Luis Javier Garrido
El escándalo
La "Ley de Seguridad Nacional" de Felipe Calderón y los priístas, que
intereses espurios insistieron torpemente en hacer aprobar en estos
días (junto con una nueva contrarreforma político-electoral y la
contrarreforma laboral), generando un enorme escándalo en el país, no
puede ser moral o jurídicamente aprobada, pero tampoco políticamente,
pues de hacerlo los legisladores convertirían a México en el ridículo
del mundo occidental: un Estado policiaco-militar que se pretende
moderno.
1. La aberración principal de la iniciativa de modificaciones
constitucionales y legales en materia de seguridad que Felipe Calderón
envió en 2010 al Congreso está en su pretensión fundamental: busca
hacer viable y seudolegal el que las fuerzas armadas asuman en México
funciones policiacas (lo que en los hechos ha acontecido en los
últimos cuatro años en abierta violación al principio consignado en el
artículo 21 constitucional), principio que no se ha establecido en la
legislación de ningún país euro-occidental, salvo los casos de la
Alemania nazi (1933-1945) y de la España franquista (1939-1976), que
es en mucho el modelo del actual gobierno panista y de sus asesores
del PP español.
2. La discusión sobre la minuta que envió el Senado a los diputados y
los cambios que un reducido grupo de diputados priístas le hicieron es
por consiguiente irrelevante pues toda la discusión debe hacerse sobre
el tema de fondo, que es gravísimo: los militares y los marinos no
pueden cumplir en un Estado moderno funciones de Ministerio Público ni
de policías judiciales o ministeriales, ni mucho menos a nivel federal
y local. Las modificaciones del diputado priísta Alfonso Navarrete
Prida, aclaradas en La Jornada del jueves 28, sólo la hacen más
fascista al pretender que la ilegalidad se puede vigilar y compartir,
y por ese hecho deja de serlo.
3. La ley por esto mismo no es susceptible de ser "mejorada" o
"revisada" en las cámaras sino que debe ser desechada en su totalidad:
porque constituye una aberración jurídica que hundiría más al país en
la inseguridad al darle a las fuerzas castrenses seudolegalmente
facultades policiales y de MP, tanto en la supuesta "guerra contra el
narco" como en materia política o social. Constituiría un ejercicio
inútil el debatir durante semanas cómo hacer pasar ante la ciudadanía
la tesis de que es "legítimo" el que el Ejército o la Marina actúen en
un marco que la comunidad internacional estima es ilegal y para
cumplir tareas en las que se considera universalmente que su
participación constituye una amenaza para los derechos humanos
fundamentales.
4. Los militares no pueden cumplir funciones policiacas en los
regímenes constitucionales modernos, ni siquiera como excepción,
porque su preparación se supone es para defender a su nación de
agresiones del exterior y no para investigar los delitos, tarea para
la que no tienen la mínima preparación y los conocimientos requeridos
y para la que se crean policías especializadas, a lo que se agrega la
cuestión de su inercia impulsiva que en el México panista los ha
llevado a cometer innumerables crímenes impunes.
5. La militarización del país instaurada por Calderón no ha permitido
que las fuerzas armadas mexicanas desarrollen capacidades para
realizar tarea alguna de investigación (las que llevan a cabo las
agencias estadunidenses), pero sí ha conducido a que decenas de miles
de militares y marinos se sumen a las filas del narcotráfico junto con
su armamento, que integren ahora los grupos paramilitares organizados
tanto por el gobierno federal como por los narcos, y que coadyuven con
Washington para reorganizar en su favor el negocio. Y con la nueva ley
se daría un impulso a este proceso que no ha hecho otra cosa que
fortalecer a los cárteles como organizaciones armadas.
6. La Ley de Seguridad Nacional, con todas sus correcciones y
manoseos, en la hipótesis improbable de que fuese aprobada, se
convertiría en consecuencia en la mayor aberración jurídica en la
historia constitucional de México, junto con la Constitución llamada
de las Siete Leyes de 1836, que estableció en su segunda ley el
llamado "Supremo Poder Conservador", un cuarto poder por encima de los
otros tres poderes, que podía decretar la nulidad de los actos de
éstos, y que como es de suponerse fue de efímera duración. No ha
dejado empero de recordarse en la historia constitucional de México
como un ejemplo de las aberraciones a las que conduce el pensamiento
fanático de la derecha mexicana, que entonces, como ahora, era un
almácigo de militares, miembros de la jerarquía eclesiástica y ricos
propietarios. A nadie extraña hoy por lo mismo que diversas
organizaciones empresariales estén ciegamente pidiendo la aprobación
de esta ley.
7. Las otras aberraciones de la "ley" derivan del uso discrecional que
se pretende dar al Ejecutivo de las fuerzas armadas para luchar contra
el narco, pero también contra el descontento social y político,
autorizándolo a suspender a su capricho las garantías individuales y a
quebrantar el federalismo al hacer entrar a su voluntad a las fuerzas
armadas en la entidad federativa de su antojo, creando lo que se está
denunciando todosa los días: un Estado policiaco-militar, y esto es
absolutamente inadmisible.
8. El mantenimiento del "fuero militar" en México que se propone, en
fin, a pesar de que ha sido cuestionado por múltiples agrupaciones
internacionales, propiciaría que en el futuro inmediato marinos y
militares actuaran sin temor alguno en materia de derechos humanos,
sabiéndose de antemano impunes, por lo que no sería más que la cereza
en el pastel del autoritarismo, y por eso es menester que se
multipliquen las reflexiones.
9. En este momento de graves definiciones, cuya trascendencia no ha
sido advertida por muchos sectores, aunque las decisiones a tomarse
comprometan el destino de muchas generaciones, urge una movilización
más vigorosa del pueblo mexicano. La situación crítica actual no ha
sido creada por las circunstancias sino que la ha forzado el gobierno
de la derecha, que no tiene otro argumento para seguirse apropiando de
los recursos estratégicos de los mexicanos que el de hacer resurgir
las primitivas doctrinas del fascismo y del franquismo, mal
encubiertas por los sibilinos discursos de Felipe Calderón, el PAN y
sus aliados priístas. Si México ha de prevalecer como una nación
independiente y un espacio de libertades ha de ser por la lucha de
todos.
10. Es imperioso que el pueblo de México tenga claridad de lo que
representa una "guerra" de objetivos inconfesables y una legislación
perversa que tiende a crear un Estado policiaco-militar, y no se frene
para decirle a Felipe Calderón, al PAN y a sus aliados priístas que
ellos son los verdaderos responsables de los crímenes y que: "¡Ya
basta!"
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