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lunes, 26 de marzo de 2007

UNA DE MARCHANTES...

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Espejito, espejito: ¿Díme quien es el más vendidito...?
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El clientelismo en la derecha y en PRD

Jaime Cárdenas*

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El clientelismo de ahora no se distingue mucho del que practicó durante décadas el PRI. Sin embargo, no sólo se trata de la continuación de prácticas y estilos políticos, sino que en el sistema político nacional se ha ido perfeccionado el modelo.
El clientelismo consiste en el intercambio de dádivas gubernamentales a cambio de respaldo político, aunque ello infrinja principios como el de voto libre, secreto, sin coacción y sin compra. Este fenómeno no se produce porque determinadas personas, instituciones o partidos sean “malos”, sino por razones estructurales.
Desde mi punto de vista son cinco las causas principales del clientelismo de los partidos: el financiamiento privado de grupos sociales durante las antecampañas, precampañas y campañas; el uso intensivo de programas sociales en el ejercicio del poder a cambio de apoyos políticos; la opacidad en el manejo de recursos públicos; la ausencia de democracia interna en los partidos y la inexistencia de mecanismos jurídicos de democracia directa.
El financiamiento privado produce clientelismo en los partidos de izquierda y en los partidos de derecha genera corrupción. En la derecha, los grupos empresariales que participan mediante donativos en los procesos electorales esperan a cambio contratos, concesiones, legislaciones a medida y otros favores y privilegios que permiten el mantenimiento y reproducción de esos sectores en el poder económico y político.
En la izquierda, el financiamiento privado proviene de muy diversos grupos sociales; entre otros, organizaciones de vendedores ambulantes, taxistas piratas, diversos grupos sociales y sindicatos independientes, donde el principal intercambio consiste en apoyar con recursos económicos a precandidatos y candidatos de esos partidos, bajo el acuerdo de que una vez en el gobierno, se les respetarán las canonjías que habitualmente ejercen, violación a la ley incluida, para mantener sus negocios. El intercambio también significa el respaldo político de esos grupos sociales en las elecciones y en las movilizaciones políticas.
La segunda causa del clientelismo surge de la aplicación de programas sociales que son más extensivos y profundos en los partidos de izquierda que en los de centro y de derecha.
Es interesante observar, en casi todo el mundo, que los partidos de izquierda no dan el salto cualitativo en lo social y mantienen exclusivamente la política de los programas sociales, cuando se pudiera perfectamente transformar el piso de políticas públicas de programas sociales en derechos económicos, sociales y culturales.
En otras palabras, la educación, la salud, la vivienda, alimentación, el derecho a un entorno y vida digna, debieran constituir derechos fundamentales a ser reivindicados por cualquier ciudadano ante instancias de autoridad independientes mediante recursos legales y constitucionales, y no sólo programas sociales que en algunos casos obedecen más al criterio de dádiva que de derecho humano indisponible, imprescriptible, inalienable y universal.
Una de las razones para mantener sólo la lógica de programa social y no trascenderla a los derechos, radica en el interés político de maniobrar y manipular a diversos grupos sociales con los programas a cambio de respaldos políticos que permiten a los partidos mantenerse en el poder.
La opacidad en el manejo y administración de recursos públicos, de manera destacada en los programas públicos de carácter social, es la tercera de las causas clientelares por los niveles de discrecionalidad y de corrupción que alienta. La resistencia a la transparencia comienza en los propios partidos y en sus grupos parlamentarios. El principio de máxima publicidad en el manejo de los recursos internos está bastante alejado de la realidad de casi todos los partidos políticos nacionales. Los partidos debieran ser los primeros en transparencia por ser entidades de interés público y financiarse preponderantemente con recursos públicos. Sin embargo, no luchan por ella; es más, han obstaculizado que ellos sean, junto con los sindicatos, sujetos obligados de la transparencia y del acceso a la información en México.
Hay, en los partidos nacionales fuertes elementos antidemocráticos. Casi ninguno de ellos reparte los recursos del financiamiento público entre sus órganos estatales y municipales bajo reglas claras y transparentes; casi ninguno de ellos establece mecanismos jurídicos internos que garanticen plenamente los derechos de los militantes; en ocasiones, su estructura, organización y procedimientos, no favorecen a las minorías en el interior de los mismos.
Y lo más preocupante son sus reacciones ante las decisiones de las autoridades electorales cuando éstas deciden sobre su vida interna. Además, sistemáticamente se han opuesto a una ley de partidos que garantice a plenitud la democracia interna. La ausencia de democracia interna contribuye al clientelismo en la medida que las dirigencias de los partidos carecen de controles democráticos efectivos de sus militancias.
Debido a que el ciudadano en México no tiene a nivel federal mecanismos de democracia participativa, y ante las deficiencias de los órganos de control por sus limitaciones jurídicas y por estar cooptados por la partidocracia, la clase gobernante no tiene por costumbre rendir cuentas y dialogar permanentemente con sus ciudadanos.
Un correctivo importante al clientelismo reside en la introducción de mecanismos de democracia directa. Serían el instrumento para señalar las deficiencias del sistema político, entre ellas el uso intensivo de las prácticas clientelares.
En el clientelismo está la fuerza y la debilidad de algunos partidos. Su fuerza, porque en los lugares en donde son gobierno y utilizan políticas clientelares, suelen mantener el control de las estructuras estatales, aunque sea transitoriamente y, al mismo tiempo, conservan un significativo respaldo de los sectores sociales más agraviados y necesitados.
Su debilidad, porque no hay nada que haga más daño a los partidos que el clientelismo, éste es el motor y el aceite de comportamientos antidemocráticos que promueven a grupos internos aferrados pragmáticamente al poder sin ninguna consideración ética ni para sus partidos ni para con la sociedad. El clientelismo genera en muy corto plazo rechazo social y envilece a la política, y lo más grave, nunca produce una democracia de calidad y jamás genera un Estado de derecho.

*Doctor en derecho, es investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
jaicardenas@prodigy.net.mx.

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