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domingo, 3 de julio de 2011

¿Cuanto fue lo que se robó el obispo Onésimo Cepeda?... El digno hijo de la Puta de Babilonia...


PROCESO:
De lo que “se apoderó” Onésimo: un Goya, Picassos, Riveras…

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2 DE JULIO DE 2011 ·

En el juicio que se le sigue por fraude procesal al obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, afloran los “favoritismos y contubernios”, pero sobre todo muchísimos millones de dólares… El prelado ganó ya una batalla legal que, sin embargo, sus acusadores impugnan. Ellos insisten en que hace casi ocho años el prelado y Jaime Matute saquearon la colección de arte de Olga Azcárraga Madero, basándose en una supuesta deuda que la mujer tenía con el obispo. Entre las obras hay Goyas, Modiglianis, Picassos, Chagalles, Riveras, Orozcos, Tamayos…

En noviembre de 2003, cuando murió Olga Azcárraga Madero, su sobrino Jaime Matute Labrador y el obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, entraron a la residencia de la mujer y se llevaron las 44 pinturas de su valiosa colección de arte.
Desde entonces no se sabe si esos cuadros multimillonariamente cotizados –Goyas, Modiglianis, Picassos, Chagalles, Sorollas, Riveras, Orozcos y Tamayos, entre otros– siguen en poder de Matute y Cepeda o si ya fueron vendidos.

Los abogados Xavier Olea Peláez y José Antonio Bonilla, del bufete Olea & Olea Abogados y quienes están dados a la tarea de recuperar ese tesoro artístico, aseguran:

“Al morir Olga Azcárraga, el obispo Onésimo Cepeda y Jaime Matute entraron a su casa y se llevaron los cuadros, aprovechando que gozaban de la confianza de la señora. Después ambos falsificaron un pagaré de 130 millones de dólares donde se estipula que doña Olga le quedó a deber esa cantidad a Onésimo, quien luego endosó el pagaré a Matute. De manera fraudulenta intentan cobrarse con la colección de arte que físicamente ya está en su poder.”

Entrevistados en su despacho, los abogados precisan que esa colección no pertenecía realmente a Olga Azcárraga, sino a la empresa que ella creó para ser tenedora de las obras, Arthinia Internacional. Los abogados representan a esa empresa que intenta recuperar la colección en un litigio que sigue en curso.

–¿Dónde están ahora los cuadros? –se les pregunta.

–No lo sabemos con precisión, aunque se presume que algunos los tiene el obispo Onésimo Cepeda y otros están en poder del sobrino de doña Olga, Jaime Matute. Se los repartieron. Sabemos que ya regalaron un Tamayo.

–¿A quién?

–Conocemos el nombre de la persona. Pero por el momento no lo podemos decir para no entorpecer las investigaciones.

–¿La colección vale más que esos 130 millones de dólares que supuestamente prestó Onésimo a la señora Azcárraga?

Olea responde: “¡Vale mucho más! Tan sólo Niña en azul, un cuadro de Modigliani que forma parte de la colección, estaba cotizado hace tiempo en 25 millones de libras esterlinas, por lo que hoy debe costar más. En Sotheby’s, la casa inglesa de subastas, los Modiglianis se cotizan en millones de libras.

“En la colección hay además un Goya, un Picasso y varios Tamayos, entre otros pintores importantes. La mayoría son óleos, aunque debe haber alguna que otra litografía. Yo no he visto los cuadros. Pero doña Olga no compraba cualquier cosa. Su colección vale muchísimo dinero.”

–¿Cómo la adquirió?

–Al principio la señora heredó obra de su padre, que era uno de los Azcárraga Vidaurreta. Después heredó de sus dos esposos, quienes fueron exitosos empresarios. Su primer marido fue Raúl Cano Faro, dueño de Nacobre, una importante empresa productora de cobre. Luego se casó con Ernesto Robles León, uno de los accionistas mayoritarios de Bacardí. Y claro, doña Olga fue una gran coleccionista que también adquirió mucha obra por su cuenta.

“Creó la empresa Arthinia Internacional, cuyo único activo son los cuadros. Ignoro si algunos fueron expuestos en museos. Parte de estas pinturas doña Olga las tenía en su casa, que fue de donde las sacaron poco después de morir ella, en noviembre de 2003.”



Inventario



El abogado explica que el obispo de Ecatepec era amigo y confesor de la anciana; Matute se casó con Patricia Cortina Azcárraga, sobrina de la coleccionista. Aprovechando la confianza que les tenía doña Olga, afirma Olea, ambos hicieron migas y se aliaron para quedarse con los cuadros.

El abogado entrega al reportero el inventario de esas 44 obras que –según él– Onésimo y Matute extrajeron de la residencia de Olga Azcárraga, en Monte Cárpatos 830, Lomas de Chapultepec.

El inventario enumera los títulos de las 44 piezas, sus medidas y los nombres de los 20 autores que las crearon, pero no especifica la técnica.

Entre estas piezas se encuentra Retrato de una muchacha, cuadro atribuido al español Francisco de Goya; Niña en azul, del italiano Amedeo Modigliani; La branche de citron, del francés Marc Chagall; de Pablo Picasso se enlista la pieza 3121; del valenciano Joaquín Sorolla está Las barcas, y del catalán Isidro Nonell hay dos obras: Gitana y Mujer sentada.

La colección incluye cuatro obras del francés Maurice Savin: La cocina, Mujer, Mujeres y Naturaleza muerta en el bosque. Hay dos del español Joaquín Mir: Marina y Les Mendes. Del francés Jean Jansem otras dos: La bailarina y Naturaleza muerta con peces. Del guatemalteco Carlos Mérida aparece El pájaro alucinado.

Hay importantes autores mexicanos en la colección: José Clemente Orozco, Diego Rivera, Rufino Tamayo, Joaquín Clausell y Guillermo Meza.

De Orozco se enlistan dos obras: Crucifixión y Mendigos. De Diego Rivera hay una: Naturaleza muerta. De Tamayo, cinco: El circo, Mujer caminando, Niño mirando la luna, Sandías blancas y Sandías. Y dos del impresionista Clausell que llevan el mismo título, Paisaje con árboles.

De Guillermo Meza se inventariaron ocho obras: Flor de cardo, Mujer con caracol, Mujeres huyendo del Paricutín (I), Mujeres huyendo del Paricutín (II), Naturaleza muerta, Paisaje de maizal, Sol negro y Valle del norte.

El galerista Rafael Matos Moctezuma, uno de los principales valuadores de arte en el país, analiza el inventario y opina: “No cabe duda: por los nombres de los pintores que vemos –a reserva de comprobar su autoría, que no creo que haya dificultad en eso–, estamos ante una colección de gran calidad. Hasta donde yo sé, la señora Olga siempre compró muy buenas piezas dentro y fuera de México”.

–¿Cuál es el artista más cotizado de esta colección?

–¡Goya! Francisco de Goya es el principal. Ni duda cabe… Claro, si es que efectivamente se trata de un óleo suyo. Habría que comprobarlo, pues el Estado español es muy celoso de sus Goyas; no deja que salgan de España así como así, valiéndose de lo que allá llaman ‘el derecho del tanto’. Esos óleos los acapara principalmente el Museo del Prado, en Madrid. Es más, ignoro si en México haya óleos de Goya. Lo que sí hay son grabados o dibujos.

Estela Duarte, investigadora del Museo Nacional de Arte, señala que, hasta donde ella sabe, “sólo existen en México dos óleos de Goya probados”. El primero es Doña María Teresa de Vallabriga y Rozas, 1783, un óleo sobre tabla perteneciente a la colección Juan Antonio Pérez Simón. El otro es el retrato de un niño y lo tiene la Galería Cristóbal.

Matos prosigue: “Después de Goya, entre los artistas más cotizados de esa colección también destacan Modigliani, Chagall y Picasso. Y por supuesto que los mexicanos Diego Rivera, Orozco y Tamayo. Las obras de los dos primeros mexicanos ya fueron decretadas monumentos artísticos del país, por lo que solamente se pueden vender dentro de México. No pueden salir al extranjero como exportación definitiva; sólo para su exposición temporal”.

–Doña Olga atesoraba en su casa toda esta colección. ¿Es esto usual entre los coleccionistas ricos de México?

–No. Más bien es un caso muy raro. También ignoro si algunos de esos cuadros se exhibieron en museos alguna vez. No lo sé. Y veo otra peculiaridad en la colección de doña Olga; no tiene una línea definida, es más bien un revoltijo. Combina a Goya con Modigliani o con Guillermo Meza y otros mexicanos. Y en el tiempo va de 1800 al año 2000, un periodo muy amplio.

–¿La colección de doña Olga vale más de los 130 millones de dólares que quiere Onésimo?

–Monetariamente quizá valga más. Pero eso es irrelevante, porque el objetivo del arte es provocar emociones. ¿Cuánto vale la Novena Sinfonía de Beethoven? ¿Acaso los pintores pintan para engrosar los bolsillos de los ricos? El arte no tiene precio. Es para que lo goces, para que te haga reír o llorar.

“Claro, hay gente patética que sólo ve el arte como una inversión. Ni siquiera lo siente; es el inversionista que compra piezas para lucrar. Está también el snob, que igual tiene dinero y compra para presumir, que ve al arte como un medio de lucimiento.

“Hay otro tipo al que yo llamo el diletante; es gente culta que aprecia el arte, lo goza y con eso le basta. No le interesa comprar. En cambio, el coleccionista ya es otra cosa; tiene una gran sensibilidad para el arte y es además muy compulsivo y posesivo, debe comprar para poseer.”
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