no reconocerme y en no identificar mi voz. A partir del montaje de mi “detención”, y especialmente a partir del momento en que la maniobra policial fue exhibida, las autoridades se avocaron a inducir y montar pruebas de incriminación.
El dato más palpable de este desvío de la buena fe del Ministerio Público se verificó en las subsecuentes declaraciones de estas dos personas.
Repito, en su primera declaración nunca hicieron mención a la existencia de una mujer, siempre ubican en el lugar a personas del sexo masculino; cuando me presentaron ante ellos en la llamada cámara de Hessel y me pidieron hablar en voz alta y decir mis generales, expresamente manifestaron no reconocer mi voz y no conocerme físicamente.
Contrario a lo anterior, en sus ampliaciones de declaración cambiaron radicalmente esta versión inicial. En forma inverosímil y repentina, dos meses más tarde, empezaron a “recordar” detalles no sólo novedosos sino además contradictorios.
La manipulación es palpable y su intención es vincularme. Concretamente recordaron que el lugar donde se encontraban, también había una mujer, que ésta tenía “acento extraño” y que se había encargado de tomar las muestras de sangre de Christian.
Para explicar estas contradicciones y demostrar la manipulación e inducción de sus declaraciones, expongo a este Tribunal una tabla comparativa que contrasta la evolución de sus declaraciones. En la primera columna se transcriben las primeras deposiciones ministeriales y en las siguientes las subsecuentes ampliaciones de declaración.


Declaraciones de Christian Hilario Ramírez Ríos


Primera declaración
(9.12.05)


Ampliación de declaración
(14.02.06)

Ampliación en video conferencia
(7.06.06)
…es el caso que después llega HILARIO, saca a mi mamá de la habitación, me quedo yo solo, después HILARIO, me saca sangre de la vena de mi brazo izquierdo, me dijo que era para hacerme unos análisis, ya que ellos tenían un doctor, en la casa…
Que el día que me sacaron sangre de mi brazo izquierdo, la mano que sentí y observé era muy delicada, suave y de piel blanca… y al meter la mano dentro de la cobija para sacarme sangre, observé que la mano era de una mujer de piel blanca, misma mano que no era de las manos habituales que me habían tocado en anteriores ocasiones, ya que estas eran toscas y rasposas… le comenté a mi mamá que la persona que me sacó la sangre había sido una mujer, ya que le vi las manos, mismas que eran suaves y de piel blanca…
…deseando agregar, que en la primera declaración dice que VALLARTA me sacó sangre, pero yo solo dije que VALLARTA fue el que dio la orden, entonces la señorita FLORENCE CASSEZ vi la mano me dijo aprieta el puño, entonces me sonó raro porque yo no conocía el acento francés hasta ese momento, luego le dije a mi mamá que oí a una persona que tenía un acento raro, mi mamá me preguntó que trate de describírselo pero no me entendió bien…
Acto seguido esta Representación Social de la Federación procede a ponerle a la vista a las personas que fueron detenidas en la casa de seguridad, a través de la cámara de Hessel, donde se le pone a la vista a través del cristal… FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN, a quienes de forma individual se les solicitó manifestaran en voz alta, sus generales, actividades laborales, nombres de sus hijos y sus edades; por lo que después de haberlos visto y escuchado con detenimiento el menor, manifestó que… la persona de nombre FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN, no la reconozco físicamente ni por la voz.
…recuerdo que cuando me estaba sacando la sangre escuché que la misma persona que me la sacó pronunció unas palabras que eran las siguientes “aprieta el brazo” y en ese momento escuché que esta persona lo pronunció como extranjera con un acento raro y no con el tono de mexicana… Acto continuo esta Representación Social de la Federación da fe de… tener a la vista un casete de audio, el cual… se pone a la escucha del menor y una vez que lo escuchó manifestó… reconozco la voz de la persona que menciona llamarse FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN, como la misma voz de la persona que me sacó sangre de mi brazo, lo anterior lo he comprobado ya que al escuchar esta voz en los noticieros que pasan en la televisión la reconozco y es la misma voz como lo dije de la persona que me sacó la sangre.. Acto continuo esta autoridad pone a la vista del menor declarante dos fotografías… PRIMERA.- Se observa a una persona del sexo femenino que porta una blusa de color oscuro, misma persona que se observa en recuadros de ambos perfiles y una vez que la observó con detenimiento manifestó: que reconozco a esta persona que ahora se responde al nombre de FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN, como la misma que nos fue mostrada a través de un cuarto donde la vi detrás de un vidrio, en las  oficinas en donde declaré por primera vez y esta declaración fue posterior a nuestra liberación…



Declaraciones de Cristina Hilda Ríos Valladares


Primera declaración (9.12.05)


Ampliación de declaración (15.02.06)

Ampliación en video conferencia
(7.06.06)
Durante la presente diligencia tuve a la vista a las personas que ahora me entero responden a los nombres de… MARIE LUISE CASSEZ CREPIN y después de observarlos con detenimiento manifiesto que no reconozco a estas personas y es la primera vez que los veo… también los escuché articular palabras y manifiesto que no conozco la voz de ellos, ya que la voz de mis diferentes cuidadores era más ronca…
mi hijo y yo escuchamos la voz de una persona extranjera con acento muy peculiar, por lo que una vez que he analizado esta voz, con la voz que he escuchado en los medios de comunicación (televisión) de la persona que se identifica con el nombre de FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN, y sin temor a equivocarme reconozco que es la misma voz que escuché en varias ocasiones en las dos casas de seguridad en que estuvimos en cautiverio mi hijo y yo… percibiendo la voz y el tono de una extranjera… Acto continuo esta  Representación Social de la Federación da fe… de tener a la vista un casete de audio… con la leyenda MUESTRA DE VOZ DE LAS PERSONAS… FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN… mismo audio que se pone a la escucha de la declarante la cual una vez que lo escuchó con detenimiento… al escuchar dicho audio en donde se aprecia la voz de una persona del sexo femenino de origen francés, manifiesta: que una vez que lo ha escuchado con detenimiento y sin temor a equivocarme reconozco la voz de quien dijo llamarse FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN como la voz de la misma mujer que escuchó en las dos casas de seguridad en que estuvo privada de su libertad, de la misma manera quiero precisar que derivado de las llamadas efectuadas y difundidas por los medios masivos de comunicación, es decir la televisión, de quien refiere ser FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN al respecto deseo manifestar y sin temor a equivocarme que ratifico reconocer su voz como la voz de la misma mujer que escuché en el interior de las dos casas de seguridad en las que estuve privada de mi libertad… Acto continuo se da fe de tener a la vista dos fotografías digitalizadas a color… A LA SEGUNDA, se observa a una persona del sexo femenino que porta una blusa color negro, la cual en recuadro se observa de ambos perfiles, quien ahora se responde al nombre de FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN, manifestando que reconozco a esta persona como la misma que nos fue mostrada a través de la cámara de “Hessel” en las instalaciones de la SIEDO, y ser la misma mujer que estuvo y escuchó en las dos casas de seguridad…
la mujer que está detenida, la recuerdo en la segunda casa en donde yo estuve en una ocasión nos tocaron para darnos de comer y por lo regular siempre preguntaban que cómo estábamos o nos decían que ahí estaba la comida y esa ocasión que tocaron nadie nos dijo absolutamente nada y entraron simplemente, incluso saludé y no me contestaron mañosamente pude descubrirme un poco la cara y vi a una persona de espalda que llevaba un pantalón de mezclilla entallado, un pasamontañas y al término del pasamontañas salía el pelo rubio, esto es por lo que respecta a la señora que está detenida… agente del Ministerio Público de la Federación adscrito, formula las siguientes preguntas a la víctima CRISTINA HILDA RÍOS VALLADARES… 1.- que diga la víctima si se percató del color de piel de la persona que vio de espalda que llevaba pantalón de mezclilla entallado. RESPUESTA.- “no”.  2.- que diga la víctima si se percató de la complexión física de la persona que vio de espalda que llevaba un pantalón de mezclilla entallado. RESPUESTA.- “solo vi que era delgada, llevaba una chamarra negra solo pude ver de la cintura para abajo, se veía delgada, llevaba pasamontañas… Defensor particular de la procesada FLORENCE MARIE LOUISE CASSEZ CREPIN… 1.- Que diga la víctima si recuerda cuánto cabello le salía del pasamontañas a la persona del sexo femenino. RESPUESTA.- “era poco y se le salía de la parte de atrás, únicamente un mechón”


Contradicciones entre las declaración vertidas por Christian Hilario Ramírez Ríos y Cristina Ríos Valladares


Declaración de Christian
Hilario Ramírez Ríos
9.12.05


Declaración de Cristina
Ríos Valladares
8.02.06
es el caso que después llega HILARIO, saca a mi mamá de la habitación, me quedo yo solo, después HILARIO, me saca sangre de la vena de mi brazo izquierdo, me dijo que era para hacerme unos análisis, ya que ellos tenían un doctor, en la casa…
…deseo aclarar que en una ocasión un sujeto del sexo masculino, fue por mi hijo al cuarto donde estábamos secuestrados, y lo sacó de ahí, argumentado que le iban a realizar unos análisis, siendo que después de una hora me lo regresaron a lo cual le pregunté a mi hijo que, qué había sido lo que le habían hecho, a lo cual me respondió que le habían sacado sangre de su brazo, pero que no había sido un doctor sino que había sido una persona del sexo femenino que hablaba con acento raro, ya que no podía pronunciar la palabra “aprieta” esto es porque dicha persona le pedía que apretara el puño para poder sacarle sangre y que había logrado verle las manos las cuales eran de mujer blanca y muy bonitas…


Declaración de Christian
Hilario Ramírez Ríos
14.02.06



Declaración de Cristina
Ríos Valladares
9.12.05
… de la misma manera deseo manifestar que en una ocasión los secuestradores me pegaron porque no me callaba
… yo le preguntaba a mi hijo si le hacían algo o lo golpeaban, pero mi hijo decía que nunca le hicieron nada, al igual que a mí, nunca fue objeto de maltrato físico ni abuso sexual…

El contraste exhibe las contradicciones y confirma que, a partir de sus ampliaciones, se produjo un cambio drástico en la narración del desenvolvimiento de los hechos. Este giro sólo puede explicarse por la inducción y la manipulación del órgano investigador.
Este Tribunal no puede eludir una apreciación fundamental: en la primera declaración de Christian Hilario Ramírez Ríos del nueve de diciembre de dos mil cinco, el testigo únicamente describe, ubica y reconoce a personas del sexo masculino. Esta narración cambia en su declaración del catorce de febrero de dos mil seis, cuando introduce a una mujer en su narración.
Es también criticable que en la tercera declaración surge de nueva cuenta la versión del cabello rubio que salía de un pasamontañas. En este sentido, conviene subrayar que los recursos de la acusación se repiten en forma evidente, a saber, el mechón de pelo y la mujer que habla con acento extranjero. Originalmente, ninguno de estos testigos reconoce mi voz, meses más tarde salta a su memoria auditiva y dan cuenta de un acento extraño, un acento extranjero, francés. Para entonces, la historia de la francesa había circulado por todos los medios de comunicación.
Todo lo anterior resulta inverosímil; es poco digno de fe que dos meses después de su primera declaración los testigos recuerden súbitamente la presencia de una mujer con las características señaladas.
Mala fe del Ministerio Público, negación de pruebas e indebida conducta procesal

La sentencia que me condena no es un juicio razonado y crítico. Todo lo contrario, el razonamiento es una reiteración acrítica del pliego acusatorio.

Lo es y lo digo puesto que la sentencia violentó un principio medular como es la inmediatez procesal, pasó por alto las constancias de descargo que se agregaron a la causa, desatendió las contradicciones inherentes a la versión que postuló el Ministerio Público y además ignoró o toleró las flagrantes irregularidades de la conducta procesal e investigadora del Ministerio Público.

No obstante que en el curso de la instrucción se reprodujeron numerosos videos y notas que dieron cuenta del montaje, la sentencia que me condenó prefirió evadir este incomodo aspecto del proceso de incriminación. En su razonamiento, la sentencia prefirió callar sobre la conducta procesal y la intencionalidad con la que actuaron la policía y el Ministerio Público investigador

Lo cierto es que, para dar cuenta de la verdad histórica de los hechos, era indispensable examinar el montaje que armó la policía.

Llegado este punto, quiero apuntar y repetir un dato incontrovertible: aún en la versión oficial consta que no fui detenida en el rancho “Las Chinitas”.

Conforme a los informes de policía se dice que fui detenida en la carretera México- Cuernavaca, circulando en un vehículo y que ahí fui asegurada por la policía. Posteriormente, fui trasladada a ese sitio. Es decir, aún conforme a la versión de la parte acusadora hay coincidencia en que no fui detenida en el rancho “Las Chinitas”, que no fui detenida en la casa de seguridad ni en compañía o presencia de las personas que fueron rescatadas.

Por tanto, no había evidencia alguna que me vinculara con la banda, con los secuestros.

Ahora bien, al ser presentada ante los medios, nadie me había reconocido ni imputado hecho alguno. No obstante lo  anterior, en una grosera y abierta violación a mi elemental derecho de ser presumida inocente y en contravención al secreto de la investigación, la policía me exhibió tal y como entonces decidió estigmatizarme, como una “secuestradora francesa.”

Antes de recabar declaraciones y efectuar un elemental ejercicio de verificación, la policía adelantó sus conclusiones y me vendió y sacrificó a los medios. Desde entonces, mi suerte estaba echada.

La policía fijó su posición en el sentido de que yo era miembro de una banda criminal, antes de corroborar sus pesquisas. Y para hacerlo, decidió no sólo presentarme sino además elaborar y preparar un montaje televisivo. La mala fe es evidente. Este Tribunal no puede ignorar ese dato esencial. Y es esa mala fe precisamente la que da cuenta de la posterior manipulación de la investigación.

En resumen, si la policía simuló todo un montaje ante los medios y la opinión pública, lo cierto es que nada la detuvo para proseguir con la manipulación a nivel de la investigación y sostener la versión que vendió originalmente a los medios.

En este contexto, la conducta procesal del Ministerio Público resulta relevante y no puede ser pasada por alto al efectuar la valoración que conduce al juicio.

CONDUCTA PROCESAL DE LAS PARTES. La conducta procesal de las partes es un dato objetivo de convicción para el juzgador, que debe tomarse en cuenta, sin que por ello se violen las garantías individuales.[2]

PARTES EN EL PROCESO PENAL, ACTUACION DE LAS. La actuación de las partes en el proceso está normada por dos principios fundamentales: el deber de conducirse con buena fe, y el de auxiliar al tribunal. Ciertamente se ha expresado que es una exigencia moral que las partes se desenvuelvan con sujeción al principio de lealtad y faciliten el conocimiento de los hechos, a fin de que la sentencia que recaiga sea la expresión de la justicia. Más si en materia civil se discute aun si esta exigencia moral puede convertirse en un deber jurídico, en derecho penal no cabe tal discusión, porque dada la naturaleza y fin que persigue el proceso, la verdad de los hechos más que pertenecer a las partes, corresponde a la sociedad, pues en el proceso penal se busca la verdad real y no la formal como puede acontecer en el procedimiento civil. Por consiguiente, la conducta procesal de las partes no puede ser indiferente al juez, sino por lo contrario, éste debe tomarla en cuenta al dictar la sentencia, y tratándose del inculpado con mayor razón, porque ello le permite juzgar mejor su personalidad para imponerle una pena justa y adecuada.[3]

CONDUCTA PROCESAL DE LAS PARTES, PRESUNCIONES DERIVADAS DE LA. Siendo la buena fe base inspiradora de nuestro derecho, debe serlo, por tanto, del comportamiento de las partes en todas sus relaciones jurídicas y en todos los actos del proceso en que intervenga, y siendo la conducta procesal de éstas elemento básico para la resolución de los negocios judiciales, los jueces deben tomarla en cuenta para derivar de ella, en la averiguación la verdad, las presunciones que lógica y legalmente se deduzcan al mínimo.[4]

Una parte considerable de mi defensa estuvo centrada pues en descubrir las razones y las circunstancias que llevaron a la policía a montar un circo mediático. Empero, sobre el montaje y la conducta procesal de la policía y el Ministerio Público, la sentencia optó por enmudecer.

En la instrucción se verificó además una violación flagrante al ejercicio de defensa y contradicción. Mi defensa pidió fuera llamado a declarar el señor Pablo Reinah, reportero de Televisa que participó en la cobertura del montaje y que, a la postre, fue despedido de la televisora. Su testimonio era clave para descubrir las circunstancias, horas, fecha, que movieron a la policía a actuar como lo hizo, a efectuar ese montaje.

Me parece incontestable que mi derecho a la defensa merecía ese elemental examen, sin embargo, alegando impedimentos procesales, la declaración del periodista no se llevó a cabo y su testimonio fue desechado. En ese sentido, un impedimento procesal resultó de mayor peso que mi elemental y constitucional derecho a que se recabe un testimonio clave y se admitan las pruebas que puedan dar cuenta de mi inocencia o de menos de conocer qué fue lo que aconteció.

Es un dato incontrovertible que en mi detención la policía simuló un operativo  televisivo, a partir del cual me involucraron, me señalaron y me estigmatizaron. Desde entonces, policía y Ministerio Público abandonaron la buena fe y optaron por sostener su historia comprometida ante los medios de comunicación.

El descubrimiento del montaje debe apreciarse como evidencia de su indebida conducta y de la mala fe que tiñó su actuación.

Este tribunal está obligado a poner en tela de juicio el proceder de la autoridad en lo que respecta a mi persona y a partir de ahí someter a un examen crítico la investigación.

Aunque la autoridad ministerial haya intentado justificar su conducta, lo cierto es que ésta debe ser cuestionada con el mayor rigor crítico.

Invalidez de los informes de la policía investigadora por incertidumbre de la fecha de mi detención

Desde un principio he sostenido que fui detenida el ocho de diciembre de dos mil cinco, que ese día permanecí en el limbo legal, en una caja negra de indefensión e incertidumbre.
La policía, el Ministerio Público, en suma, la parte acusadora postulan lo contrario: que fui detenida el nueve de diciembre de dos mil cinco.
Al valorar esta contradicción medular del debate procesal, este Tribunal podrá apreciar al menos un dato objetivo. Yo he sido consistente en mi dicho, en mi versión, y me he mantenido así pues siempre he dicho la verdad.
En cambio, la parte acusadora no ha sido fiel a la verdad.  Y para probarlo, ahí está el montaje televiso, que es también un dato incontrovertible en el proceso.
Como expresé líneas arriba, la parte acusadora no respetó su deber legal de ser fiel a los hechos, todo lo contrario, desde un inicio intentó presentar mi detención como un “rescate en vivo”, como un dato captado por las cámaras de televisión.
Esa no fue la verdad, y eso ya quedó probado y admitido por las altas autoridades de la Procuraduría General de la República.
Existe, pues, más que una duda razonable sobre las circunstancias de lugar y tiempo en que fui detenida. No obstante, tener en contra la presunción legal por su indebida conducta procesal, la sentencia optó por dar pleno crédito a la versión policial. Su valoración constituye una violación a mis garantías procesales.
Fui detenida, como lo he dicho desde un inicio y lo sostengo, el ocho de diciembre del dos mil cinco por agentes de la Agencia Federal de Investigaciones alrededor de las diez de la mañana sobre la Carretera Federal México-Cuernavaca.
No fui detenida, y en eso también coincide hoy la parte acusadora, en el Rancho “Las Chinitas”, y tampoco en el interior de una casa de seguridad.
Empero, la mañana del nueve de diciembre, ante los medios de comunicación, sin asesoría, la policía construyó una versión diferente. En esencia, construyó una mentira.
Desde entonces, en la medida que me fue posible manifesté que fui detenida un día antes, el ocho de diciembre y clamé mi inocencia.  
Posteriormente, en declaración rendida ante el Ministerio Público Federal a las quince horas del nueve de diciembre, sin haber podido efectuar la llamada  a la que todo detenido tiene derecho, reiteré que fui detenida el ocho de diciembre. Una vez ante la autoridad judicial, el nueve de marzo del dos mil seis, sostuve que fui detenida el ocho de diciembre del dos mil cinco.
El día y hora de mi detención así como mi desconocimiento en los hechos imputados fueron confirmados por Israel Vallarta Cisneros, quien en su declaración ministerial del nueve de diciembre del dos mil cinco, afirmó:
“[…] a Florence Marie Luise Cassez Crepin la conozco desde hace aproximadamente un año […] actualmente se pasa todo el día trabajando en un hotel de nombre “Fiesta Americana” de Polanco, motivo por el cual ella no estaba enterada de las personas que tenía secuestradas dentro de mi casa ni participó en ninguno de los secuestros que he narrado, sino hasta el momento en que el día de ayer (8 de diciembre) fuimos detenidos en el kilómetro 28 de la carretera Federal México-Cuernavaca.”
En declaración preparatoria, rendida el nueve de marzo del dos mil seis, Israel Vallarta Cisneros reiteró que:
“[…] el día ocho de diciembre de dos mil cinco, aproximadamente a las diez treinta de la mañana, recogí a la señorita Florence en un lugar donde se come alimentos rápidos sobre la carretera Federal a la altura del kilómetro 28 […] rumbo a la ciudad de México, y a la altura del kilómetro 27 […] entre ocho y diez personas vestidas de civil quienes se acercaron a mí, y uno de ellos me dijo pertenecer a la AFI.”
La detención ocurrida el ocho, y no el nueve de diciembre, se corrobora  además por el dicho de terceras personas, y se relaciona con la prueba del informe del Hotel Fiesta Americana, Grand Chapultepec que da cuenta que el 8 de diciembre de 2005, ya no acudí a trabajar.
Este informe ya fue relacionado y está fechado el 16 de octubre del dos mil seis, suscrito por el Gerente de Recursos Humanos del Hotel Fiesta Americana Grand Chapultepec que confirmó, que del siete de noviembre al nueve de diciembre de dos mil seis trabajé para el hotel Fiesta Americana, pero que los días ocho y nueve de diciembre del dos mil cinco no me presenté a trabajar.
Adicionalmente, en este sentido deben valorarse el dicho de dos personas que dieron razón ante el Juez de una detención en la carretera México- Cuernavaca.
En declaraciones judiciales rendidas el dieciséis de agosto del dos mil seis, Fernando Díaz González Beltrán y Alma Delia Morales Rosales confirmaron que el día ocho de diciembre entre las diez y diez y media en la carretera México- Cuernavaca fui detenida.
En este debate destaca un hecho: la autoridad presentó una versión que a la postre resultó falsa, yo en cambio siempre me he sostenido en que mi detención ocurrió el día ocho. Yo digo la verdad, la policía no.
La versión de la autoridad ha tenido que ser corregida en diversas ocasiones y dio lugar a un escándalo mediático que obligó a altos funcionarios de la Agencia Federal de Investigaciones y de la Procuraduría General de la República a reconocer públicamente que la detención del nueve de diciembre fue una “representación”, una escenificación preparada para  consumo de los medios.
De su mentira, la propia autoridad tuvo que dar cuenta ante la opinión pública y ese dato está probado incontestablemente en el expediente.
Ahora bien, y a la luz de ese dato probado, resulta que los informes de policía son contradictorios e inconsistentes.
Por oficio AFI/DGIP/PI/12498/05 del nueve de diciembre del dos mil cinco, los Agentes Federales de Investigación Germán Ovidio Zavaleta Abad, Luis Escalona Aldama, José Aburto Pazos, Carlos Alberto Servín Castorena e Israel Zaragoza Rico, manifestaron:
El día de la fecha [9 de diciembre del 2005] siendo las 05:00 horas, los suscritos procedimos  a implementar un servicio de vigilancia en el domicilio ubicado sobre la carretera federal México-Cuernavaca a la altura del kilómetro 29.5 esquina con la calle cerrada de Ahuacatitla en el rancho denominado “Las Chinitas” […] siendo aproximadamente las 05:30 horas el C. Policía Federal de Investigación Carlos Servín Castorena observó salir del citado domicilio una camioneta de color blanco misma que era tripulada por el sujeto antes mencionado (Israel Vallarta Cisneros) en compañía de una persona del sexo femenino […] a la altura de la entrada al pueblo de Topilejo el C. Policía Federal de Investigación Germán Ovidio Zavaleta Abad les marcó el alto, deteniendo su vehículo […] procediendo a asegurarlo y abordarlo al vehículo oficial marca chevrolet tipo suburban con placas de circulación 954 RDA del Distrito Federal; manifestándole a la que ahora sabemos responde al nombre de Marie Louise Cassez Florence tenía que acompañarnos a las instalaciones de la SIEDO […] esperando durante aproximadamente 10 minutos al C. Policía Federal de Investigación Carlos Servín Castorena procedimos a retirarnos […] circulando con dirección a las instalaciones de la SIEDO […] Israel Vallarta Cisneros manifiesta que si no regresa en un tiempo determinado a su rancho corren peligro la  vida de unas personas y de un menor las cuales tenía privadas de su libertad […] en virtud de la flagrancia de lo anterior el C. Policía Federal de Investigación Carlos Servín Castorena solicitó el apoyo vía radio […] siendo aproximadamente las 07:15 horas llegó el apoyo solicitado al puente peatonal que se encuentra ubicado en la entrada al pueblo de Topilejo […] nos trasladamos al multicitado domicilio donde el C. Israel Vallarta Cisneros abrió el zaguán con las llaves que él llevaba permitiéndonos el acceso […] lugar en donde encontramos privados de su libertad a las personas que nos había mencionado por tal motivo se procedió a asegurar el mencionado inmueble […]
Este informe desvela una contradicción o ficción importante, pues ni yo ni nadie fue asegurado o detenido en el rancho. Es decir, en ese lugar no se encontraron los supuestos plagiarios o cómplices que refiere en el informe precedente.
Es decir, la razón que explica por qué no fuimos trasladados  inmediatamente a las oficinas de la SIEDO apenas detenidos, resulta falsa y poco creíble. En suma, el informe no es digno de fe, y por lo mismo debe ser puesto en duda todo su contenido.
El informe dice esencialmente que mi detención tuvo lugar el nueve de diciembre alrededor de las cinco horas con treinta minutos, mientras que la entrada al rancho y la liberación ocurrieron alrededor de las siete horas con quince minutos.
Tal versión fue desmentida plenamente. A las cinco de la mañana del día nueve de diciembre, reporteros de las principales cadenas de televisión, Televisa y Televisión Azteca, fueron convocados por personal de la Procuraduría General de la República a presenciar y grabar el operativo de rescate de personas secuestradas.
Carlos Rodríguez Romero, empleado de Televisa, compareció al juzgado a declarar el veintitrés de agosto de dos mil seis y dijo, en esencia, que el 9 de diciembre del 2005, aproximadamente a las 6:00 de la mañana recibió la orden de trasladarse al rancho Las Chinitas a cubrir una nota. El traslado le tomó aproximadamente media hora, razón por la cual llegó al lugar alrededor de las 6:30 de la mañana, en compañía de sus compañeros Bernabé y Miguel Ángel, lugar en donde se encontró con el reportero Pablo Reináh.

Es decir, a las 6:00 ya había órdenes de la televisora para trasladarse al lugar y a las 6.30 am ya estaba preparado el montaje puesto que a esa hora ya estaba ahí el reportero Pablo Reinah, quien cubrió la nota y la comunicó a la televisión.

En su narración, el testigo Carlos Rodríguez Romero manifestó que afuera del rancho Las Chinitas se encontraba un grupo de entre 15 o 20 elementos del AFI, los cuales entran al interior del predio y atrás de ellos ingresa el reportero filmando en tiempo real para transmitirlo a la estación. Que en el cuarto que estaba inmediatamente a la derecha de la puerta principal del rancho observó a una persona del sexo masculino tirada en el piso boca abajo, vio a una mujer en un sillón, armas, fotografías, papeles, un hombre sentado con una venda en la cabeza, y en otro cuarto a una mujer con un menor.

La intención era clara, se trataba de presentarnos como si hubiésemos estado en el rancho “Las Chinitas” y como si ahí, en el interior, hubiésemos sido detenidos. En suma, se trataba de montar y simular una flagrancia.
La poca certidumbre en torno a la fecha en que sucedieron los hechos no es la única. Las horas reportadas por los Agentes Federales también son inconsistentes y están contradichas por hechos incontrovertibles.
El oficio de los Agentes Federales afirma que el aseguramiento y liberación de las víctimas en el rancho “Las Chinitas” ocurrió después de las siete horas con quince minutos, sin embargo, los noticieros matutinos transmitieron que el operativo tuvo lugar alrededor de las seis horas con cuarenta y cinco minutos; es decir, al menos media hora antes de lo que refiere el reporte policial.
La víctima y testigo Cristina Ríos Valladares dice en su primera declaración que: ”el día de hoy, viernes nueve de diciembre de dos mil cinco, entre las cinco y las seis de la mañana, estaba durmiendo con mi hijo, desperté al escuchar ruido como pasos que corrían y como que escalaban paredes, enseguida escuché que golpeaban una puerta y que esta cedía, y… luego escuché que decían “ESTE QUIEN ES” y otra voz contestaba “… pero llegó una señorita que me abrazó y me dijo “TRANQUILA, NO PASA NADA, SOMOS LA POLICÍA, SOMOS DE LA AFI, ES UNA VICTIMA”.
Es decir, en el reporte de policía se informa que nos detuvieron como a las 5:30 horas de la madrugada y que ingresaron al Rancho como a las 7.15 horas. Este reporte entra en contradicción con lo manifestado por la testigo, cuyo testimonio acabo de citar.
En aras de enmendar el error, los agentes federales que intervinieron en mi detención no tuvieron más remedio que corregir la hora del evento. Con ese “remedio”, hoy se pretende tapar una grave irregularidad.
En declaración ministerial rendida el primero de marzo del dos mil seis, los agentes Germán Ovidio Zavaleta Abad, Luis Escalona Aldama, José Aburto Pazos, Caros Alberto Servín Castorena e Israel Zaragoza Rico, aclararon que el nueve de diciembre del dos mil cinco las actividades de vigilancia iniciaron a las cuatro de la mañana, que mi detención no ocurrió en la hora de su primer reporte sino alrededor de las cuatro horas con treinta minutos y que la liberación de las víctimas sucedió aproximadamente a las seis horas con treinta minutos.
Al igual y como sucedió con los testigos de cargo, los policías aprehensores tuvieron que cambiar su versión de los hechos, cuando se dio cuenta del montaje.
En suma, la autoridad aceptó que alteró la realidad al producir un “montaje” o “recreación” de mi detención.
Ante el cúmulo de inconsistencias y ante el descubrimiento de un proceder indebido e irregular, lo legal debe ser poner en tela de juicio la veracidad de los reportes y restarles credibilidad y peso probatorio.
Es inadmisible tergiversar la verdad, sobre todo cuando esa alteración proviene de la autoridad que está obligada a actuar de buena fe y buscar la verdad.
Un alto funcionario de la Agencia Federal de Investigaciones reconoció que mi detención ocurrió, como lo afirmé, el ocho de diciembre. En el noticiero Punto de Partida, el cinco de febrero del dos mil seis, un servidor público leyó un parte informativo en el que se afirma que mi detención tuvo lugar el ocho de diciembre del dos mil cinco.
Recientemente, y tan solo como ejemplo, el periódico Reforma del pasado 8 de junio del 2008, a casi tres años de mi detención, afirma en su primera plana:
CASSEZ FUE DETENIDA POR LA AFI EL 8 DE DICIEMBRE DE 2005.
En resumen, sobre la fecha y circunstancias de mi detención, yo he sido consistente. En cambio la parte acusadora no lo ha sido y ha demostrado mala fe.

El testigo Ezequiel Yadir Elizalde
La sentencia que me condena, no valoró las pruebas que se ofrecieron para desmentir la declaración del testigo que responde al nombre de Ezequiel Yadir Elizalde Flores.
Este testigo, Ezequiel Yadir Elizalde Flores, afirma haber nacido el 5 de noviembre de 1984, ser hijo de Enrique Elizalde Menchaca y Raquel Flores Martínez. Tiene su domicilio en valle de Chalco, lugar donde también trabaja en el Billar Elimen, negocio del padre.

Ahora bien, en su primera declaración Israel Vallarta afirma que Salustio, persona que lo invitó a participar en el secuestro de personas, le informó que el caso de Ezequiel Yadir Elizalde Flores: era un asunto personal con su señor padre, ya que con éste, algunos años atrás, se había aventado un jale, es decir un secuestro, pero que ese cabrón lo había bailado y que lo único que quería era recuperar su dinero que le había tocado por dicho secuestro.

Desde el inicio de su rescate, Ezequiel Yadir afirmó que durante su cautiverio lo había amenazado con cortarle un dedo para enviárselo a su padre y que, por ello, había sentido un piquete en mi dedo meñique de mi mano izquierda y que, a raíz de ello, había sentido mi mano, brazo izquierdo totalmente dormido. Como prueba del piquete, Ezequiel Yadir afirma que le quedó una marca en el dedo meñique de la mano izquierda.

Cuando fui detenida y me pusieron en la llamada cámara de Hessel, Ezequiel Yadir Elizalde Flores dijo:
“…fue quien me inyectó…” En esa misma diligencia se puede leer con posterioridad que se realizó una inspección ministerial de integridad física en la que se describió lo siguiente: “…así mismo en dedo meñique de mano izquierda se aprecia un punto de coloración roja, al parecer típico de cuando se aplica una inyección…”
La imputación fue desmentida por prueba idónea, sin embargo, la sentencia no valoró ni analizó las pruebas de descargo y se inclinó en forma acrítica a dar peso a la versión de este testigo.
Pues bien, en el proceso por medio de un dictamen médico, que no fue contradicho ni objetado por la parte acusadora, se pudo concluir que la característica descrita, esto es el punto de coloración roja, corresponde a una petequia[5] y no a una cicatriz por punción previa.
Ruego a este tribunal tomar de la secuencia procesal respecto del supuesto piquete, misma que da cuenta de la falsedad de la imputación.

El nueve de diciembre de dos mil cinco, dio fe el Ministerio Público y, posteriormente, el 30 de mayo de 2006, siete meses después, el Secretario del Juzgado certificó: “que en el dedo meñique en la parte media de la mano izquierda del ateste de referencia se observa un pequeño punto en color rojo el cual al ser ligeramente oprimido se le nota un poco de más color y al transcurso de dos o tres milésimas de segundos toma su color natural.”

Primero, resulta inverosímil que siete meses después, la supuesta marca del piquete siguiera ahí, en el dedo visible.

Contrario a lo sostenido por Ezequiel Yadir, en la instrucción se demostró que la marca corresponde a una petequia y no a una cicatriz por punción previa.

En el proceso se agregó y desahogó un dictamen médico elaborado por el doctor Juan Carlos Rueda García, quien exploró físicamente al testigo paciente, y conforme a su dictamen fechado el 29 de mayo de dos mil seis, afirmó que el punto en superficie de la piel de la falange media del dedo meñique: corresponde a una alteración en piel denominada petequia o hipervascularización sub-dérmica o cúmulo de varios capilares o vasos sanguíneos ya que desaparece con la digito presión y reaparece al recibir flujo sanguíneo normal.

El doctor concluyó que la característica que presenta un superficie dérmica en quinta falange de mano izquierda, falange media, corresponde a una petequia y no a una cicatriz por punción previa.

Este dictamen médico fue ratificado judicialmente el 18 de agosto de dos mil seis, y posteriormente el veinticinco de septiembre de dos mil seis, el doctor compareció en audiencia a contestar preguntas de las partes.

A preguntas de mi defensor particular respondió que: “lo que se intentó describir por el término punción previa fue que lo que se considera una petequia en la conclusión emitida no se derivó de que en dicho sitio haya existido un piquete o lesión que interesara el tejido subcutáneo, agregando que no podría establecer cuando se apareció la alteración de la petequia, toda vez que no pudo ser un evento generalizado y que hubiese llamado la atención del señor Ezequiel Yadir Elizalde Flores, quien en su caso pudiese dar información sobre cuando se percató de su aparición.”

A preguntas del Ministerio Público de la Federación, que lo que se intentó describir por el término punción previa fue que lo que se considera una petequia en la conclusión emitida no se derivó de que en dicho sitio haya existido un piquete o lesión que interesara el tejido cutáneo y subcutáneo, tipo de lesiones que pueden generarse con cualquier objeto que tenga punta aguda y que pueda ser utilizada para interesar los tejidos señalados.
Lo anterior consta en el expediente.
Por cuanto hace a las declaraciones de este testigo conviene señalar lo siguiente: el testigo hace un reconocimiento en su primera declaración, pero lo cierto es que desde un inicio, su reconocimiento ostenta los visos de un aleccionamiento.
Lo es así puesto que su primer dato es decir que reconoce un pelo güero que se dejaba salir de un pasamontañas. Esa imputación se reproduce así casi textual, aunque meses más tarde, por los demás testigos. La coincidencia les resta verosimilitud.
En el proceso quedó demostrado además que no soy rubia o güera, sino pelirroja de nacimiento. Existe un dictamen en materia de anatomía y patología de catorce de noviembre de dos mil seis, en el que se concluyó que no presento datos anatomopatológicos de haber tenido el pelo teñido de rubio y, además, señaló que mi color natural de pelo es el pelirrojo.
Con este testigo empieza también la especie de mi acento francés, de que arrastró la “eres”, declaración que sólo da cuenta de la manipulación que hizo el ministerio público puesto que esto mismo empezaron a repetir los demás testigos.
Precisamente, esas manifestaciones se repiten de neuva cuenta con los demás testigos, que arrastraba las “eres”, que tenía un acento francés y que dejaba ver un mechón de pelo güero. Las coincidencias resultan extrañas y cuestionables. Se trata más bien de fórmulas fabricadas para incriminarme.
Mi indefensión.
La sentencia condenatoria que me impone la reclusión de por vida es inadmisible por ser resultado de un procedimiento de investigación viciado, manipulado y en el que estuve siempre en completo estado de indefensión.
Repito, soy extranjera, francesa. Pero ello no implica estar exenta de la protección que ofrece la Constitución Política y las Convenciones de Derechos Humanos suscritas por los Estados Unidos Mexicanos.
Mi condena es el resultado de un procedimiento en el que mis derechos fundamentales, supuestamente garantizados por la Constitución, fueron francamente vulnerados; no fueron respetados por la autoridad a pesar de la obligación que existe para el Estado mexicano de respetar los derechos y libertades que reconoce la Constitución y la obligación del mismo de garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que se encuentre bajo su jurisdicción.
No obstante que las estructuras del aparato gubernamental a través de las cuales se manifiesta el ejercicio del poder público deben ser capaces de asegurar jurídicamente el libre y pleno ejercicio de los derechos humanos, lo cierto es que la actuación de la autoridad investigadora en tratándose de delitos de gravedad sacrifica por completo esos derechos en aras de un supuesto combate eficaz contra la delincuencia, sin tomar en cuenta que las consecuencias penales para esos delitos también son de extrema gravedad, lo que puede conducir a la mayor de las injusticias: la reclusión de por vida de una persona inocente de los delitos que se le atribuyen.
Debe reconocerse que todo proceso está integrado por actos jurídicos que guardan entre sí relación cronológica, lógica y teleológica.  Unos son soporte o supuesto de los otros y todos se ordenan a un fin común: la solución de la controversia por medio de una sentencia.  Los actos procesales, como actos jurídicos, se encuentran sujetos a las reglas que determinan la aparición y los efectos de aquéllos.  Por ende, cada acto debe ajustarse a las normas que presiden su creación y le confieren valor jurídico, presupuesto para que produzca efectos de este carácter.  Si ello no ocurre, el acto debe carecer de validez y no puede producir efectos jurídicos.  La validez de cada uno de los actos jurídicos influye sobre la validez del conjunto, puesto que en éste cada uno se halla sustentado en otro precedente y es, a su turno, sustento de otros más.  La culminación de esa secuencia de actos es la sentencia que establece la verdad legal.
Por ello, si los actos en que se sostiene la sentencia están afectados por vicios graves, que los privan de la eficacia que debieran tener en condiciones normales, la sentencia no puede subsistir.  Carece de su soporte necesario: un proceso realizado conforme a Derecho y con respeto a todos los derechos, pero especialmente a los fundamentales.  De esta forma, la validez del proceso es condición de la validez de la sentencia.
El derecho a la presunción de inocencia, la prohibición de incomunicación, el derecho al debido proceso legal, el derecho a contar con una defensa oportuna y adecuada, el derecho a contar con asistencia consular, a contar con un traductor competente, y el derecho a que la investigación sea imparcial, objetiva y legal no fueron respetados por el Ministerio Público en ningún momento.
Como lo he dicho y puede desprenderse del sumario, fui detenida el día 8 de diciembre y no así el día 9 de ese mismo mes, en un operativo realizado por elementos de la Agencia Federal de Investigaciones con ese específico propósito. No existió motivo alguno para mi detención ni la autoridad tenía elemento alguno que le permitiera vincularme con la realización de alguna conducta delictiva, no obstante ya existían investigaciones en curso y las mismas habían arrojado resultados concretos para la determinación de las personas que supuestamente se encontraban vinculadas con los hechos delictivos materia de dichas investigaciones.
A pesar de haber sido detenida sin motivo alguno el día 8 de diciembre, se hizo contar en el expediente que mi detención ocurrió un día después. Durante ese lapso permanecí incomunicada, sin ser puesta a disposición de autoridad legítima alguna y sin respeto a mis derechos fundamentales, provocando una evidente indefensión y abriendo la posibilidad a la manipulación, la alteración de constancias, pruebas y demás circunstancias relacionadas con mi detención o con los hechos delictivos en los que indebidamente se me ha involucrado.
Además de ello, posteriormente fui conducida a un lugar diverso de aquél en el que fui detenida a efecto de presentar a los medios masivos de comunicación un montaje televisivo sobre la supuesta actuación de la autoridad en el rescate de tres víctimas de secuestro.
Frente a todos los medios masivos de información fui colocada en la “posición y con el carácter” de responsable de los secuestros cuyo rescate de las víctimas se realizaba en ese momento, violentando de esta forma el derecho a la presunción de inocencia y a que los responsables de resolver y determinar mi situación jurídica no quedaran sometidos a presiones externas que afectaran su objetividad e imparcialidad.
Si frente a la población toda, la opinión pública, (porque las imágenes televisivas obtenidas por los medios de comunicación durante el montaje realizado por la autoridad fueron transmitidas y retransmitidas en diversos días y horarios, canales de televisión y de radio y casi la totalidad de los noticieros del país) representé el papel de responsable del secuestro de tres víctimas, cómo podría más tarde la autoridad resolver en forma distinta a como lo hizo. La verdad de la investigación ya estaba comprometida, pues la autoridad ya había “vendido” una versión” a la opinión pública.
Presentada a todos como secuestradora (a través de un montaje y sin existir un solo elemento probatorio para ello) es evidente que en la averiguación previa a cargo de quien me presentó de esa manera, tenía que sustentarse y ceñirse ineluctablemente a lo que ya previamente se había hecho del conocimiento público: mi participación en los delitos en los que no intervine.
El montaje televisivo realizado por la autoridad investigadora no sólo representa una recreación de la forma en que las víctimas de secuestro fueron rescatadas, como ha pretendido sostener aquella, sino la afirmación pública de las circunstancias que rodean el hecho delictivo a pesar de no ser ciertas o no corresponder con la realidad de los acontecimientos. Entre estas circunstancias se encuentran las relativas a los responsables ––supuestamente––  detenidos en el lugar de los hechos y en el momento en que las víctimas de secuestro eran rescatadas.
Evidencia, así mismo, la enorme posibilidad de manipulación que existe y la facilidad con la que la autoridad investigadora puede afirmar hechos que no corresponden con la realidad de lo ocurrido.
A partir de esa manipulación y tergiversación de los hechos, lo que caracterizó la investigación que realizó el Ministerio Público fue la violación de mis derechos fundamentales.
No solamente fui detenida en forma ilegal y en una fecha y lugar distintos a los que se hizo constar, tanto pública, como jurídicamente, sino que tampoco fui puesta a la inmediata disposición del Ministerio Público a fin de que se garantizara mi integridad física y moral y se evitara cualquier tipo de coacción o violencia para doblegar mi voluntad al emitir mis primeras declaraciones.
La detención ilegal y la manipulación de la averiguación previa son datos que dan cuenta de un efectivo estado de indefensión. Este tribunal deberá apreciar además que en la averiguación previa se aprecian excesos como lo es las lesiones probadas por dictámenes médicos de Israel Vallarta.   
El reporte médico de la Comisión Nacional de Derechos Humanos fechado el doce de diciembre de 2005 concluye que las lesiones que presenta Israel Vallarta “son compatibles con lesiones producidas con un objeto transmisor de corriente eléctrica.”
Doy cuenta de este reporte pues el mismo apunta indicios de tortura en el proceder policial. Una policía que es capaz de lesionar o torturar a un detenido, que organiza un montaje televisivo y estigmatiza de entrada, antes de investigar a las personas, no es una autoridad que respete los derechos humanos fundamentales.
Lo anterior está acreditado en el expediente.
En estos casos, la indefensión se pretende tapar con formalidades. En la declaración que rendí ante el Ministerio Público, se simuló la presencia de un defensor, un defensor público que en este tipo de investigaciones (de delincuencia organizada) no interviene, sino cumple un papel formal para legitimar los abusos en que incurre la autoridad.
Me asistió un traductor, empleado de la procuraduría, quien originalmente no quiso firmar el acta y fue obligado bajo presión a hacerlo.
Rendí mi primera declaración el nueve de diciembre a las 15:10 horas (3.15 pm), apenas cinco minutos antes, a las 15:05 horas (3:15 pm), se me concedió la oportunidad de llamar a la Embajada de mi país, Francia. En la constancia ministerial, quedó asentado que me contestó una grabadora, es decir que no tuve contacto con una persona que me pudiera ofrecer la asistencia consular.
Aún así, el ministerio público procedió inmediatamente a recibir mi declaración, sin que hubiese tenido una oportunidad cierta y efectiva de pedir asistencia.
Más tarde, el ministerio público concedió otra autorización para realizar una llamada telefónica, ya con posterioridad a rendir mi declaración. Volví a efectuar una llamada telefónica las 23:50 (11.50 pm) del nueve de diciembre, varias horas después de rendir declaración.
Contar con un traductor y el derecho a ser informado oportunamente de que un extranjero puede contar con asistencia consular, son medios para que los inculpados puedan hacer pleno uso de otros derechos que la ley reconoce a todas las personas. Aquéllos y éstos, indisolublemente vinculados entre sí, forman el conjunto de garantías procesales y concurren a integrar el debido proceso legal.
Es evidente que frente a la situación que guardan los extranjeros que se ven sujetos a un procedimiento penal, del que dependen los bienes jurídicos más valiosos y eventualmente la vida misma, la notificación del derecho a comunicarse con el representante consular de su país contribuye a mejorar considerablemente las posibilidades de defensa y a que los actos procesales en que interviene se realicen con mayor apego a la ley y respeto a la dignidad de las personas.
El derecho a la información sobre la asistencia consular constituye un medio para la defensa del inculpado y repercute decisivamente en el respeto de otros derechos procesales, tal como la libertad de elegir a la persona o profesionista que deberá hacerse cargo de todos los actos de defensa.
El derecho a una defensa oportuna y adecuada no se agota con la simulada presencia de un defensor público en el momento en que el imputado de un delito rinde su declaración o firma el documento en el que supuestamente consta dicha declaración. 
El derecho a la defensa, junto con los demás derechos fundamentales, consiste en el derecho a participar en todos los actos procesales que se desarrollan durante la investigación; a confrontar, contradecir y controvertir los elementos que sirven de base a la acusación; a vigilar, cuestionar o exigir el desahogo de las diligencias en forma transparente, imparcial, objetiva y conforme con las disposiciones legales que regulan cada uno de los actos procesales que se desarrollan.
El derecho a la defensa consiste en poder hacer valer todo aquello que el imputado considera necesario en ejercicio de sus demás derechos y libertades, a fin de que no se oculten, fabriquen, manipulen o alteren pruebas en su perjuicio.
En la averiguación previa, en toda averiguación previa, se hace constar el resultando de la investigación y en su conjunto es un procedimiento de construcción de la verdad sobre la cual será resuelta la causa en definitiva.
Si el proceso de construcción de la verdad es tergiversado, manipulado o de cualquier manera alterado, el resultado obtenido será disconforme con la verdad material; la verdad legal así obtenida no podrá corresponder con la verdad histórica.
De ahí la importancia de valorar, en su justa y sana dimensión, lo que en el presente asunto ocurrió.
La Agencia Federal de Investigaciones, al culminar con el seguimiento que venían dando a la denuncia de una de las víctimas de secuestro (Valeria Cheja), realizó la detención, el día 8 de diciembre de 2005, de Israel Vallarta Cisneros. Al momento de su detención dicho inculpado era acompañado por la suscrita, pues como lo he referido con el citado indiciado mantenía una relación sentimental de pareja.
Ese hecho, esa singular circunstancia -ir en compañía de Israel Vallarta Cisneros el día de su detención, fue suficiente para privarme de la libertad, ilegalmente, casi 24 horas y presentarme posteriormente ante los medios de comunicación como la responsable del secuestro de tres personas que supuestamente fueron liberadas el día 9 del mismo mes y año.
A partir de ese momento, y como consecuencia de lo que como opinión pública había quedado construido, el resultado de la “investigación” que realizó el Ministerio Público de la Subprocuraduría de Investigación Especializada Delincuencia Organizada, no podía ser otro; la suscrita tenía que estar vinculada a los hechos tal y como fue presentado a los medios de comunicación nacionales. Mi suerte estaba echada y no había regreso posible, no había posibilidad jurídica de rectificar esta mentira.
No existe otra forma de explicar el actuar de la autoridad.
El día 9 de diciembre de 2005, se presenta a declarar Ezequiel Yadir Elizalde Flores, una de las víctimas de secuestro que supuestamente fue rescatada en el operativo realizado por la Agencia  Federal de Investigaciones.
En dicha declaración, según se aprecia, realiza imputaciones a la suscrita, a quien identifica como una persona del sexo femenino con la que tuvo contacto en dos ocasiones durante su cautiverio. Mi identificación resulta de una diligencia realizada por Ministerio Público de la Federación el mismo día 9 de diciembre, en una cámara de Hessel en la Procuraduría General de la República, en la que fuimos presentados (Israel Vallarta Cisneros y la suscrita) a través del cristal, para los efectos citados.
Fui colocada únicamente con Israel Vallarta Cisneros. En dicha diligencia Ezequiel Yadir Elizalde Flores manifiesta reconocerme, por la voz, como la persona del sexo femenino que en dos ocasiones tuvo contacto con él: la primera cuando se le dio de comer en el primer lugar en el que se encontraba privado de su libertad y la segunda cuando fue inyectado  en el dedo meñique porque supuestamente se le iba a cercenar una falange o una oreja; hechos ocurridos en lugares distintos, pues en cada caso el lugar de cautiverio era diferente.
Con independencia de los motivos que podrían conducir al testigo a realizar tales manifestaciones, debe tomarse en cuenta, para la valoración de dicha probanza, que la diligencia de  reconocimiento a que me he referido se realizó momentos después del supuesto rescate y sin que se cumplieran en lo absoluto los requisitos que el Código Federal de Procedimientos Penales señala para este tipo de diligencias, confrontación.
El primer dato es relevante pues debe tomarse en cuenta que apenas unas horas antes de que se realizara la supuesta diligencia, la suscrita ya había sido “colocada”, “exhibida” en el rancho “Las Chinitas” para ser presentada ante los medios de comunicación y toda la opinión pública como la responsable de dicho secuestro.
En otras palabras, la policía perpetró un abuso evidente a mi dignidad y a mi derecho a la presunción de inocencia, pues antes de pasar a la diligencia de confrontación en la cámara de Hessel, pasé ante las cámaras de televisión a ser exhibida ya como culpable de secuestro. 
Tomando en cuenta lo que señala el parte informativo de 9 de diciembre de 2005, al momento en que son rescatadas las víctimas de secuestro (entre ellas Ezequiel Yadir Elizalde Flores), son entrevistados por los medios de comunicación y lo que se informa es que los secuestradores fueron detenidos también en ese momento y lugar.
A partir de este dato, quien momentos antes fue rescatado de su cautiverio, no puede sino asumir y dar por cierto que quienes fueron detenidos en ese mismo lugar y públicamente son señalados como los responsables del secuestro, son quienes lo tenían privado de su libertad. El segundo dato también cobra relevancia, pues la diligencia de “confrontación” que llevó a cabo el Ministerio Público de la Federación no cumple con ninguno de los requisitos que señala el Código Federal de Procedimientos Penales.
Esto último no es de menor importancia. El Código Federal de Procedimientos Penales establece y regula una mecánica, un  procedimiento, ciertas reglas  y principios que deben cumplirse al llevarse a cabo una diligencia de confrontación. Tales requisitos y principios no son formalidades legales que deban satisfacerse, sino la única forma en que el resultado de la diligencia puede ser confiable; puede otorgar cierto grado de certeza a quien, a la postre, va a juzgar a un individuo.
La dinámica de la diligencia de confrontación que se desprende de su regulación legal, tiene por objeto otorgar certeza al resultado de dicha probanza, garantizando al imputado la ausencia de manipulación, inducción o incluso aleccionamiento. Por ello, debe llevarse a cabo con la presencia, entre otros, del defensor, pues es éste quien puede exigir el cumplimiento de los requisitos mínimos indispensables para dar certeza a dicha probanza. El imputado no puede hacerlo pues evidentemente se encuentra dentro de cámara de Hessel y desconoce lo que está sucediendo del otro lado del cristal.
No cumplir con esos requisitos, que en apariencia podrían estimarse meras formalidades,  no sólo coloca en estado de indefensión al imputado, sino además genera incertidumbre y escasa claridad respecto del resultado.
Una condena de más de 96 años de prisión no es algo menor que pueda hacer a un lado las exigencias legales como si se tratara de meros formalismos.
No es que tales formalismos no se hubieran cumplido, sino que el resultado de la diligencia no es confiable. Una víctima, sometida a las presiones de su rescate, de los medios de comunicación, de las entrevistas realizadas en ese momento, frente al dato de que en ese mismo lugar en que fue rescatado fueron capturados dos de sus secuestradores, no puede sino asumir que las personas que le son presentadas como tales son sus victimarios; y más aún cuando le son presentados no para realizar una diligencia de confrontación en la que objetivamente pueda valorarse si existe la certeza de ese dato que proporciona la víctima, sino como una diligencia de señalamiento pata poder justificar el proceder de una autoridad.

Ruego a este tribunal, analizar en conciencia y conforme a derecho los agravios que expongo para hacer valer mi verdad y en defensa de mi inocencia.




En la Ciudad de México, Distrito Federal, a once de junio del dos mil ocho.






Marie Louise Florence Cassez Crepin           


[1] Tesis: I.6o.P. J/6. Novena Época. Tribunales Colegiados de Circuito. Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta. Tomo: XX, Octubre de 2004. Página: 2251


[2] Apéndice al Semanario Judicial de la Federación, 1995. 6ª Época. Tomo IV, Parte SCJN. Tesis: 176, pág. 121.

[3] Semanario Judicial de la Federación, 6ª. Época. Volumen LXXXI, p. 22
[4] Semanario Judicial de la Federación 5ª. Época. Tomo CXXXI, p. 179
[5] Petequia: Mancha pequeña en la piel, debida a una efusión interna de sangre.


………….
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http://www.cassez.com/Florence/La_defensa.html
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6 comentarios:

  1. Despues de leer todo este testimonio de esta ciudadana francesa , exhibida por los medios de comunicacion , coartada en sus mas fundamentales derechos humanos por la " justicia " de este pais , solo puedo sentir rabia contra el gobierno que pretende que todos somos estupidos y que nos tragamos toda la porqueria mediatica que venden . Lastima de la imagen de Mexico en el extranjero

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  2. Deja tú, la imagen en el extranjero, en nuestro México lindo, los que padecemos los retenes de los policía y el ejército, estamos conscientes que en cualquier momento nos siembran droga o armas para lucirse de que agarraron a otro narco. Desde luego, hace mucho tiempo el estado de derecho en México murió y lo enterraron en un mar de corrupción. La solución es rehacer la república. Pero par ello falta mucho...
    Saludos.
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  3. Con todo respeto, pero a las personas en general que no tienen conocimientos legales profundos, la francesa les puede parecer inocente, pero si es complice, ya que a)ella vivia en el mismo lugar donde tenian secuestradas a sus victimas, con su novio el secuestrador y B) la detuvieron en flagrancia con las armas y con su amante el secuestrador, ademas de que fue plenamente identificado por sus victimas y testigos

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    1. Anónimo,no seas wey, acaso no estás enterado que no la agarraron en flagrancia, yo que todo fué un montaje, lo que ya tuvo que aceptar García Luna. Le fabricaron las pruebas.

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  4. Mi respuesta al último comentario de anónimo la lleve a la siguiente entrada del blog:

    ¿Es la Francesa Inocente?...

    http://renegadosensutinta.blogspot.com/2011/02/es-la-francesa-inocente.html
    Saludos.

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  5. En México esto y más basura es posible en el sistema penal. Los ministerios públicos se venden. Todos sabemos de esto. Me apena que haya gente que sea tan hiriente con la sra. Cassez. Yo padecí una acusación fabricada por quien me denunció y al ponerme en los zapatos de Florence, me uno a lo que pide su defensa. Qué bueno que ella tenga este abogado ojalá y logren sus objetivos. Que costará mucho tiempo si. Si Florence sale de la cárcel luego que ponga su denuncia por daño moral.

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