¡Ya estamos hasta la MADRE de tanta CENSURA...  Di No a la Censura...
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martes, 12 de julio de 2011

Adolfo Sánchez Vázquez: ¡ Presente !


Adolfo Sánchez Vázquez
y el marxismo crítico
Luis Hernández Navarro

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La travesía intelectual de Adolfo Sánchez Vázquez fue un largo viaje a través de la honestidad y la congruencia. Fue un marxista que no tuvo profesores marxistas. Un comunista ortodoxo que chocó con las estructuras del partido político al que se unió desde muy joven. Un militante formado en el marxismo sectario soviético que se convirtió en uno de los más originales pensadores críticos de la izquierda hispanoamericana.

Sánchez Vázquez nació en 1915 en la provincia de Cádiz. Comenzó la carrera de filosofía y letras en la Universidad Central de Madrid. A los 17 años se incorporó al movimiento juvenil comunista. Fue miembro de la Juventud Socialista Unificada y director de Ahora, su órgano central. Durante la Guerra Civil fue parte del comisariado de la Once División, y del comisariado de Prensa y Propaganda del Quinto Cuerpo del Ejército.

Con la derrota de la República se convirtió en exiliado. Llegó a México en 1939. Aquí, formó parte de la agrupación del Partido Comunista de España (PCE), integrada por más de 500 militantes. Fue responsable del trabajo con los intelectuales y delegado al quinto Congreso, que se realizó clandestinamente cerca de Praga, en 1954. Hasta 1957 desempeñó un papel relevante en la dirección del partido. Enfrentado a la dirección política nacional encabezada por Dolores Ibáurri y Santiago Carrillo, se convirtió en militante de base consagrado a su trabajo teórico.

Vivió en la ciudad de Morelia y el Distrito Federal. Aunque lo odiaba, se ganó la vida haciendo traducciones a destajo del francés, del inglés y del ruso, idioma que aprendió solo. Noveló guiones cinematógraficos de películas como Gilda. En 1959 se convirtió en catedrático de tiempo completo de la UNAM. En 1965 apareció su primer libro teórico: Las ideas estéticas de Marx. En 1966 presentó su tesis de doctorado en filosofía, de la que nació su libro La filosofía de la praxis.

Su formación marxista se efectuó completamente al margen de la vida académica y universitaria, leyendo lo que se publicaba y en la práctica. Originalmente sus intereses fueron más literarios que políticos. Durante años, la actividad central para él fue la práctica política. Estudió filosofía en México, aunque realizó su labor filosófica en estrecha vinculación con las fuerzas políticas españolas que se movían en el campo del marxismo. Participó en el movimiento estudiantil de 1968 y en la formación del sindicalismo universitario, pero, dada su condición de exiliado, su intervención en la política mexicana fue muy reducida.

Su vida docente tuvo gran influencia en su obra. “Mis cursos –explicó– son una especie de laboratorio.” Su producción teórica respondió, en parte, al estímulo de sus estudiantes. Su Ética –por ejemplo–, publicada en 1969, fue escrita durante la segunda mitad de 1968, buscando esclarecer las nuevas exigencias de una juventud que, desde el movimiento, dio importantes lecciones tanto en la política como en el terreno moral.

En un proceso gradual que arrancó a fines de la década de los cincuenta, fue rompiendo con el marco del marxismo dominante. Ajustó cuentas con la metafísica soviética presentada con la envoltura de dialéctica materialista y regresó al Marx originario. Elaboró progresivamente un enfoque marxista alternativo en tres planos: el estético, el filosófico y el teórico y político. Sus primeros trabajos se desarrollaron en el campo de la estética, criticando el realismo socialista, que era la ideología estética oficial, y proponiendo una visión del arte no como reflejo, sino como creación de la realidad. En una segunda etapa enfrentó al materialismo ontológico del dial-mat soviético (materialismo histórico y dialéctico en versión soviética). Finalmente, en los años sesentas y setentas hizo la crítica al socialismo real.

Explicó en parte esta trayectoria en su texto Vida y filosofía: Una truncada práctica literaria y, más precisamente, poética, me llevó a problematizar cuestiones estéticas, y una práctica política me condujo a la necesidad de esclarecerme cuestiones fundamentales de ella y, de esta manera, casi sin proponérmelo, me encontré en el terreno de la filosofía.

Tres hechos alimentaron y estimularon la renovación teórica de su pensamiento. El primero fueron la revelaciones de Jruschov en su informe secreto al vigésimo Congreso del PCUS, en 1966. El segundo fueron sus choques dentro del PCE con las directivas de su buró político, que expresaban los problemas de dogmatismo, autoritarismo, centralismo, falta de democracia interna, típicos de la burocracia comunista. Finalmente, la revolución cubana fue un formidable promotor de sus reflexiones.

La categoría central de su pensamiento es el concepto de praxis. Sánchez Vázquez concibe a la filosofía de la praxis como nueva práctica de la filosofía porque de lo que se trata es de transformar el mundo. La filosofía de la práxis –asegura– es una herramienta central en el construcción de un proyecto emancipatorio que consiste en transformar el mundo natural y social para hacer de él un mundo humano.

Cuatro pensadores lo marcaron intelectualmente. Sócrates, porque le enseñó que la filosofía es un asunto demasiado serio para encerrarla en las aulas y dejarla en manos de los especialistas. Carlos Marx, que le hizo ver que no se trata de limitarse a interpretar el mundo, sino de transformarlo. Antonio Gramsci, quien lo ayudó en su distanciamiento y ruptura con el uso escolástico, dogmático e ideológico del marxismo. Y Antonio Machado, porque a través de Juan de Mairena le transmitió una visión del humanismo que fue la suya propia: Por mucho que valga un hombre, nunca vale más que por ser hombre.

Vertical, fiel a sí mismo hasta el final de su vida, marxista crítico y autocrítico, Sánchez Vázquez sostuvo que si de lo que se trata es de transformar el mundo, no basta con luchar contra el capitalismo y el imperialismo, sino también es necesario luchar para que el socialismo sea verdaderamente real. “Mientras exista la necesidad objetiva y subjetiva de transformar el mundo –escribió–, el socialismo como objetivo –el ideal socialista– subsistirá.”
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La Jornada
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lunes, 11 de julio de 2011

Al diablo Aristóteles. Cómo pensar en Español...


CLAVES DE LA RAZÓN PRÁCTICA

¡A paseo Aristóteles! Cómo pensar en español
"Pensar en español tiene que consistir en hacer hablar esas experiencias interpelantes que guarda la misma lengua, es decir, pensar en español es pensar con memoria." Artículo de Reyes Mate en la revista Claves de la Razón Práctica 212.
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domingo, 28 de noviembre de 2010

No hay de otra, México está Perdido...

La pérdida
Rolando Cordera Campos
Así, con cargo a una ilusión, ha querido gobernarse México desde finales del siglo XX.

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Cito de nuevo a Norberto Bobbio, en el párrafo final de su luminoso ensayo sobre Kant y la revolución francesa, publicado en El tiempo de los derechos:
“Un signo premonitor no es todavía una prueba. Es solamente un motivo para no permanecer como espectadores pasivos, y no incitar con nuestra pasividad a aquellos que dicen que ‘el mundo irá siempre así como ha ido hasta ahora’ y de esta forma, repito todavía con Kant, ‘contribuyen a verificar que su propia previsión se realice’, es decir, que el mundo vaya efectivamente como siempre ha ido. ¡Ay de los inertes!” (p.183).
¡Ay de todos nosotros!, diríamos ahora, que les permitimos convertir la inercia en virtud y la virtud en enseñanza inconmovible, eterna: ley de hierro o bronce, cuya inviolabilidad es mandato irrecusable en la tierra de la economía y sus repartos, así como en el cielo de la política y sus simulaciones, hoy también cursilerías a granel diseminadas por los loros y las chachalacas de la nueva politología.
Así, con cargo a una ilusión, ha querido gobernarse México desde finales del siglo XX, cuando irrumpió el credo neoliberal y las elites de todos tamaños lo acogieron como si se tratara de un hijo pródigo, expulsado por el populismo de larevolución hecha gobierno. En realidad, lo que había detrás y nunca se quiso asumir por estas mismas elites, eran los excesos a que dio lugar una hegemonía que nunca pasó la prueba de ácido de los votos de los ciudadanos, mucho menos la de la redistribución efectiva de la riqueza y el ingreso, que hubiesen dado cuerpo y alma al compromiso de la Revolución con la democracia y justicia social.
El problema con las ilusiones es que, pronto o tarde, se vuelven desilusiones y éstas desembocan en el cinismo, la pasividad convenenciera, la pérdida de todo sentido de responsabilidad pública y el olvido de los mínimos reflejos de interdependencia de los que dependen la cohesión social y la lealtad política. Sin éstas, difícil cuando no imposible resulta cambiar formas de gobernanza, maneras de inscribirse en el mundo y de relacionarse con los estados nacionales que todavía lo conforman, ya no se diga pretender influir en sus rumbos y participar en las decisiones fundamentales de los poderes nacionales y trasnacionales que le dan dirección y contenido.
De la desilusión no puede sino provenir el desgaste del cuerpo social, la corrupción del espíritu público y el enloquecimiento de las multitudes, el envilecimiento de las relaciones políticas. En todo esto estamos y su reconocimiento puntual, preciso en cuanto a sus avances corrosivos, es indispensable para la reconstrucción de un reformismo y un pragmatismo históricos como el que hizo Cárdenas y puso al país en la ruta del desarrollo y la modernización.
Tal iniciativa no puede hoy forjarse ni formularse sólo desde o en el Estado, aunque sea ahí donde deba procesarse y adquirir perfil de gobierno y conducción económica. El desgaste del Estado es tal, que su rehabilitación no puede concebirse como una mera operación de ingeniería institucional o constitucional, una autorreforma guiada por hombres y mujeres que apenas ayer aprendieron a declinar el verbo gobernar y ya pretenden dar lecciones de astucia y sabiduría de Estado.
La transformación, porque de eso se trata, tendrá que emanar de mil y una iniciativas no planeadas en las regiones, las academias, los concilios y los clubes, donde se dan cita temerosa numerosos estratos de la sociedad y del mismo poder, porque saben o intuyen que allá, en el Estado, sólo hay un fogón maldito (diría Lefebvre) donde impera la violencia cuyo monopolio ha perdido la legitimidad que le quedaba, porque con los derechos de las gentes, buenas y malas, no se puede nunca jugar.
La pérdida del rumbo económico, coronada grotescamente en las deliberaciones y decisiones sobre los impuestos y el presupuesto, recoge una pérdida mayor en el corazón de la economía política, cuyo sentido se extravió con el cambio estructural globalizador, la venta de remate de las empresas estatales y, al final, la privatización primero y la extranjerización después de la banca mexicana. Ninguno de estos procesos fue pura o fundamentalmente técnico, sino profundamente político y cultural, donde se desplegaba con regocijo y entusiasmo juvenil una fantasía revolucionaria carente de cimientos en el conocimiento y el respeto de la historia, y sobrada en desprecio por la cultura nacional, los compromisos históricos del Estado y el inventario abultado de los grandes problemas nacionales, cuya sola mención lo hacía a uno sospechoso de populismo o nacionalismo, de atrasado y poco moderno, cuando no de naco o marginal.
El cosmopolitismo que acompañó este carnaval pretendidamente posmoderno se quedó varado en Houston como se quedó en la isla de Coronado, en San Diego, California, la administración que los grupos de poder más ávidos hicieran de la abundancia que nos dio el petróleo años antes.
La tragedia nacional no tiene nada de cómica y mucho de patética, sobre todo cuando los aspirantes a exegetas del nuevo poder quieren glosarla o, peor aún, hacer teoría. Despojadas de la voz que poco a poco ganaron, las masas populares, trabajadoras sin adjetivos, han optado por la pasividad o, de plano, la fuga corporal al Norte o espiritual a la informalidad crecientemente criminal. Con ello, la lealtad popular de que tanto presumían los gobiernos de la Revolución no se desplazó al terreno de la pluralidad y el ejercicio diverso de la soberanía popular que es propio de la democracia, sobre todo cuando es de masas, sino que se desperdigó en múltiples formas de clientelismo, el redescubrimiento de la solución providencial, fuente eficiente de toda clase de desilusiones, la disposición a la estampida o a la justicia por propia mano.
El enorme complejo nacional-popular que había prefigurado Cárdenas se volvió pantano para el usufructo de los empresarios de la política, los nuevos señores de la guerra investidos de gobernadores, y los lamentables émulos de los senadores romanos que repartían migajas a la plebe para tenerla quieta.
La descomposición que estas pérdidas propician no puede sino desembocar en la barbarie. Evitarla debería ser la misión sagrada de la política, si no se la hubiera confundido con el botín
Fallo, in memoriam

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http://www.jornada.unam.mx/2010/11/28/index.php?section=opinion&article=027a1pol
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lunes, 22 de noviembre de 2010

Como el Agua y el Aceite, Izquierda y Derecha, dos Conceptos Irreconciliables...

Izquierda y derecha, dos conceptos irreconciliables

Gonzalo Martínez Corbalá
"Con esta rotunda afirmación, el autor quiere significar que son exclusivos, en tanto que ninguna doctrina ni movimiento alguno pueden ser de derecha y de izquierda al mismo tiempo, simultáneamente"

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Dice Norberto Bobbio que la distinción entre los conceptos de izquierda y derecha es una caja vacía de la cual todos sacan cosas, como por arte de magia, y que estos dos conceptos son antitéticos, y desde hace más de dos siglos se emplean habitualmente para designar el contraste de ideologías en que está dividido el universo, eminentemente conflictivo, del pensamiento y de la accion política. Y esto lo dice Bobbio en las ediciones segunda y tercera, de febrero y marzo de 2001, de su pequeño gran libro, intitulado:Derecha e izquierda, como para no dejar duda de a qué se está refiriendo. El título original de esa obra es Dirita e sinistra (1995).
El texto señala que en cuanto términos antitéticos son respecto al universo al que se refieren, recíprocamente exclusivos y conjuntamente exhaustivos. Con esta rotunda afirmación, el autor quiere significar que son exclusivos, en tanto que ninguna doctrina ni movimiento alguno pueden ser de derecha y de izquierda al mismo tiempo, simultáneamente, y son también exhaustivos, porque una ideología solamente puede ser, dentro del significado y la acepción más rigurosa, bien de derecha, o de izquierda, y no de alguna otra connotación. De esta manera Bobbio plantea una cuestión fundamental, además del esfuerzo que significa no salir del tema estricto, para comprenderlo a cabalidad.
Esta cuestión muestra cierto grado de dificultad para aplicarse en los términos a los que se refiere el politólogo italiano, a juzgar por las confusiones que se encuentran con frecuencia en la realidad concreta, pues nunca falta algún espontáneo que se preste a ofrecer una solución que contradice estas características para definirse como perteneciente a una u otra corriente política e ideológica, y propone fusiones entre partidos y candidatos que realmente resultarían imposibles si se admite y se da por sentado que previamente ya hemos aceptado que el partido político que se postula a sí mismo como de derecha, aunque generalmente no lo acepte explícitamente, con toda honestidad, como se hace en todo el mundo generalmente, su declaración de principios y programa de acción lo establecen de esta manera y no de otra; por supuesto, este partido no puede, y no debe, en un acto de honestidad y de congruencia histórica y política, pretender ofrecer una fusión con otro cualquiera, cuyos documentos básicos y la claridad de su origen, que no se niega y que también en una actitud honesta y de cara a su propia historia tampoco puede ni debe de igual modo que el de derecha renegar de su origen en un acto oportunista, que no por serlo puede adquirir carta de legitimidad, en tales circunstancias, para dar una lucha que ofrezca un mínimo de congruencia y legitimidad que logre polarizar en su favor a la opinión pública de ambas corrientes a la vez, de derecha y de izquierda, en un absurdo e ilegítimo maridaje, que no puede ni debe darse en la realidad.
Esto es visto desde una orilla de la poderosa corriente torrencial por naturaleza obligada, en el momento electoral a celebrarse en un plazo ya relativamente breve, para que el pueblo de México decida su destino histórico, cuando parecía que ya había la madurez general en todos los niveles para tomar tamaña decisión, que consiste en optar por la ruta que el país habrá de seguir en un ejercicio democrático que ya se estimaba irrenunciable, pero que ahora resulta que son los partidos políticos más importantes del país los que –parece ser, y ojalá sea solamente un mal sueño– se aprestan a mezclar jugo de limón con carbonato de sodio para hacer un frente inimaginable en el que se pongan en un mismo saco las gallinas y los coyotes y luego se levanten las copas vacías para exigir, como si lo merecieran, ¡que sirvan las otras!
No me parece que ninguna de las dos corrientes a las que me refiero vaya a molestarse por esta aclaración de términos que no es de fácil comprension. En otras palabras, que es un planteamiento que lo primero que pide es un recurso honesto y cabal para representar la voluntad del pueblo de México que se identifique con la ideología que en su momento tendrá que hacer lo propio y proyectarse con limpieza traduciéndose en programas de acción que se sustenten en la interpretación de la realidad nacional, según las posiciones políticas de cada partido, y de esta manera sea posible hacer las determinaciones de prospectiva que implicarán la necesidad ineludible de tomar decisiones claras y, otra vez, honestas para establecer objetivos relacionados, por ejemplo con el desarrollo económico, y determinantes de las prioridades que son también ineludibles para elaborar los programas de gobierno que se someterán a la consideración de la opinión pública nacional.
Así es que, por complejo que pudiera parecer el razonamiento de Norberto Bobbio, habrá que hacerse el ánimo de considerarlo conveniente para aplicarlo a la difícil problemática que habrá de presentarse ya muy pronto en el país, y cumplir con la función que nos corresponda en un proceso electoral democrático, nuevamente, con toda honestidad.
Desde luego, no está por demás anteponer, a las muy importantes decisiones que se habrán de tomar ya muy pronto, un fuerte acento patriótico que dé una seguridad a la sociedad mexicana, primero que a ninguna otra, pero sin olvidar ni pretender minimizar la perspectiva internacional ni tampoco las obligaciones ya contraídas en esta esfera tan importante para conseguir una estabilidad armónica interior verdaderamente sustentable.
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http://www.jornada.unam.mx/2010/11/22/index.php?section=opinion&article=022a2pol
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viernes, 12 de noviembre de 2010

Fragmentos de Frankfurt. Ensayos sobre la Teoría Crítica / I1...

Economía Moral
Fragmentos de Frankfurt. 
Ensayos sobre la Teoría Crítica / I1
Antisemitismo 
como consecuencia lógica de la Ilustración
Julio Boltvinik

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Es tal el azoro que produce el descubrimiento de las fábricas de muerte, pieza central del holocausto, que la inmensa mayoría de las personas reacciona o bien negando el holocausto o bien atribuyéndolo a la locura de Hitler (creo que esta fue mi reacción siendo un adolescente). Es decir, se trataría de un accidente histórico: un loco toma el poder, declara la guerra, invade toda Europa y puede llevar a cabo su locura: librar Europa de los judíos. Ambas reacciones son un intento por huir de la verdad. 
En el excelente libro (Siglo XXI Editores, 2009) de Stefan Gandler que da titulo a esta serie y que empecé a comentar en la entrega anterior (5/11/10), se adopta una postura radicalmente opuesta. Señala que en los análisis de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt:
Se descubre que el antisemitismo, a pesar de la primera apariencia, no es una perversión de los ideales y del proyecto en general de la Ilustración, sino más bien su consecuencia lógica. Contradice el ideal de la liberté pero a la vez refleja a su manera el ideal de la égalité, que en última instancia no puede tolerar lo que se concibe, desde la perspectiva de los supuestamente iguales, como una minoría y acaba con cierta congruencia en la Volksgemeinschaft nacionalsocialista. Estacomunidad del pueblo racial es, dentro de las relaciones de producción existentes, la forma más relevante de celebrar el tercero de los antiguos ideales burgueses: la fraternité. (p. 28)
Añade que para la Teoría Crítica el antisemitismo y el nacionalsocialismo no se conciben como accidentes de la historia sino como el cumplimiento de la marcha lógica de la historia universal que hay que romper para alcanzar una sociedad verdaderamente humana. Continúa señalando que Theodor W. Adorno y Max Horkheimer en sus Elementos del antisemitismo1, enuncian siete tesis, cada una con una manera distinta de comprender lo incomprensible e inimaginable que pasó en Auschwitz, Treblinka, Sobibor, Majdanek, Chelmno, Bergen Belsen, Dachau, Sachsenhausen, Buchenwald, Mauthausen y en los demás campos de exterminio y de concentración nacionalsocialistas. (p. 29). Dice Gandler que si bien el antisemitismo tiene su raíz histórica más profunda en el cristianismo,
“los restos seudorracionalizados de éste en los valores, actitudes y estructuras de las sociedades modernas e ilustradas, pueden ser incluso más peligrosos que el mismo cristianismo porque una religión puede aceptar todavía que hay otras creencias que la suya (aunque el cristianismo sí tiende al integralismo) pero los irracionalismos religiosos importados a una forma ilustrada de pensar ya no pueden tolerar ninguna divergencia: la verdad ilustrada es única y punto. El rechazo cristiano, de manera religiosa o seudorracionalizada, a otras religiones no se concentra por casualidad en los judíos. Es el odio religioso al padre, el complejo de Edipo que tiene el cristianismo con su propio origen histórico: la religión judía” (p.30)
Como explica Gandler, la ciudad de Frankfurt se distinguía por una burguesía relativamente abierta y poco subordinada al poder del antiguo régimen feudal:
“Esta burguesía, y sobretodo su parte judía, generó el impulso que desembocó en la fundación de la Universidad de Frankfurt, hace casi cien años, y fueron judíos aquellos que financiaron el Institut für Sozialforschung [la Escuela de Frankfurt]. Por ser una institución académica privada, no eran aplicables las leyes antisemitas de la República de Weimar y, en consecuencia, los docentes judíos podían impartir clases e investigar, lo que en ninguna otra institución científica de Alemania antes del nacionalsocialismo era posible” (p.10).
Casi todos los integrantes de la Escuela de Frankfurt fueron judíos [Benjamin, Horkheheimer, Adorno, Marcuse, Fromm, Neumann, etc.]. De ahí la frase de Horkheimer de que toda la Teoría Crítica debió haber perecido en las cámaras de gas si la historia hubiera cumplido su destino lógico. Todos ellos fueron lo que Isaac Deutscher (ID) ha llamado judíos no judaicos (non jewish jews), grupo al que el propio autor de la biografía en tres tomos de León Trotsky perteneció, como bien lo señala su viuda Tamara, quien escribe la Introducción (La educación de un niño judío), ya fallecido ID, al libro de éste, The Non-Jewish Jew and Other Essays (Oxford University Press, 1968):
Isaac no vivió para describir esta niñez, como planeaba hacerlo; pero los toques autobiográficos en muchos de sus libros muestran lo que pasó en este peregrinar de las creencias. En el primer ensayo de este volumen [que da título al libro] él habla indirectamente de sí mismo, de su origen, de su desarrollo intelectual y filosófico. Él pertenece, y se vio a sí mismo perteneciendo, a esa casta de judíos no judaicos que trascendieron el judaísmo y fueron más allá de la judería hasta los ideales más elevados de la humanidad”. En esto era parte de la tradición judía y nunca lo negó” (pp. 22-23)
El judío hereje, dice ID, que trasciende la judería, pertenece a la tradición judía. En el ensayo que da titulo al libro cuenta la honda impresión que le causó leer la historia (del Siglo II) sobre el hereje conocido como Akher, que enseñaba teología a uno de los rabinos más famosos, al que describe como santo y sabio. Añade:
Pueden ver, si quieren, a Akher como un prototipo de aquellos grandes revolucionarios del pensamiento moderno: Spinoza, Heine, Marx, Rosa Luxemburg, Trotsky y Freud. Pueden, si quieren, ubicarlos como parte de la tradición judía. Todos ellos fueron más allá de las fronteras de la judería a la que encontraron muy estrecha, arcaica y constrictiva. Todos buscaron ideales y realización más allá de ella. Representan la suma y la sustancia de mucho de lo que constituye la grandeza del pensamiento moderno, la suma y la sustancia de las más profundas convulsiones que han tenido lugar en la filosofía, la sociología, la economía y la política en los últimos tres siglos. ¿Tenían algo en común? Pienso que de alguna manera eran en verdad muy judíos. Tenían algo de la quintaesencia de la vida judía y del intelecto judío. Eran excepcionales a priori en que como judíos vivían en las fronteras de varias civilizaciones, religiones y culturas nacionales. Vivieron en los márgenes o en los rincones y grietas de sus respectivas naciones. Cada uno de ellos estaba y no estaba en la sociedad, era y no era de ella. Esto los habilitó para elevar su pensamiento por encima de sus sociedades, de sus naciones, de sus generaciones y de su tiempo, y para aventurarse intelectualmente por nuevos y más amplios horizontes y hacia el futuro” (pp. 26-27).
Qué más apto que concluir este elogio al libro de Gandler citando el ensayo de Horkheimer y Adorno sobre el antisemitismo:
El antisemitismo es hoy para algunos un problema que afecta el destino de la humanidad y para otros un mero pretexto. Para los fascistas, los judíos no son una minoría sino la anti-raza, el principio negativo como tal; de su exterminio depende la felicidad humana. Diametralmente opuesta a ésta es la tesis que los judíos, libres de rasgos nacionales o raciales, forman un grupo sólo por la creencia religiosa y la tradición. Ambas doctrinas son verdaderas y falsas al mismo tiempo. La primera es verdadera en el sentido que el fascismo la ha hecho verdadera. Los judíos son hoy el grupo al cual, en la práctica y en la teoría, atrae la urgencia destructiva que el orden social equivocado produce espontáneamente. El mal absoluto ha calificado a los judíos como el mal absoluto. En este sentido son, en verdad, el pueblo elegido. La otra tesis, liberal, es verdadera como idea. Contiene la imagen de una sociedad en la cual la rabia ya no se reproduce ni busca cualidades en las cuales descargarse. Pero al suponer que la unidad de la humanidad ha sido alcanzado en principio, la tesis liberal sirve como apología del orden existente.
1 Este ensayo forma parte de Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos, Trotta, Madrid, 1994 (edición original en alemán, 1947). En el prefacio original los autores explican así el propósito que se fijaron: Lo que nos habíamos fijado como tarea era nada menos que explicar por qué la humanidad en lugar de entrar a una situación verdaderamente humana , se está hundiendo en una nueva clase de barbarie.
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http://www.jornada.unam.mx/2010/11/12/index.php?section=opinion&article=032o1eco
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viernes, 5 de noviembre de 2010

Fragmentos de Frankfurt. Ensayos sobre la Teoría Crítica...

Economía Moral
Fragmentos de Frankfurt. Ensayos sobre la Teoría Crítica / I1
Gandler subraya la centralidad de la Shoah para la Teoría Crítica
Julio Boltvinik

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Stefan Gandler (SG) es un joven académico nacido en Alemania y radicado en México. El libro que da título a esta entrega (Siglo XXI editores, 2009) y que se presentó ayer en la Librería Gandhi, es el segundo que publica en nuestro país. 

En el primero (Marxismo crítico en México, Fondo de Cultura Económica, 2007) analizó la obra de Adolfo Sánchez Vázquez y de Bolívar Echeverría, marxistas críticos que, como él, también marxista crítico, nacieron en otros países y se radicaron en México. 

En el segundo analiza escritos de algunos de los integrantes de la Escuela de Frankfurt o Teoría Crítica (TC), emigrantes, como Sánchez Vázquez, forzados. 

Leer sus dos libros me ha permitido aprender muchísimo disfrutando al mismo tiempo porque Stefan escribe muy bien y su profundidad no está revestida de pedantería que dificulte la comprensión. Su generosidad lo llevó a ceder el espacio que había sido reservado para la presentación de Fragmentos de Frankfurt, el 8 de junio de este año, para que se realizara un homenaje a Bolívar Echeverría, quien iba ser comentarista de este libro, pero falleció tres días antes.
El libro recoge cinco ensayos del autor precedidos de unas palabras liminares. Como parte de su visión de la Teoría Crítica (TC), Gandler ha enarbolado batallas formidables contra el eurocentrismo y el antisemitismo. Respecto al primero, señala en Marxismo crítico en México:
A contracorriente de lo que, aun en México mismo se piensa, estamos profundamente convencidos que el eurocentrismo ‘filosófico’ y general, es una de las razones principales del actual desastre que vive la humanidad a nivel mundial. Mientras no se supere la autolimitación existente en la llamada periferia en lo que concierne al derecho y, sobre todo, la obligación de criticar, analizar el mundo en su totalidad, y denunciar, así como atacar, directamente desde aquí los fatales errores del llamado centro, mientras esto no suceda, no hay razón alguna para tener esperanza” (p.22).
Al antisemitismo le dedica una parte importante de Fragmentos de Frankfurt. En otro texto (revista Desacatos N° 29: Sobre el impacto generacional de la película de Claude LanzmannShoah), SG nos cuenta parte de su vida: de como pasaron (él y otros de su generación) de la minimización del Holocausto (Shoah), compartiendo la actitud predominante en la Alemania Occidental de posguerra, a su lucidez agudísima actual (mis calificativos) como resultado de la película de Lanzmann. 

A la Shoah los miembros de la Escuela de Frankfurt la calificaron comoruptura de la civilización y Gandler la califica en el libro que hoy comento “como este proceso único de una matanza completamente planeada, organizada y llevada a cabo usando los grandes descubrimientos de la ciencia y los métodos industriales más avanzados. Nunca antes y nunca después habría ‘fábricas de la muerte’, más perfectas y más racionalizadas en términos de la razón instrumental (p.18). SG resalta la importancia de lo precedente, al punto de afirmar que (p.19):
“Ningún otro concepto de la Teoría Crítica se puede verdaderamente entender sin conocer a fondo –y no solamente de manera superficial– lo que fue este proceso casi completamente exitoso de convertir a Europa en ‘judenfrai’(liberada o libre de judíos)”.
Y luego añade, refiriéndose a lo dicho por Theodor W. Adorno respecto a la desesperación frente a la cual habría que establecer una filosofía que pueda ser practicada responsablemente (pp. 19-20):
“Se refiere a la desesperación que provoca el conocimiento no superficial del mencionado hecho único en la historia –la Shoah– en cualquier ser humano no completamente cínico y mucho más todavía en los que apenas se salvaron del ‘destino’ que el movimiento popular nacionalsocialista les había previsto. Toda la Teoría Crítica debería haber perecido en las cámaras de gas si la historia hubiera ‘cumplido su destino lógico’ como después diría Horkheimer. Pero la desesperación es también a nivel conceptual, teórico. Es ahí donde la Teoría Crítica tiene su principal ruptura con la izquierda clásica, el movimiento obrero y el marxismo tradicional. Es la ruptura con la creencia segura en el papel progresista-revolucionario del proletariado”.
Proletariado que, como dice después SG, participaría en alto grado en el proyecto barbárico del nazismo. La ruptura efectuada por la TC lo lleva a criticar a Marx por su ingenuidad o ignorancia sobre el grado de crueldad al cual puede llevar este sistema económico. Marx habría visto, según Gandler, sólo de una manera muy limitada “el sufrimiento indirecto que el capitalismo puede provocar, no directamente por la lógica económica capitalista, sino incluso en ocasiones en contra de esta lógica, pero como resultado de la psicología social o de masas que corresponde a este sistema de producción” (p.20). Marx, dice, no podía sospechar esta ruptura de la civilización” porque está fuera de su imaginación que:
“la maquinaria en sí se use en contra de los intereses de la humanidad, no porque se aplique de manera capitalista sino porque se vuelve todavía más destructiva como fábrica de la muerte. Marx no podía imaginar que los grandes capitalistas alemanes en el momento de ver ‘su’ forma de producción amenazada por un fuerte movimiento obrero comunista y socialista optarían por la vía de la destrucción generalizada, uniéndose y financiando a un movimiento sumamente anti-burgués y, de primera vista anticapitalista. Mucho menos todavía se podía imaginar en qué grado iba a participar una parte muy considerable del proletariado alemán y también europeo en esta afán autodestructivo del proyecto de la Ilustración. Nunca se hubiera imaginado que este sistema económico, para salvarse, provocase las dos guerras más grandes de la historia reciente y el genocidio más perfecto y rápido de la historia reciente, involucrando a gran parte de los (más) explotados y prácticamente a todos los estados del mundo2. (pp.20-22)
Por ello, señala el joven filósofo, la derecha rechazó la Teoría Crítica intuyendo que era más radical en su crítica de la sociedad existente que el mismo Marx y mucho más todavía que el marxismo ortodoxo. Así como Horkheimer consideraba al fascismo como inseparable del capitalismo, él y Adorno, relata SG al analizar las siete tesis de ambos autores sobre el antisemitismo (expresión de la intolerancia a la minoría, a lo diferente) lo conciben como una consecuencia lógica de la Ilustración, porque la verdad ilustrada es única, porque la Ilustración es totalitaria:
“El antisemitismo es resultado de la contradicción entre lo particular y lo universal en la que se encuentran los judíos en las sociedades modernas ilustradas; ellos son el objeto del odio a la felicidad sin poder que es para los engañados por el proyecto burgués-capitalista ‘intolerable’ porque sólo ella sería verdaderamente felicidad. A partir de su papel como pequeños comerciantes y prestamistas que por las leyes cristianas tienen en el momento de la llegada del capitalismo, se les da el papel de chivo expiatorio que se responsabiliza, en representación de la clase capitalista en general (en su mayoría formada por cristianos) por todas las crueldades que implica este sistema económico social”. (p.29)
1 Interrumpo temporalmente la Serie: Reformar la Reforma Social Neoliberal.
2 Gandler sustenta esta fuerte afirmación indicando, en nota al pie (p.22), que “antes de terminar la segunda guerra mundial, en el momento de máxima ‘productividad’ de las fábricas de la muerte –había días en el verano de 1944 en los cuales se mataban sólo en Auschwitz 20 mil personas diariamente en las cámaras de gas– todos (!) los países del mundo [incluido México] habían ya cerrado completamente sus fronteras para refugiados judíos y se hicieron así todos cómplices de la Alemania nacionalsocialista”.
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http://www.jornada.unam.mx/2010/11/05/index.php?section=opinion&article=026o1eco
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sábado, 18 de septiembre de 2010

Ética y política en tiempos desgraciados...

Ética y política en tiempos airados*
Armando Bartra

Nos amanecemos con la cifra de los matados: setenta y dos muertes individuales, intransferibles, pero sin nombre y sin rostro; como no tienen nombre ni tienen rostro los matadores. Víctimas unos y otros de una misma derrota moral porque los asesinos no son traidores, no son enemigos de la patria: los asesinos son tan jóvenes, desamparados y a la intemperie, como los asesinados.

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Decenas de miles de matadores, decenas de miles de matados: el rostro desollado de la patria. Como nunca desde de la Conquista padecemos desmoralización extrema. Anomia en sus dos sentidos: carencia de reglas y falta de palabras: en la nueva derrota mexicana fallan las viejas normas y se ahuecan las viejas palabras.
Anomia de la sociedad y aún más de la política. En el mundo del poder fáctico que manda desde las sombras del gran dinero y desde la seductora pantalla de Hamelin; en un mundo de reglas no escritas donde se impone el más rico, el más poderoso, el más desalmado, el más canalla la política, deviene impúdico ejercicio de inmoralidad.
Una opción a la cívica debacle sería pedir a los políticos que acaten ciertos principios morales universales; imperativos éticos válidos para cualquier persona y circunstancia: que sean tolerantes, austeros, veraces, que no roben, que no maten... Algo así como exigir moralidad, aun a quienes se mueven donde impera el realismo crudo, el pragmatismo, la realpolitik. Como pedirle peras al olmo o –parafraseando al Alazán Tostado– demandar del moral un fruto distinto de las moras.
No es mi opción. No soy kantiano y no pretendo que las conductas de los individuos –con independencia de su circunstancia– se rijan por imperativos formales, abstractos, intemporales. Mejor dicho: no me basta con que se sometan a estos imperativos. Mi apuesta es por una ética social, por una moral en situación. No un relativismo en que todo se vale dependiendo del momento y el lugar; sí una axiología y una normatividad que surgen de la circunstancia. Y que, ante todo, surgen de la circunstancia de circunstancias: de la radical, la originaria socialidad del ser humano.
Porque el hombre no es el individuo: el solitario ontológico que se socializa a posteriori mediante algún tipo de contrato con otros tan solitarios como él. El hombre son los hombres. El hombre soy yo y los otros. El hombre es la originaria colectividad que –aun si mediada por el yo, es decir por la libertad y la responsabilidad– es siempre punto de partida y punto de llegada.
Mi pesquisa no es por encontrar una moral aplicable también al infame mundo de la política sino una ética que nazca de la política, que hunda sus raíces en una actividad que debiera ser solidaria por excelencia.
Y para reconciliarnos con la política –esa puta– nada mejor que reivindicar a dos pensadores que me parecen actuales quizá por premodernos, dos hombres de ideas pero también de acción que algo sabían del negocio: Aristóteles, mentor de Alejandro, y Nicolás Maquiavelo, santo de las devociones de los pragmáticos, proverbial catequista de las argucias del poder.
En la relectura de Maquiavelo seguiré al marxista italiano Antonio Gramsci, quien a principios del siglo XX y en busca de inspiración para conformar un movimiento político-cultural capaz de rescatar a la sociedad italiana de la opresión, el marasmo y la decadencia moral, recluta para su proyecto al célebre florentino del siglo XV que puso nombre al amoralismo político, a Nicolás Maquiavelo. Y lo recupera porque descubre que en su libro, El Príncipe, hay un sujeto, un destinatario que no son los gobernantes, de suyo sobrados de pragmatismo político, que no son los hombres del poder de por sí expertos en intrigas palaciegas.
Maquiavelo escribe para quien no sabe, escribe para el pueblo llano: para aquellos que, dice el florentino, habiendo sufrido todo género de robos, despojos, desgarramientos, vejaciones, desolaciones y ruinas deben empaparse en las reales artes del poder si es que algún día han de emanciparse.
Como en la Italia de la peste negra y de los Borgia, en el México de lasnarcofosas, los Beltrones, los Peña Nieto y los Calderón, es vital interiorizarse en las prácticas del poder. Porque aquí, como en la Florencia del siglo XV, parece que los ofendidos y humillados de siempre han decidido emanciparse por su propio pie y buscan afanosamente el camino de su liberación.
Pero sucede que entre nosotros la política está muy padroteada, de modo que es necesario discurrir sobre su curso efectivo, a la vez que resanamos su resquebrajado basamento. Dicho de otro modo: habrá que adentrarse en los viciosos vericuetos del poder para prevenirnos de sus lanzadas, al tiempo que edificamos una nueva política con sustento moral, un nuevo pensamiento libertario.
Y en este doble abordaje: la política realmente existente y la nueva política con fundamento moral, nos servirá Aristóteles, quien en la Ética a Nicómaco, se refiere a lo conveniente, mientras que en La política, se ocupa de lo posible. Lo posible y lo conveniente, el mundo fáctico y el deber ser, el posibilismo y la utopía.
En la Ética nicomaquea el estagirita sostiene que la política es la ciencia soberana y más que todas arquitectónica, por cuanto se ocupa del bien supremoy busca la buena vida, idea que hoy reverdece en el mundo andino. Y es quebien supremo y buena vida son fines en sí mismos, mientras que las demás ciencias –incluyendo la prepotente economía– son apenas ciencias instrumentales. Afirma, también, que la política es praxis –no un saber sino un hacer– por cuantola felicidad es una actividad: no un estado, no un orden actual o futuro sino un modo de ser, un ánimo, una disposición.
En cambio, en La política, estudio para el que se empapó de realidad compilando y analizando decenas de constituciones griegas, el filósofo se ocupa de los modos fácticos del quehacer público. Así el libro es un tratado pragmático donde sin abandonar sus convicciones filosóficas, da cuenta de las pringosas relaciones propias de poder realmente existente. Sintomáticas son las palabras finales, que sintetizan los que a su entender son principios fundamentales de la educación política: el término medio, lo conveniente y lo posible.
Lo conveniente y lo posible: dos dimensiones ciertamente distintas y con frecuencia divergentes pero urgidas de lo que en la física sería una suerte de teoría del campo unificado, una síntesis a la que he llamado realismo utópico.
La vertiente posibilista de la política tiene en Maquiavelo a su mascarón de proa. El autor de El Príncipe se ganó a pulso su fama de pragmático y ajeno a consideraciones religiosas o morales. Sin embargo, su crudo realismo está al servicio de una utopía: la unidad de Italia. Y su Príncipe no es ninguno de los sórdidos reyes, papas, emperadores, duques y cancilleres de la escena política europea, sino un conductor inédito: un príncipe nuevo.
Y es esto lo que permite a Antonio Gramsci reclutar a Maquiavelo para su causa y emplear algunas de sus ideas en la tarea de conformar el movimiento socio-cultural y el instituto político al que llama moderno príncipe: el cinismo esperanzado, el idealismo terrenal y pragmático del florentino.
Maquiavelo no es un mero científico, sostiene Gramsci, es “un hombre de pasiones poderosas, un político de acción que quiere crear nuevas relaciones de fuerzas y no por ello dejar de ocuparse del deber serEl Príncipe no es un libro de ciencia, desde un punto de vista académico, sino de pasión política inmediataun manifiesto de partido.
Termino estas reflexiones sobre lo que podríamos llamar ética en situación o moral con adjetivos, con un texto de Maquiavelo escrito pensando en la Italia el siglo XV, que podemos leer con provecho pensando en el México del tercer milenio:
La conclusión de mis reflexiones es que tantas cosas parecen ocurrir en Italia en beneficio de un príncipe nuevo, que no sé si se presentará nunca coyuntura más propicia para semejante empresa. Porque si fue necesario que el pueblo de Israel estuviera esclavo en Egipto, para que pudiera apreciar el valor de Moisés, también para apreciar el mérito de un libertador de Italia ha sido necesario que ésta se haya visto atraída al miserable estado en que se encuentra ahora.
Nos hacen falta políticos tolerantes, austeros, honestos, veraces. Pero estas son condiciones formales e individuales de la moralización, y sin una regeneración colectiva del cuerpo social, reclamarlas es predicar en el desierto. Lo que en verdad requerimos es un incluyente movimiento político-cultural, una gran acción colectiva para reanimar la economía, la política, la moral pública y la moral privada. Como los florentinos en tiempos de Maquiavelo, como los italianos en tiempos de Gramsci, los mexicanos de hoy necesitamos convocarnos a emprender juntos la recuperación de un país que se nos va de las manos.
* Ponencia leída en la sesión sobre Dilemas y valores sociales, del coloquio organizado por la UNAM Valores para la sociedad contemporánea ¿En qué pueden creer los que no creen?



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http://www.jornada.unam.mx/2010/09/18/index.php?section=opinion&article=014a1pol
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viernes, 27 de agosto de 2010

CAPITALISMO, IMPERIALISMO, GLOBALIZACIÓN Y NEOLIBERALISMO

Por César Aching Guzmán

Generalmente, por desconocimiento o intencionalmente se presentan los conceptos de capitalismo, imperialismo,  globalización y neoliberalismo como fenómenos independientes, lo cual no es así. Estas cuatro formas socioeconómicas no existen independientemente uno del otro.  El primero es un régimen económico, el segundo es la actitud y doctrina de dominio del primero, el tercero es la tendencia de los mercados consecuencia de la aplicación del régimen económico llamado capitalismo y de la apropiación concreta del planeta por las corporaciones imperiales. Finalmente, el neoliberalismo es un proyecto de renovación del capitalismo que postula la reducción del estado, en lo social y económico, a su mínima expresión.    
Palabras claves: Capitalismo, imperialismo,  globalización y neoliberalismo.

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2.     El capitalismo

El capitalismo como régimen económico social, nacido en la Europa del siglo XVI en sustitución del feudalismo y los resabios del esclavismo, tiene como base la propiedad privada de los medios de producción y la explotación del trabajo asalariado. Es un modelo que privilegia el capital y la creación parasitaria de riqueza, en contra del trabajo productivo, lo subordina al simple hecho de la posesión de dinero. Esta concepción, en el orden económico, ha derivado en un sistema basado en la aplicación de tasas de interés supuestas con crecimiento exponencial sobre el capital productivo, quedando este a su vez subordinado a la especulación[1] financiera.
El capitalismo como sistema económico, es el imperio del capital sobre el trabajo[2] para la producción y creación de riqueza. La contradicción fundamental de este modelo se da entre el carácter social de la producción y la forma privada de apropiarse del producto del trabajo; esta contradicción expresa el profundo antagonismo entre el trabajo asalariado y el capital, entre las fuerzas productivas en desarrollo y las relaciones de producción capitalistas que las atan. En el capitalismo  todo cuanto existe es mercantilizado, tiene un precio la mano de obra, los recursos naturales (incluso el agua, que es patrimonio de naturaleza), la tierra, los servicios y todos los bienes materiales; en este sistema funciona el "todo se compra". Para poder mantenerse requiere un crecimiento perpetuo de la economía real; consecuentemente, promueve la quema acelerada de recursos naturales haciendo inviable cualquier posibilidad de economía sustentable; esta característica  del capitalismo (la quema acelerada de los recursos naturales) ha ocasionado el calentamiento global, hasta el punto de poner a la especie humana al borde su extinción.
Marx nos dice[3]: En nuestra sociedad (léase capitalismo), la forma más general y simple que adoptan los productos de trabajo, la forma-mercancía, es tan familiar a todos, que nadie ve malicia alguna en ello. Pero consideremos otras formas económicas más complejas. ¿De dónde vienen por ejemplo las ilusiones del sistema monetario[4]?...
Aquí se ubican los "mercados financieros" con sus "instrumentos o activos financieros", es decir los grandes casinos especulativos. En donde por obra y gracia del capitalismo un mineral, el petróleo, el trigo, la soya, son mercantilizados como "futuros", el cual es un instrumento financiero especulativo, derivado de un producto tangible como el petróleo, el trigo, la soya, etc.
Continua Marx: ...No cabe duda del carácter fetichista que la forma-dinero imprime a los metales preciosos. Y la economía moderna, que tanto desdeña, y que no se cansa de repetir sus marchitas bromas contra el fetichismo de los mercantilistas, ¿no es también juguete de las apariencias? ¿Acaso su primer dogma no es el de que las cosas, por ejemplo los instrumentos de trabajo, son por naturaleza capital, y que cuando se los quiere despojar de ese carácter puramente social se comete un crimen de lesa naturaleza? Y por último, los fisiócratas, tan superiores en muchos sentidos, ¿no imaginaron que la renta del suelo no sea un tributo arrancado a los hombres, sino un regalo hecho por la naturaleza misma a los propietarios? Pero no nos anticipemos, y conformémonos todavía con un ejemplo acerca de la propia forma-mercancía. Si pudiesen hablar, las mercancías dirían: es posible que nuestro valor de uso interese al hombre. Por nuestra parte, como objetos, ello nos tiene sin cuidado. Lo que nos importa es nuestro valor. Así lo demuestra nuestra relación entre nosotras como cosas de venta y de compra. Sólo nos vemos unas a otras como valores de cambio ¿Y no se podría creer que el economista toma prestadas estas palabras del alma misma de la mercancía, cuando dice: E1 valor (valor de cambio) es una propiedad de las cosas, la riqueza (valor de uso) propiedad del hombre. En ese sentido, el valor supone por fuerza el intercambio; la riquezas no"?
El capitalismo para ilusionar a los pueblos, utiliza como instrumento de medición de crecimiento económico el PBI[5], que a decir de Joseph Stiglitz[6], "sólo compensan a los estados que aumentan la producción material", es decir, no refleja el bienestar social; por esta razón el presidente de Francia Nicolás Sarkozy, el 08 de enero del año 2008, creó una Comisión Internacional para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social; preside esta comisión Joseph Stiglitz y cuenta con la colaboración de otro Premio Nóbel de economía -el hindú Amartya Sen[7]- teniendo como objetivo estudiar los instrumentos de medición del crecimiento.
En un reciente artículo denominado "El Fetichismo del PIB", publicado por EL ESPECTADOR.COM el 20/09/2009, Joseph Stiglitz, sostiene: El gran interrogante es si el PIB ofrece una buena medición de los niveles de vida. En muchos casos, las estadísticas del PIB parecen sugerir que a la economía le está yendo mucho mejor que las propias percepciones de la mayoría de los ciudadanos. Es más, el foco en el PIB crea conflictos: a los líderes políticos se les dice que lo maximicen, pero los ciudadanos también exigen que se preste atención a mejorar la seguridad, a reducir la contaminación del aire, del agua y el ruido, y demás -lo cual podría reducir el crecimiento del PIB.
Continúa Stiglitz:
¾     Por ejemplo, si bien se supone que el PIB mide el valor de la producción de bienes y servicios, en un sector clave -el gobierno- normalmente no tenemos manera de hacerlo, de modo que solemos medir la producción simplemente por las inversiones. Si el gobierno gasta más -incluso de manera ineficiente- la producción aumenta. En los últimos 60 años, el porcentaje de la producción del gobierno en el PIB aumentó del 21,4% al 38,6% en Estados Unidos; del 27,6% al 52,7% en Francia; del 34,2% al 47,6% en el Reino Unido; y del 30,4% al 44% en Alemania. De manera que lo que era un problema relativamente menor se ha convertido en un problema importante.
¾     De la misma manera, las mejoras de calidad -digamos, mejores autos en lugar de más autos- representan gran parte del aumento del PIB hoy en día. Pero evaluar las mejoras de calidad resulta difícil. La atención médica ejemplifica este problema: gran parte de la medicina se ofrece públicamente, y muchos de los avances son en calidad.
¾     Los mismos problemas de hacer comparaciones en el tiempo se aplican a las comparaciones entre países. Estados Unidos gasta más en atención sanitaria que cualquier otro país (tanto per cápita como en porcentaje de los ingresos), pero obtiene peores resultados. Parte de la diferencia entre el PIB per cápita en Estados Unidos y algunos países europeos puede ser, en consecuencia, el resultado de la manera en que medimos las cosas.
¾     Otro cambio pronunciado en la mayoría de las sociedades es un incremento de la desigualdad. Esto significa que existe una creciente disparidad entre el ingreso promedio (medio) y el ingreso mediano (el de la persona "típica", cuyo ingreso se ubica en el medio de la distribución de todos los ingresos). Si unos pocos banqueros se vuelven mucho más ricos, el ingreso promedio puede subir, a pesar de que los ingresos de la mayoría de la gente estén decayendo. De manera que las estadísticas sobre el PIB per cápita tal vez no reflejen lo que les sucede a la mayoría de los ciudadanos.
¾     Utilizamos precios de mercado para valuar los bienes y servicios. Pero ahora, incluso los que tienen mucha fe en los mercados, cuestionan la dependencia de los precios de mercado, ya que están en contra de las valuaciones por ajuste al mercado. Las ganancias previas a la crisis de los bancos -una tercera parte de todas las ganancias corporativas- parecen haber sido un espejismo.
¾     Los recientes avances metodológicos nos han permitido evaluar mejor qué contribuye a la sensación de bienestar de los ciudadanos y reunir los datos necesarios para hacer ese tipo de evaluaciones de manera regular. Estos estudios, por caso, verifican y cuantifican lo que debería ser obvio: la pérdida de un empleo tiene un mayor impacto de lo que representa la pérdida del ingreso. También demuestran la importancia de la conectividad social.
¾     Toda buena medición de lo bien que nos está yendo también debe tener en cuenta la sustentabilidad. De la misma manera que una empresa necesita medir la depreciación de su capital, también nuestras cuentas nacionales deben reflejar la sobreexplotación de los recursos naturales y la degradación de nuestro medio ambiente.
Pese a todos los cambios que ha experimentado el capitalismo, las leyes objetivas que expresan sus fundamentos generales y caracterizan la esencia de las relaciones capitalistas de producción se mantienen. Para comprender las leyes objetivas a que obedece el capitalismo es preciso, apoyándose en la doctrina económica de Marx, analizar, en primer término los fundamentos generales del modo capitalista de producción formados en la época de la libre competencia, es decir, del capitalismo premonopolista. A tal es preciso poner al descubierto las peculiaridades principales del proceso capitalista de producción, pasar luego la investigación de las leyes objetivas del proceso de la circulación capitalista y, por fin, examinar los procesos de producción y la circulación capitalistas en conjunto, en unidad, revelar las formas concretas del movimiento capital y comprender el nacimiento y el desarrollo de la etapa siguiente del capitalismo, su fase imperialista, que posee sus leyes objetivas propias, surgidas al cambiar sustancialmente la vida económica de la sociedad capitalista.[8]

3.     El imperialismo

El imperialismo, es el capitalismo en su fase superior y última de desarrollo; es la etapa del dominio del capital monopolista en lo económico, político e ideológico. Somos testigos presenciales de cómo el imperialismo estadounidense ha extendido sus mandos hacia el continente utilizando medios económicos (intercambio de capital físico y humano), políticos (a expensas de la libertad de nuestros pueblos y la propiedad de nuestros recursos) y militares, utilizando como pretexto la lucha contra el terrorismo y narcotráfico; fuera de las bases militares anteriormente instaladas, hoy observamos el reforzamiento de su poder imperial con la instalación de 7 nuevas bases en Colombia y la reactivación de la IV flota que tiene como zona de control a América del Sur, del Centro, todo el Caribe, México y territorios europeos en este lado del Atlántico.
Lenin fue el único que...amplió sustancialmente el círculo de problemas que estudia la economía política marxista del capitalismo. Al examinar las relaciones económicas entre el capital y el trabajo asalariado, estimándolas las principales de la época contemporánea, la teoría del imperialismo incluye en el objeto de su investigación, además, las relaciones de explotación entre la oligarquía financiera y otras capas de la sociedad burguesa, las relaciones internacionales de dominación de la oligarquía financiera y la actividad económica del Estado burgués llamada a reproducir y mantener el existente régimen capitalista.[9]    
 Los rasgos económicos principales del imperialismo son[10]:
1)      La concentración de la producción y del capital ha llegado a un punto tan alto de desarrollo que ha hecho surgir monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica.
2)      La fusión del capital bancario con el industrial, sobre cuya base surgen el capital y la oligarquía financiera, con Wall Street a la cabeza.
3)      La exportación de capitales, a diferencia de la de mercancías, adquiere singular importancia.
4)      La formación de agrupaciones monopolistas internacionales de capitalistas que se reparten el mundo.
5)      La culminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.
Condiciones inherentes al capitalismo que son, al mismo tiempo, sus antagonismos y contradicciones.
 En la década de 1980 apareció el fenómeno de la llamada globalización, tras el desplome de los denominados países socialistas[11] ubicados en  Europa del este. Este acontecimiento ha servido para que Estados Unidos haya pretendido imponer a la humanidad un mundo unipolar. La globalización es el resultado de la lucha de clases y la predominancia de las "superpotencias", quienes por su poder económico y político, han logrado imponer la "regla de oro": a mayor riqueza, mayor poder y como consecuencia, más ganancias para el capital.
Cual esnobismo, la globalización adquiere dimensión planetaria en los inicios de la década de los 80; contrariamente a la creencia de que este fenómeno es algo natural o providencial que se da independientemente de los sistemas sociales (capitalismo o socialismo), se produce en realidad como parte de la expansión del capitalismo o como consecuencia de las acciones imperialistas.
Asimismo, la globalización no es nada nuevo; hace aproximadamente dos mil años, tras el descubrimiento de la China por Marco Polo, se abrieron las rutas hacia Europa para comercializar la seda, la pólvora, el papel y la imprenta de oriente; se produjo entonces un intensivo transporte de mercancías, así como la transferencia de conocimientos científicos, técnicos, culturales y religiosos. Esa fue la primera y verdadera globalización.
En el mundo moderno, la globalización es muy diferente; la acción de las superpotencias está dirigida a la explotación indiscriminada de los recursos naturales a nivel primario, la exportación de capitales que únicamente persiguen maximizar las ganancias negando cualquier proceso de transferencia de conocimientos y tecnología al tercer mundo. La globalización moderna es polarizante, por cuanto produce atraso y pauperiza a los pueblos sometidos bajo el poder económico dominante. Consecuentemente, la expansión mundial del capitalismo produce desigualdades notorias entre los que son fuertes económicamente y las mayorías nacionales.

4.     El neoliberalismo

El neoliberalismo u ortodoxia[12] del libre mercado, es un proyecto del capitalismo que postula la reducción del estado en lo social y económico a su mínima expresión, puesto que considera el libre mercado capitalista como único elemento de equilibrio institucional y puntal de crecimiento económico de un país.
"La crisis de los setenta, que debilitó intensamente a los trabajadores y sus representantes, facilitó el desarrollo de teorías que suponían un cambio radical en la política económica a favor de los intereses del capital. Apoyándose en las ventajas que permitían la operación mundial del capital, la competencia global y la potencia de las nuevas tecnologías (como un ‗círculo virtuoso para el capital), junto con el debilitamiento e integración de las fuerzas populares, con la ayuda de las instituciones internacionales y los gobiernos, los grandes capitales mundiales lograron ir imponiendo una estrategia muy favorable para ellos que permitía la rápida recuperación de la tasa de beneficio. Es la conocida como estrategia o política económica neoliberal."[13]
El neoliberalismo en el Perú se viene aplicando desde el año de 1990 con el llamado "consenso de Washington[14], a través de un listado inicial de 10 puntos:
1)      Disciplina fiscal,
2)      Reordenamiento de las prioridades del gasto público,
3)      Reforma Impositiva,
4)      Liberalización de las tasas de interés,
5)      Una tasa de cambio competitiva,
6)      Liberalización del comercio internacional (trade liberalization),
7)      Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas,
8)      Privatización,
9)      Desregulación y
10)   Fortalecimiento de los derechos de propiedad.
Esta breve lista adquirió independencia y se instituyó en lo que luego se denominaría «neoliberalismo». Posteriormente la "lista" inicial fue completada, ampliada, explicada, y corregida. Se ha hablado del Consenso de Washington II y del Consenso de Washington III.
Este programa, junto con el régimen que lo sustenta, colapsó estrepitosamente con la gran crisis estructural del capitalismo; la cual alcanzó su punto de inflexión el mes de agosto del 2008 con el derrumbe del sistema financiero global y el hundimiento de su barco insignia Wall Street. Si los propios neoliberales, creadores del sistema y sostenedores del establishment, fueran consecuentes con su principio fundamental  -la no intervención del Estado en el manejo comercial privado- no deberían haber acudido al Estado para que los rescate de la quiebra económica generada por su propia y directa responsabilidad. Antes de la crisis, el Estado no debía intervenir en nada; luego de presentada la crisis, sin embargo, es el Estado quien debe acudir para salvar a los responsables de la mayor debacle económica que se conozca en la historia; es decir, conservan privatizada la estructura de propiedad y las utilidades de las empresas y obligan a los estados a socializar las pérdidas que ellos han ocasionado.

[1] En economía, la especulación es el conjunto de operaciones comerciales o financieras que tienen por objeto la obtención de un beneficio económico, basado en las fluctuaciones de los precios. Un especulador no busca disfrutar del bien que compra, sino beneficiarse de las fluctuaciones de su precio.
[2] El trabajo. En la Economía, el trabajo es, según la visión neoclásica, uno de los tres factores de la producción, junto con la tierra y el capital. Es la medida del esfuerzo hecho por seres humanos. Históricamente la forma predominante de trabajo fue la esclavitud, pero desde mediados del Siglo XIX, la esclavitud ha ido disminuyendo (aunque sin desaparecer del todo) para ser reemplazada por el trabajo asalariado como forma dominante.
[3] MARX CARLOS, El Capital, en 3 tomos, Traducción Floreal Mazía, Índice de materias, Jorge Correa, (Buenos Aires - Argentina, Editorial Cartago, 1989), Tomo 1, pág. 95.
[4] SISTEMA MONETARIO. Estructura monetaria, sistema legalmente establecido de la circulación monetaria en un país. Comprende: 1) la mercancía, que desempeña la función de equivalente general; 2) la unidad monetaria: el patrón de precios; 3) los medios legales de circulación y los medios de pago (dinero metálico, papel moneda, moneda fiduciaria: billetes de banco) ; 4) el sistema de acuñación de las monedas (de pleno contenido: de oro; subsidiarias - moneda de cambio- de plata y cobre); 5) el tipo de emisión de los billetes de banco y de los valores del Estado (dinero papel). El sistema monetario como forma en que se organiza la circulación del dinero no es único para todos los estados. La base del sistema es la mercancía que desempeña la función de dinero: el oro, la plata o ambos metales a la vez.
[5] PRODUCTO BRUTO INTERNO (PBI). Valor total de la producción de bienes y servicios dentro del territorio nacional.
[6] JOSEPH EUGENE STIGLITZ (Gary, Indiana9 de febrero de 1943economista estadounidensePremio Nobel de Economía (2001). Es conocido por su visión crítica de la globalización, de los economistas de libre mercado (a quienes llama "fundamentalistas de libre mercado") y de algunas de las instituciones internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En 2000 Stiglitz fundó la Iniciativa para el diálogo político, un centro de estudios (think tank) de desarrollo internacional con base en la Universidad de Columbia (EE. UU.). Considerado generalmente como un economista neokeynesiano.
[7] AMARTYA KUMAR SEN (3 de noviembre de 1933 en Shantiniketan, India) es un economista bengalí, conocido por sus trabajos sobre las hambrunas, la teoría del desarrollo humano, la economía del bienestar y los mecanismos subyacentes de la pobreza. Recibió el premio Nobel de Economía en 1998 y el Bharat Ratna en 1999 por su trabajo en el campo de la matemática económica.

[8] RUMIANTSEV A., Economía Política Capitalismo, Manual, 3a ed. (Moscú, Editorial Progreso 1985), pág. 103
[9] RUMIANTSEV A., op. cit. Pág. 164-165
[10] BORÍSOV, ZHAMIN Y MAKÁROVA, Diccionario de economía a política, eumed.net, enciclopedia virtual.
[11] ESTADO SOCIALISTA. Aquel país que se proclama perteneciente al socialismo como sistema económico y social, incluyendo la propiedad estatal o cooperativa de los medios de producción y del suelo.
[12] RAE, edición 22: ORTODOXIA. Conformidad con la doctrina fundamental de cualquier secta o sistema.
[13] MIGUEL GIRIBETS MARTÍNEZ, ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA CRISIS ACTUAL DEL CAPITALISMO
[14] CONSENSO DE WASHINGTON. Listado de políticas económicas durante los años 1990 por los banqueros y centros económicos con sede en Washington DC, EE.UU, como el mejor programa económico que los países latinoamericanos debían aplicar para impulsar el crecimiento. A lo largo de la década el listado y sus fundamentos económicos e ideológicos, tomaron la característica de un programa general. Originalmente ese paquete de medidas económicas estaba pensado para los países de América Latina, pero con los años se convirtió en un programa general.  

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