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domingo, 13 de noviembre de 2011

FeliPillo CuleRón tenía acotado a Blake el muertito... ¿Por qué sería? -Pregunten a Vázquez Mota-...

Un secretario acotado

12 DE NOVIEMBRE DE 2011

En los hechos, Francisco Blake Mora no contó con las atribuciones que le correspondían como secretario de Gobernación. Su bajo perfil y aspiraciones localistas determinaron el trato rayano en el ninguneo que le dio Felipe Calderón. Según Manuel Espino, el expulsado expresidente del PAN, quien lo conoció de cerca, Blake no contó con la fuerza e influencia de sus predecesores y se le utilizó más como un publirrelacionista en eventos gubernamentales que como el responsable de la política interior del país.
Cuando lo nombró secretario de Gobernación, el 14 de julio del año pasado, Felipe Calderón describió al casi desconocido Francisco Blake Mora como un “operador político leal, práctico y eficaz”, y le encomendó, “en mi nombre y representación”, el diálogo con las fuerzas políticas, así como “acordar lo necesario” con los Poderes de la Unión y los gobiernos estatales.
Pero seis meses después de esa instrucción, el 7 de enero de 2011, las cosas cambiaron con la designación que hizo Calderón de Roberto Gil Zuarth como su secretario particular, a quien otorgó facultades políticas que correspondían a Blake.
Desde entonces, desprovisto de la influencia política –que tenía Gil desde Los Pinos–, Blake se encargó sólo “de hacer frente a dos retos de gran relevancia” que Calderón le encomendó en su nombramiento:
“Por una parte, promover e instrumentar la seguridad democrática como política de Estado, no como una lucha sólo del presidente o una lucha, o una política de un gobierno, sino como producto del acuerdo entre todas las fuerzas políticas y como verdadera política de Estado.
“Y por otra parte, el reto de generar los consensos y acuerdos necesarios en torno a la participación y el diseño institucional, que permita la competencia democrática en un entorno tan plural y tan competido como el mexicano. Se trata de revisar y fortalecer las reglas de participación electoral y política para la convivencia democrática que deberán ser debatidas en el marco de la reforma política, que está pendiente de discutirse y aprobarse en el Congreso de la Unión.” (Extracto del reportaje que se publica esta semana en la edición 1828 de la revista Proceso, ya en circulación)
Proceso
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