¡Ya estamos hasta la MADRE de tanta CENSURA...  Di No a la Censura...
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miércoles, 2 de diciembre de 2009

¡Evolucionistas contra Oscurantismo...!


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Orgullosamente evolucionistas
Julio Muñoz Rubio
E
l pasado 24 de noviembre celebramos 150 años de la publicación de una de las obras más trascendentales y revolucionarias de la historia de la humanidad: El origen de las especies, de Charles Darwin (1809-1882).
Ciento cincuenta años es un lapso lo suficientemente prolongado para hacer un balance del resultado de la publicación de este libro. A lo largo de este siglo y medio ha habido tiempo de sobra para sopesar, valorar, debatir, analizar y criticar la obra de este científico británico.
¿Y qué enseñanzas podríamos extraer después de 150 años de evolucionismo darwinista?
Para responder a esta pregunta quizá sea pertinente remitirnos a las palabras del propio Darwin, en las últimas páginas del capítulo XIV (Recapitulación y conclusiones) de su magna obra. En esos párrafos finales, el científico intenta, con ejemplar modestia, pero también con seguridad y optimismo, esbozar las perspectivas futuras que se abren ante la por entonces nueva teoría de la evolución de las especies por medio de la selección natural.
Si a Charles Darwin le fuera dada hoy la facultad de resucitar por un momento y, al levantar la pesada losa que cubre su sepulcro (ubicado en una de las naves laterales de la abadía de Westminster), y contemplara entonces el resultado de su obra, seguramente quedaría asombrado frente a la manera en que las perspectivas que en 1859 él mismo se formuló se han cumplido, y además han sobrepasado todos los cálculos. Y es que a los alcances logrados y previstos por él habría que añadir muchos otros desarrollados después de su muerte.
El hallazgo, en 1900, de las investigaciones de Gregor Mendel (1822-1884) concernientes a las leyes de la herencia condujo a una fusión del evolucionismo con la genética, comúnmente llamada la síntesis moderna, gracias a los trabajos de científicos como J B S Haldande, Julian Huxley, R A Fischer, Sewall Wright, Ernest Mayr y Theodosiuz Dobszhansky, entre muchos otros. Tales avances se reforzaron enormemente con el descubrimiento de la estructura tridimensional de los ácidos nucleicos, en 1953, de James Watson y Francis Crick.
Asimismo, como señalábamos en un artículo publicado en estas páginas el 12 de febrero pasado, el darwinismo ha sido pieza clave para el desarrollo de ramas del conocimiento como la ecología, la paleontología, la antropología, la taxonomía, la filosofía e incluso de aspectos de la sociología, la economía y la lingüística.
El ataque demoledor de Darwin al prejuicio y al autoritarismo religioso, al destrozar el dogma bíblico de la creación, es una de sus más relevantes contribuciones al saber humano, con todas sus consecuencias positivas.
Todo esto, y mucho más, es el resultado de una construcción teórica con fuerte arraigo y fundamento en la realidad material; es el resultado de la adecuada aplicación de razonamientos y argumentos coherentemente construidos, nunca de la elucubración simplona con base en meras imágenes místicas y fetichizadas. Ni de la utilización del prejuicio como norma del pensamiento.
Cuando en febrero pasado celebramos los 200 años del nacimiento de Darwin, comenzábamos en todo el mundo la realización de una interminable serie de actividades para reflexionar sobre el impacto de su teoría. En México instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN) efectuaron numerosos actos a lo largo del año para impulsar esta fascinante reflexión. Hubo coloquios, mesas redondas, debates, conferencias, seminarios y cursos, así como la publicación de libros y artículos. En fin, la investigación, docencia y difusión de la ciencia se sucedieron en una interminable cascada de actos a los que cientos, miles de estudiantes, académicos y público en general asistieron con entusiasmo, con sed de conocimiento, con pasión.
Ha sido un excelente año; ha sido una digna celebración. Con motivos sobrados podemos decir, todos aquellos que en este país hemos participado de ella, que somos orgullosamente evolucionistas; que la UNAM, el IPN y la UAM han cumplido ejemplarmente con su labor de difusión y preservación del conocimiento, de la búsqueda de la verdad, de lucha contra la ignorancia.
Estoy convencido de que en los años por venir el evolucionismo y el darwinismo se podrán consolidar aún más en México y de que se constituirán en piezas claves para derrotar a aquellas personas e instituciones que hoy, desde las esferas gubernamentales, pretenden aniquilar el conocimiento y la sabiduría, y conducirnos hasta las catacumbas de su propia ignorancia.
No lo lograrán. No pasarán.
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viernes, 2 de octubre de 2009

Mi abuelo el Ardipithecus ramidus...


ARDI: Ardipithecus ramidus: FOSIL HOMINIDO MAS ANTIGUO : FOTO





  • El Ardipithecus ramidus, de 4.4 millones de años, arroja luz sobre un ancestro común hombre-mono
  • Fósil descubierto en Etiopía, el homínido más antiguo: expertos
  • Perteneciente a una hembra, bautizada Ardi, revela características biológicas desconocidas
  • La criatura, mosaico interesante, cuya mano es más primitiva que la de un chimpancé: experto

Washington, 1º de octubre. El esqueleto de homínido más antiguo encontrado hasta ahora, de 4.4 millones de años de antigüedad, arroja luz sobre una nueva etapa en la evolución del hombre que lo acerca al ancestro común de humanos y monos, según un estudio divulgado el jueves.

El esqueleto fue hallado en Etiopía en los años 90. Su rescate entre 1992 y 1994, pieza por pieza, así como de decenas de otros fósiles pertenecientes a esta especie de homínido bautizado Ardipithecus ramidus, revela características biológicas hasta entonces desconocidas del primer eslabón en la evolución del hombre desde sus orígenes, según los resultados de los análisis de estos investigadores.

Este fósil de una hembra bautizada como Ardi es el esqueleto más antiguo conocido de la rama humana de la familia de los primates, que comprende los Homo sapiens, así como especies más cercanas al hombre que los chimpancés y los bonobos, subrayó el equipo internacional de paleoantropólogos y de géologos, cuyos estudios aparecen en la revista estadunidense Science del 2 de octubre.

El análisis del cráneo, los dientes, la pelvis, las manos, los pies y otros huesos de Ardi llevó a los científicos a deducir que en vida se trataba de una hembra bípeda que pesaba 50 kilos y medía 1.20 metros.

El estudio de Ardi permitió una nueva comprensión de la manera en la cual los homínidos –que engloban la familia de los grandes simios, entre ellos los humanos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes– podrían descender de un ancestro común, precisó Giday WldeGabriel, del laboratorio nacional de Los Álamos (Nuevo México), quien dirigió los estudios de datación geológica del sitio del hallazgo.

Se estima que el último ancestro común a los humanos y los chimpancés habría vivido hace unos seis millones de años.

Hasta el descubrimiento de Ardi, el eslabón más antiguo conocido de la evolución del hombre era un hombre-mono bípedo dotado de un pequeño cerebro, que vivió hace entre uno y cuatro millones de años.

Lucy tiene 3.2 millones de años

Lucy, un fósil de un especimen de australopiteco y que data de hace 3.2 millones de años, fue descubierto en 1974, también en Etiopía, a unos 72 kilómetros de donde se encontró a Ardi, 20 años más tarde.

Ardi era más primitiva que Lucy, indican los análisis comparativos de su esqueleto y de los otros restos fosilizados de Ardipithecus, subrayan estos investigadores.

Tras el hallazgo de Lucy, los paleo-antropólogos esperaban –al descubrir posteriormente fósiles del homínido más antiguo– encontrar el ancestro común del hombre y el chimpancé, basándose en las tres grandes similitudes genéticas entre ambos.

Pero el esqueleto de Ardi no corrobora esta expectativa, explicó Tim White, profesor del Centro de Investigación sobre la Evolución Humana de la Universidad de Berkeley (California), uno de los principales autores de esta vasta investigación.

Ardi, al acercarnos más que nunca al ancestro común de los monos y el hombre, nos permite realmente imaginar sus rasgos, indicó. “Esta criatura (Ardi) es de hecho un mosaico interesante, ni chimpancé ni humano”, añadió, observando que la mano del fósil es incluso más primitiva que la de un chimpancé

http://kikka-roja.blogspot.com/2009/10/ardi-ardipithecus-ramidus-fosil.html
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jueves, 6 de agosto de 2009

Evolución o Religión...



El evolucionismo y la necesidad de ser ateo

Julio Muñoz Rubio

Las declaraciones del presidente Felipe Calderón en las que responsabiliza al ateísmo de la drogadicción de miles de jóvenes, debe hacer pensar sobre el papel que las religiones han desempeñado históricamente en la dispersión de mentiras y falsedades.

Sin embargo, nos topamos con un obstáculo: la exigencia de respeto a las religiones es uno de los valores más universalmente aceptados. La religión ha aparecido siempre revestida de una gruesa y misteriosa capa protectora que le impide ser cuestionada. Es curioso que no ocurra así en otro tipo de debates.

Se pueden atacar las creencias u opiniones de toda persona en casi cualquier otro ámbito de la vida: puede debatirse sobre lo que sea: PAN contra PRD, Chivas contra América, Sky contra Cablevisión, Beatles contra Rolling Stones, alopatía contra homeopatía, etcétera. Pero, ¿ateísmo contra religión? ¡Cuidado! Que nadie ose alzar la voz para cuestionar, aunque sea de manera mínima a la religión o a sus seguidores, porque a la menor provocación se alza firme la voz que exclama: ¡Respeto a mis creencias!

Pero, ¿hasta qué punto está justificada esta actitud? ¿Hay que respetar, sobre cualquier otra cosa, las creencias religiosas sin importar lo que impliquen? Un análisis atento del asunto, como el que realiza el zoólogo y evolucionista británico Richard Dawkins en su reciente libro, El espejismo de Dios, muestra que esto no tiene por qué ser así.

Si bien es cierto que cada quien tiene derecho a creer lo que quiera, y es de elogiar que muchas personas, impulsadas por su religión, hayan luchado, a veces hasta dar la vida, por la justicia y la libertad, eso no puede dejar de lado el carácter mismo de la religión en cuanto a su valor de verdad. No es simplemente que el mundo de la fe y el de la ciencia estén separados y no tengan punto de contacto y por tanto que la ciencia o los científicos no se ocupen de religión. Esa explicación no basta, dice Dawkins con razón.

Sin caer en el cientificismo chocante, sí hay que recalcar que hace 150 años Charles Darwin, con rigor científico sobresaliente, demostró la falsedad de la visión religiosa en cuanto a la naturaleza del mundo vivo y la creación. Demostró que la visión creacionista es una mentira, la cual, sin embargo, se ha propalado por el mundo, a pesar de la evidencia científica en su contra, gracias al poder de las instituciones eclesiásticas.

La falsedad de la religión puede ser puesta a prueba científicamente. También de esta forma se puede demostrar que los muertos no pueden levantarse y andar, que los espíritus de las personas no pueden subir al cielo, que las piedras no se pueden convertir en pan ni el agua en vino, que Dios no existe.

Así, no es posible unir a la ciencia con la religión. Un principio básico de la lógica dice que dos proposiciones contrapuestas no pueden ser verdaderas simultáneamente: es una o la otra.

La exigencia abstracta de respeto a la creencia religiosa pasa por alto, además, las formas concretas con las que por milenios la religión le ha sido impuesta a millones de personas: oleadas de niños a lo largo de la historia han sido obligados mediante crueles castigos, sufrimientos, chantajes, creación de sentimientos de culpa, de inferioridad y de cultivar el sadomasoquismo, a adoptar principios religiosos, en una etapa de su vida en la que no pueden comprender de qué se les está hablando ni se les da la oportunidad de conocer otras visiones del mundo. Mediante guerras santas se ha obligado a pueblos enteros a someterse a los dictados de las instituciones que se autodefinen como la elegidas para imponer sus creencias religiosas.

¿A título de qué tienen que respetarse esas prácticas?

No, la humanidad hace tiempo que ha sido capaz de salir de las catacumbas de la mentira religiosa. La teoría de la evolución de Darwin revolucionó el mundo, porque sustituyó una visión falsa por una verdadera y la búsqueda incesante de la verdad, y con ello realzó la superioridad ética de la verdad frente a la mentira y el ocultamiento. En un mundo como el presente, en un México como el actual, en el que las fuerzas más oscurantistas se solazan en dominar a sangre y fuego y fomentar la ignorancia y el fanatismo para perpetuar la injusticia, la búsqueda de la verdad adquiere un carácter subversivo y revolucionario que jamás ha tenido. El evolucionismo es una de las mejores herramientas para eliminar la imposición religiosa de la condición humana.

http://www.jornada.unam.mx/2009/08/06/index.php?section=opinion&article=a03a1cie

domingo, 7 de junio de 2009

Mis cuates: Malthus y Darwin...

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¿Que soy hijo de la Changada? Pues según Darwin, no. Pero según mi comadre Licha, sí. Según Darwin el homo es una rama distinta del chango. Pero según mi comadre no hay duda de que soy un chango y tan es su mala leche que, cuando por casualidad me visita algún domingo allá en el cantón, me lleva una penca de plátanos. Según Darwin el homo sapiens es sobreviviente de una lucha por la vida. Según mi comadre, nos visita ciertos domingos, porque sus hijos (ahijados de mi vieja), le piden que los lleve al zoológico. Según Darwin una especie desaparece y otra nace. Según mi comadre, desea mi buena salud y que viva muchos años, al menos hasta que los chamacos cumplan 15 años y ya no les atraigan los changos del zoológico. Tanto Malthus como Darwin estudiaban las evidencias para sacar conclusiones interesantes. ¿Y mi comadre qué tanto sabrá del asunto?…
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Malthus y Darwin

Jorge Durand

Cuando Malthus publicó su famoso Ensayo sobre la población, en 1798, planteó el problema de la lucha por la sobrevivencia de la especie humana. Su tesis se basaba en la presunción de que la población crecía a escala geométrica, mientras la producción de alimentos sólo podía crecer a nivel aritmético. La diferencia entre ambos ritmos de crecimiento era tan grande que se imponía necesariamente una lucha por el control de los recursos y los medios de subsistencia.

Su planteamiento no sólo fue rebatido teóricamente, sino que en la práctica se pudo demostrar que la sociedad puede controlar el crecimiento de la población y que ha podido incrementar de manera notable la producción de alimentos. Ya no es un asunto de escasez de tierra, como decía Malthus, sino de tecnología y productividad. Obviamente, en este proceso la humanidad ha depredado el medio ambiente y explotado al máximo una serie de recursos que a la larga pondrán en riesgo la existencia de muchas especies, ecosistemas y eventualmente los humanos.

A pesar de las limitaciones del planteamiento de Malthus, su obra fue detonador clave en la historia del pensamiento moderno. Los biógrafos de Darwin dicen que éste leyó a Malthus para distraerse de sus temas preferidos, relacionados con las ciencias naturales. Sin embargo, fue la lectura de Ensayo sobre la población, la que lo llevó a culminar su planteamiento sobre el origen y evolución de las especies. A partir de la lucha por la existencia, término acuñado por Malthus, Darwin plantea el proceso natural de selección de las especies de acuerdo con su capacidad para adaptarse a un medio ambiente determinado. Las especies más fuertes y mejor adaptadas no sólo sobrevivían, sino que transmitían sus cualidades a la descendencia. Los primeros esbozos de Darwin sobre la evolución fueron plasmados en un primer borrador dado a conocer en el círculo cerrado de sus colegas y amigos en 1842.

Mientras Darwin refinaba sus planteamientos sobre la evolución durante más de una década y buscaba más pruebas que la corroboraran, A. R. Wallace, otro naturalista británico, también fue influido por la lectura de Malthus y llegó prácticamente a las mismas conclusiones; la lucha por la existencia que planteara Malthus se expresaba en la naturaleza en un proceso de selección de los más aptos.

Las conclusiones de Darwin y Wallace fueron muy similares, pero su manera de trabajar totalmente distinta. Darwin tenía como propósito desarrollar su teoría y buscar el mayor número de pruebas para publicar una obra definitiva. Wallace, por su parte, más intuitivo y arriesgado, escribió un ensayo al respecto y se lo envió a Darwin para pedirle su opinión.

Darwin confiesa que el ensayo de Wallace era el mejor resumen que se podía haber hecho de sus propios planteamientos, que todavía no habían sido publicados.

En un gesto caballeresco de ambas partes, que vale la pena recordar, ambos naturalistas presentaron sus planteamientos en la Linear Society de Londres, en 1858. Pero fue Darwin el que pudo escribir, al año siguiente, el libro definitivo: El origen de las especies.

Celebramos el bicentenario del nacimiento de Darwin y 150 años de la publicación de El origen de las especies. De igual manera han pasado 210 desde la primera edición del Ensayo de la población, de Malthus. Ambas posiciones siguen causando debate, pero los honores se los ha llevado Darwin. Los planteamientos de Malthus han sido refutados por la historia y la evidencia empírica. Pero su pregunta sobre el futuro de la especie humana y la relación entre el crecimiento de la población y la producción de alimentos sigue siendo pertinente.

Paradójicamente, la lucha por la existencia ya no se plantea como un dilema entre el crecimiento de la población y la producción de alimentos. De igual modo han perdido fuerza las posiciones de Marx al plantear la lucha por la existencia como una lucha de clases. Las experiencias históricas donde se pretendió eliminar, reducir o suprimir la lucha de clases, han sido exitosas en cuanto al control del crecimiento de la población, pero no en cuanto a la producción de alimentos.

La lucha por la existencia en el siglo XXI es un asunto de redistribución y justicia global, algo mucho más difícil de resolver que limitar el crecimiento de la población y aumentar la productividad.

http://www.jornada.unam.mx/2009/06/07/index.php?section=opinion&article=015a1pol
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martes, 17 de febrero de 2009

Cuando desperté...Darwin seguía ahi...


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EL MAESE DARWIN

Según Darwin mi maestro,
el hombre es un eslabón
un paso en la evolución
del erectus nuestro ancestro,
tanto mío como vuestro
es el mundo donde habito...
los dinos son un cachito
de inmensa naturaleza
¿Porqué no amar la grandeza
de evidencia que no es mito?
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Darwin: 'Historias de la ciencia'
Publicado el 13 de Febrero de 2009 en Historias de la ciencia por omalaled 
Tiempo aproximado de lectura: 8 minutos y 1 segundo 
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¿Qué os puedo explicar de Charles Darwin que no sepáis ya? Le he dedicado varios artículos en 12 y 3. No obstante, me habían quedado unos apuntes desordenados que no encajaban en ninguno de ellos y que se hubieran quedado en el baúl de los recuerdos de no ser porque tengo la excusa perfecta: el 200 aniversario de su nacimiento. Dichos apuntes hablan de lo que opinaban sus hijos sobre él y de sus conflictos con la religión.

En su autobiografía, sir Francis Darwin, uno de sus hijos, habla de sus recuerdos sobre nuestro hombre. Y la verdad, ojalá algún día mis hijos hablaran así de mí. Son palabras de pura admiración como científico, como persona y como padre. Absolutamente demoledoras:

Con sus hijos mantenía una encantadora manera de expresar su agradecimiento. Jamás le escribí una carta, o le leí una página en voz alta, sin recibir a cambio unas palabras de reconocimiento. Su amor y bondad hacia su pequeño nieto Bernard eran inmensos; y a menudo hablaba del placer que se suponía ver su carita frente a él durante las comidas.

Una de sus hijas también escribía:

Se interesaba por todas nuestras ocupaciones y aficiones y compartió nuestra vida como muy pocos padres hacen. Pero estoy segura de que ninguno de nosotros tuvo nunca la sensación de que esta intimidad interfiriese en lo más mínimo con nuestro respeto y obediencia. Todo lo que decía era para nosotros la ley y la verdad absoluta. Ponía todo su empeño en responder a cualquiera de nuestras preguntas. Un ejemplo nimio me hace pensar en lo mucho que le importaba todo lo que a nosotros nos importaba. Los gatos no le gustaban especialmente, pero aun así conocía y recordaba los rasgos individuales de mis muchos gatos, y seguía comentando las costumbres y el carácter de los más destacados años después de que hubieran muerto.

Sigue hablando Francis Darwin:

Como señor de la casa era muy amado y respetado; siempre se dirigió a los criados con educación, utilizando la expresión “sería tan amable” cuando pedía alguna cosa. Casi nunca se enfadaba con sus criados; y viene a demostrar las raras veces que esto sucedía el hecho de que cuando de pequeño oí en una ocasión por casualidad a mi padre regañando enfadado a un criado, me impresionó, me quedé horrorizado y recuerdo subir corriendo las escaleras imbuido por una sensación general de pavor.

Charles Darwin quería aprender de todo experimento que realizaba y por ello los consideraba como algo sagrado. Tenía necesidad, incluso, de tomar notas sobre sus experimentos fracasados. Nunca pasaba por alto las excepciones. Una de las expresiones que su hijo recuerda que repetía era: No estaré tranquilo hasta que lo haya probado. Es más, percibía su trabajo experimental como unas vacaciones (el resto del tiempo estaba enfrascado entre libros) y se consideró a sí mismo perezoso por dedicar mucho tiempo a observar la fertilización de las orquídeas. Incluso en una carta afirmó:Que Dios me perdone por ser tan perezoso; estoy ridículamente interesado en este trabajo.

Despreciaba el amor por el honor y la gloria, y solía culpabilizarse del placer que le proporcionaba el éxito de sus libros. En una de sus cartas a Lyell se muestra la rabia que sentía hacia sí mismo por ser incapaz de reprimir su sensación de frustración ante lo que consideraba la anticipación del señor Wallace a todos sus años de trabajo...

Leer nota completa... 




jueves, 12 de febrero de 2009

Ese es mi Darwin... ¡Vale!


El mundo lo celebra
Notimex, MÉXICO, D.F.

El mundo entero celebrará a lo largo de 2009 los 200 años del nacimiento del naturalista y científico británico Charles Darwin, acontecimento ocurrido el 12 de febrero de 1809, autor de "El origen de las especies", libro que revolucionó las ciencias exactas y sociales.

De acuerdo con la página electrónica abc.com.es, de las decenas de actos y homenajes que se preparan en honor de quien es considerado el científico más importante, y discutido, de la historia, hay uno que es el más modesto pero también el más duradero.

Se trata de la impresión de la imagen de Darwin en la etiqueta de una conocida marca de anís, lo que no es casualidad, pues el científico británico sentó las bases de la teoría de la evolución con su concepto del desarrollo de todas las formas de vida a través del preceso lento de la selección natural.

El trabajo de investigación del naturalista tuvo una influencia decisiva sobre las ciencias de la vida, la Tierra y el pensamiento moderno en general.

En datos
* El 12 de febrero de 1809 nació Charles Robert Darwin en Shrewsbury, Inglaterra

* 27 de diciembre de 1831 se embarcó en el Beagle en un viaje de 5 años por Sudamérica

* 28 de septiembre de 1838 conoció el ensayo sobre la población de Robert Malthus

* 24 de noviembre de 1859 publicó la primera edición de ‘Sobre el origen de las especies’

Mucho por Darwin...


La Iguana rosada
En 1835 Darwin pasó cinco semanas en las Islas Galápagos y describió diferentes iguanas marinas y terrestres, pero no se percató de la existencia de una curiosa variedad rosada.

El ejemplar, localizado hasta 1986 y que sólo se ha visto en el volcán Wolf en una de esas islas del Pacífico, es una evidencia más de la evolución, según un estudio publicado en enero en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Las evidencias halladas por los autores del trabajo sugieren que en vez de ser una forma de las especies terrestres principales ("Conolophus subcristatus"), la iguana rosada debe considerarse como una especie distinta.

El legado de Darwin y la evolución

Por: El Universal, Jueves, 12 de Febrero de 2009
Nació hace 200 años, y sus postulados sobre los cambios que ha sufrido el hombre aún siguen vigentes, en opinión de José Sarukhán y Antonio Lazcano

MÉXICO, D.F.

Calificada como la idea científica más influyente de todos los tiempos, la tesis de la evolución sigue vigente y se fortalece en virtud de múltiples nuevas aportaciones, pese al rechazo que aún concita entre algunos sectores religiosos.
A punto de cumplirse 200 años del nacimiento de Charles Darwin, la perspectiva evolucionista por él postulada ha influido en todas las ramas del saber humano y en nuestra forma de percibirnos, ya no como seres únicos o superiores, sino como una especie animal entre las demás.
Como expresó el etólogo Desmond Morris, la obra de Darwin nos hizo vernos ya no como ‘ángeles caídos’, sino como simios erguidos en el mundo natural.

"Un factor de enorme impacto en la labor de Darwin es el reconocimiento no sólo de que los humanos somos primates, sino también que muchos de los rasgos esenciales de hombres y mujeres pueden explicarse viéndonos sólo como entidades biológicas", considera el doctor Antonio Lazcano Araujo.

"La idea de la selección natural como un factor determinista que actúa sobre la diversidad biológica —descrita de manera aleatoria, es decir, por procesos de azar— es absolutamente revolucionaria y modificó por completo nuestra visión de la vida", añade el biólogo y catedrático de la Facultad de Ciencias de la UNAM.
La tesis darwinista —que ha sido ampliamente probada— explica cómo cambios azarosos en la información genética de los organismos, en combinación con factores ambientales a través de los que se expresa la selección natural, dan lugar a la evolución.
"No existe, por lo menos hasta ahora, mejor explicación científica sobre el proceso por el cual se han originado todas las especies, incluida la nuestra", comenta por su parte el doctor José Sarukhán Kermes, investigador del Instituto de Ecología de la máxima casa de estudios de la República mexicana.

Más allá de la biología

Sarukhán cita al genetista ruso Theodosius Dobzhansky para describir la relevancia en la perspectiva del naturalista inglés: "Nada tiene sentido en la biología si no es a la luz de la evolución".
Además —añade Sarukhán— "la enorme capacidad de observación, de recopilación de datos y de análisis de Darwin le permitió abrir y sentar bases muy importantes en otras áreas de las ciencias biológicas, como la ecología, la biogeografía, la ecología de poblaciones, entre otras más".
Eso no es todo: el modelo evolutivo se ha aplicado exitosamente en áreas como la medicina o la química farmacéutica con el uso de múltiples variedades de una molécula básica para probar sus efectos terapéuticos, catalizadores, etcétera, y así seleccionar la más "apta" al fin buscado.
Incluso en el mundo virtual tiene gran utilidad, como lo subraya el profesor Lazcano: "La idea de la selección natural puede aplicarse a muchos sistemas que aunque no estén vivos se replican con variación.
Un ejemplo espléndido son ciertos programas de cómputo y, por supuesto, los virus informáticos.
"Aunque el nombre inicial de estas entidades surgió como una mera analogía, en realidad muestra propiedades que la hacen muy instructiva. En informática, por ejemplo, hay toda una tendencia a desarrollar defensas contra los virus, equivalentes al sistema inmunitario de los animales.
!Y funcionan!", dice el biólogo.
Aunque el científico Charles Darwin desconocía muchos aspectos científicos que luego se determinaron y usaron para completar su enfoque (por ejemplo, los mecanismos genéticos de transmisión de la herencia y las simbiosis, uniones que permiten sobrevivir a organismos), lo esencial de su legado permanece.

Fortalecer su enseñanza

"Darwin propuso una teoría basada en observaciones de plantas y animales y ahora vemos mecanismos en las bacterias que les permiten pasar de una especie a otra ‘trocitos’ de ADN y con ello desarrollar resistencia a los antibióticos.
La teoría se ha expandido y refinado, pero su esencia sigue siendo válida", considera Lazcano.

El experto reconoce que aun cuando en México no existen grupos fundamentalistas opositores al darwinismo en las escuelas, como sucede en EU, es preciso fortalecer su enseñanza sobre todo en carreras como medicina, veterinaria, antropología y sicología.
El ex rector de la UNAM José Sarukhán comparte esta visión, pero advierte que "la Iglesia católica tiene la misma resistencia a la idea de que, a consecuencia de las ideas evolucionistas por medio de una selección natural, no hay necesidad de un creador para que la vida en nuestro planeta, incluyendo a nuestra especie, haya existido".



Si soy hijo de 'La Changada'....



El legado de Darwin y la evolución