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lunes, 22 de diciembre de 2008

La Truculenta Historia de las Monjas de Hipolito Reyes Larios y el Despojo a Simona...

Arzobispo Hipólito Reyes Larios



LA TRUCULENTA HISTORIA DE LAS MONJAS DE HIPOLITO REYES LARIOS, Y EL DESPOJO CONTRA SIMONA.

A sus 84 años, Simona Sanchez Alcantara es una ancianita correosa y derechita. Su cara arrugada infunde respeto y ternura. Aunque no demuestra el sufrimiento, la peor tragedia de su vida ocurrió precisamente en el último tramo de su vida. Hace un poco más de diez años comenzó la tragedia de Simona, cuando conoció a unas monjas pertenecientes a una congregación llamada “Hermanas del Refugio”. Al frente del grupo de monjas venia una de nombre de Margarita y otra con el de Genoveva. Simona fue propietaria durante muchísimos años de un solar de 2.6 hectárea donde tradicionalmente su familia sembraba para vivir. La caña de azúcar era lo último que se sembraba y cosechaba en las tierras de Simona. Era un pingue negocio, pues el ingenio azucarero ponía prácticamente todo para sacar la caña como producto, y al final liquidaba el resultado del corte de caña, descontando todos los costo. Poco dinero quedaba, y peor el asunto, ya que en estos lugares tan altos del nivel del mar y sobre todo fríos, la caña tarda dos años en crecer, y no uno, tal cual ocurre en zona caliente. Para ayudarse un poco y disponer de más dinero para cubrir los achaques de su vejes, Simona vendió a unas persona un pedazo de terreno. Simona era llamada cariñosamente por los pobladores de Mariano con el sombre nombre de “La Cebolla”; se pierde en el tiempo, el cuando y el porqué del alias. Cuando ‘La Cebolla’ conoce a las monjas, se ofrece amablemente, para prestarles un pedazo de tierra donde ellas pudieran hacer una casita de madera y permitir con esto que realizaran su servicio de ministerio religioso. Es costumbre en nuestra gente de ranchos y pueblos tener un respeto y admiración, que raya en la veneración hacia todo representante religioso, sea cura o monja. De esto precisamente, las monjas se agarraron para tener su casita en Mariano Escobedo.
El pueblo de Mariano Escobedo es un municipio de Veracruz que se encuentra a 8 kilómetros del municipio de Orizaba, precisamente en el camino hacia el volcán del Citlatepétl, conocido también como volcán de Orizaba. El pueblo, se encuentra enclavado en las faldas del volcán por lo que hace mucho frió. Actualmente, la gente se dedica a la siembra de pinos, y colecciona follaje para el adorno de los arreglos de flores, siendo el mercado principal la Central de Abastos del Distrito Federal en México. La caña de azúcar, se siembra cada vez menos pues no resulta negocio.
Durante varios años, las monjas convivieron con Simona en forma apacible. Como es natural, a Simona le llegó una enfermedad que la postró en cama, y como no tiene familia directa, pues las monjas se ofrecieron a cuidarla. Desde luego que gran parte del problema de Simona, al igual que muchísimos ancianos, lo constituye la desnutrición. Muy acomedidas las monjas, llevaron a Simona a vivir un tiempo en su convento de Orizaba. La trama del despojo se inicia en este convento, ya que Simona estaba enferma y sus achaques hacían suponer a las monjas que su muerte estaba cerca. No se requiere mucha imaginación para intuir qué pasó dentro de los entresijos del convento. Simona era la única dueña del terreno y además no tenía descendiste directos y prácticamente sin familia. ¿Qué pasaría con la casita que las monjas tenían en Mariano si Simona fallece? Tenían que hacer algo las monjas y pronto. Así qué, estando en la cama la ancianita, la monjas la convencen de que está en lecho de muerte y por lo mismo debe arreglar la herencia de su terreno, y por supuesto, dejar bien claro que la casita de las monjas en Mariano, es propiedad de las monjas. ¿Quién podría dudar de la buena intención de monjas tan caritativas? Desde luego que Simona no. Casi escucho decir a la monja Margarita – Simona, vamos con el Notario para que dejes arreglado todo antes de tu muerte-. ¿Qué habrá sentido Simona en ese momento? Supongo que un temor real al infierno, y una ventanita al paraíso si procedía como lo recomendaba la monja Margarita. Presurosa la monja Margarita acudió al Notario con los papeles necesarios y proveídos por la anciana. El Notario se tardó cierto tiempo en hacer los arreglos de la escritura, en el trascurso del cual, Simona empezó a recuperarse sobre todo por la buena alimentación que nunca falta en un convento. Finalmente, hubo una cita para firmas y las monjas acompañaron a Simona al Notario. El analfabetismo es común en los ancianos de nuestro país, y Simona no es la excepción, difícilmente lee y poco sabe escribir, además carece de firma. La anciana escuchaba la lectura que el Notario hacia del escrito sin entender lo que se decía, las monjas muy atentas, ayudaron a levantarse del asiento a la ancianita para que firmara, Simona estampó su huella digital con cierto esfuerzo pues todavía se encontraba débil. Las monjas regresaron a la ancianita al convento y continuó su tratamiento. Pasaron varios meses y para su propio infortunio, Simona no se murió. Cada día más fuerte, la anciana era poco a poco una carga para las monjas. Un buen día le dijeron las monjas que podía marcharse a su casa de Mariano. Abandonó el convento y llegó Simona a su humilde casa, prosiguiendo la rutina a la que estaba acostumbrada.
Un mal día, llegó la monja Margarita a casa de Simona, y sin más, le dijo que debía abandonar el terreno, puesto que ya era de ellas y necesitaban desocuparlo. La ancianita enmudeció y no supo qué contestar. -¿Qué haré? – se preguntó y no supo contestarse.
Acudió al municipio y no obtuvo respuesta. Acudió con el Obispo Hipólito Reyes Larios, puesto que se supone, es la autoridad religiosa en la diócesis de Orizaba y pudiera influir en las monjas y evitar que se consumara el despojo. Después de cierta consulta, la respuesta que dio el Obispo fue contundente “No puedo intervenir, es cosa de particulares”. El despojo era evidente, las monjas hicieron creer al Notario que Simona les había vendido todo el terreno y para ello estampó su huella digital. Todo fue legal, le informaron al Obispo Hipólito Reyes, y él sin más, se hizo a un lado.
Como la ancianita no quería retirarse de la que consideraba su casa, las monjas le pidieron a la fuerza pública desalojara a la ancianita, y de paso también a los otros inquilinos que le había comprado un pedazo de terreno a la anciana, y que no tuvieron la precaución de hacer escrituras cuando le compraron a Simona. La autoridad del municipio práctico el desalojo con la fuerza pública, y las monjas antes que tarde, mandaron una máquina para que barriera todo aquello que les estorbaba, incluida la casa de Simona. Sin nada en la vida, más que sus fuerzas, Simona levantó con unas piedras y pedazos de plástico una improvisada casita en la calle, a las orillas del terreno que le despojaron. Las gentes del pueblo le llevaron cobijas y algunos cartones para que se protegiera del filoso frió que hace por la madrugada. Finalmente las monjas “Del Refugio” (¿?) dejaron sin refugio a Simona, vendieron el terreno al mejor postor y se desentendieron del problema. En tanto Simona, llamada cariñosamente “La Cebolla”, llora su tragedia durmiendo en la calle y sobreviviendo de lo que las buenas gentes del pueblo le regalan. Tres años pasó Simona en la calle en una casita de piedra, palos y lonas. Cuando pasé por Mariano hace menos de un mes, por el que fue terreno de Simona, vi que ya no estaba su improvisada casita. Entonces pregunté a los vecinos por la anciana, y me comentaron que la familia Durán Reyes, le había habilitado un alojamiento en un terreno de su propiedad y que ahí vivía Simona. El Obispo Hipólito Reyes Larios en este 2008, ya es Arzobispo de Xalapa, y le vale madres lo que pase con Simona. De las monjas nada se sabe en Mariano, es de suponer que gozan de la jugosa ganancia con la venta del terreo, y sin duda hacen una plegaria por Simona: ”Señor Jesús, llevatela pronto”.
En cambio Simona sigue fiel a su costumbre religiosa y en su dolor, solamente atina a decir "Yo por eso confío en mi Diosito, aquí los mortales no me hacen justicia, pero habrá de llegar momento en que tengan que rendir cuentas y estoy segura que no se irán al cielo, porque son malos".