¡Ya estamos hasta la MADRE de tanta CENSURA...  Di No a la Censura...
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viernes, 31 de octubre de 2008

Cuento de La bruja doña Paz...

La bruja doña Paz
La Jornada

José Cueli

Vivimos días aciagos. El panorama mundial, a todos los niveles, pinta negro, muy negro. Reina el caos y lo más patético es: lo único que puede recibir el adjetivo de organizado es el crimen. El mundo parece un aquelarre. Los brujos: avaros insaciables y corruptos han puesto al mundo patas arriba.
Los pobres mortales nos sentimos viviendo en medio de un cuento de terror como esas pesadillas aterradoras que parecen no tener fin. Los brujos malignos inventaron pócimas esperpénticas tales como el neoliberalismo, la globalización, las bombas inteligentes y las guerras preventivas. El resultado de tales hechizos fatales está a la vista.
El recuento da escalofríos: guerras, invasiones, miles de muertos urbi et orbi, terrorismo al alza y la economía mundial destrozada.
Las malas artes de dichos brujos han dañado al mundo entero, pero después de los destrozos que han causado no saben revertir los efectos de sus brujerías. Ante tales circunstancias los ciudadanos de a pie nos sentimos confusos, abrumados y atemorizados. Pesa sobre nosotros una sensación de desamparo que nos conduce a una situación regresiva donde los traumas y las pérdidas infantiles se resignifican.
No queda más que esperar. Mientras tanto hay que buscar refugios tales como la literatura. Los buenos libros y el buen arte son excelentes bálsamos para mitigar las heridas del alma. ¿Quién no ha escuchado a un niño atemorizado pedir que le cuenten un cuento para poder dormir?
A propósito de cuentos (pero de los buenos) y viendo la zozobra en que vivimos recordé un viejo relato de Antoniorrobles:
La bruja doña Paz.
Antonio, quien vivió los horrores de la guerra y el dolor del exilio, creo que intentó curar sus heridas con la escritura y particularmente mediante cuentos para los niños como el ya mencionado y el famoso Rompetacones, entre otros.
La encantadora bruja doña Paz fue un personaje que fascinó tanto a niños como a adultos. Tenía muchas de las características que la sociedad actual ha ido perdiendo paulatinamente: bondad, valor, esperanza, tesón, imaginación, compasión por los que sufren y capacidad de compromiso con el semejante.
Esta bruja buena se aflige al ver cómo se matan los hombres en una guerra, como todas, absurda y cruel. Auxiliada por un grupo de niños alados de diferentes razas (“blancos, negros y amarillos”) planea una estrategia para detener el conflicto bélico.
Doña Paz y sus pequeños aliados deciden sobrevolar la zona de conflicto arrojando costales con cientos de juguetes en ambos frentes. Debido al impacto, los juguetes se fragmentaban y mientras una parte caía en terreno de unos el otro fragmento caía en terreno de los enemigos.
Los combatientes de ambos bandos empezaron a internarse en la trinchera contraria en busca de las piezas perdidas de los juguetes que encontraban a su paso. Negociaban unos con otros permutando, por ejemplo, el brazo de una muñeca por la llanta de un cochecito.
El cese del fuego llegó como por arte magia. Se hizo la paz. Los soldados deseaban llevar un juguete para sus hijos a quienes extrañaban y anhelaban tener en sus brazos.
Los cuentos, cuentos son. Sin embargo, los buenos cuentos siempre dejan una huella además de una enseñanza. Si los brujos voraces y avariciosos que han montado este aquelarre mundial con sus chapucerías tuvieran siquiera un poco de ingenio y respeto por los demás el panorama mundial sería otro.
Entretanto, invoquemos a la bruja doña Paz a ver si logra arrojar por el mundo costales de sentido común, escrúpulos y decencia sobre los brujos voraces.

jueves, 13 de septiembre de 2007

La liga de la Nalga Izquierda...



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. . . . . Chucho Nacha Zurda. . . . .

Cuentos de humor negro...

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En el siglo pasado, allá por la década de los sesenta, los chamacos esperábamos entusiasmados la llegada del domingo, porque a eso de la 8 de la noche salía por la tele un personaje llamado “cachirulo”, quien nos contaba y actuaba un cuento de color rosa pastel. La imagen del televisor era en blanco y negro, pero nuestra imaginación era mayor y pintaba de colores esos cuentos. Nuestra familia no tenía un televisor y entonces acudíamos a una tiendita donde vendían gelatinas y cobraban por mirar la tele. Hoy, extraño todavía las imágenes en blanco y negro, porque ciertas biografías merecieran ser descritas y trasmitidas por el “cachirulo”, pero a contra pelo de su costumbre, estas estarían llenas de humor negro y de un color gris lodo. Veamos una de ellas.



.......Liga de la Nacha Zurda.....
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EL Corrido Negro de René Arce Islas

*EL Corrido Negro de

René Arce Islas

*Prevalece el Cochupo

y la Tranza en Iztapalapa


La crisis
(13/08/2002)

El perredista René Arce Islas sigue los mismos pasos que los cantantes de ranchero, al grado que, en la grilla, se maneja con su nombre artístico.

Ex guerrillero oaxaqueño de los setenta, "luchador social", ex perretista, ex líder sindical aéreo, perredista y actual jefe delegacional en Iztapalapa, maneja un alias en su carrera política, Rene Arce Islas, toda vez que su verdadero nombre es Oscar Cirigo Vázquez.

Es un secreto a voces que la demarcación de Iztapalapa la ve "como un negocio personal para sus aspiraciones políticas" y no repara en vender su alma al propio diablo, disfrazado de PRI o PAN.

Sedicente jefe de la corriente perredista Nueva Izquierda (NI) en Iztapalapa, René Arce y su líder nacional de la NI, Jesús Ortega, con oídos sordos y "puertas cerradas", se muestran autoritarios con la ciudadanía y sus correligionarios de grupo, y a ambos se les olvidan sus discursos públicos demagógicos sobre la democracia, moral y honestidad.

Se han olvidados de las organizaciones sociales que los han apoyado y lejos de cobijarlos políticamente, Oscar Crigo, ordenan reprimirlos con la fuerza pública, sobre todo si le demuestran independencia.

El jefe delegacional en Iztapalapa es investigado por las Contralorías de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y la del Gobierno del Distrito Federal, por no entregar cuentas claras y presuntamente desviar recursos del pueblo.

Bajo la lupa se encuentra también su grupo político encabezado por su hermano Víctor Hugo Cirigo, Ruth Zavaleta, diputada local perredista, Horacio Martínez, legislador local y Elba Garfias Maldonado, líder perredista delegacional en Iztapalapa y amiga muy intima del jefe delegacional. Todos ellos, hacen y deshacen en la mencionada demarcación, por cierto, plagada de narcos y delincuentes a la alta escuela.

A René Arce se le acusa de practicar viejos vicios del priismo: desviar recursos para su beneficio personal, practicar el cochupo y nepotismo, amiguismo, compadrazgo y el favoritismo. Incluso de recibir cochupos y entres de cientos de miles de pesos a de parte de las gaseras para que sigan operando sin las medidas de seguridad.

Por ejemplo, toda gestión solicitada por escrito por los ciudadanos en esa jurisdicción, debe de llevar los nombres de Martínez Meza, Ruth Zavaleta y Víctor Hugo Cirigo Vázquez, sino, simplemente se archiva. Es decir, el tráfico de influencias a todo lo que da. Por si fuera poco, los recursos públicos se destinan subrepticiamente para las elecciones intermedias del 2003.

Víctor Hugo, con el apoyo de su hermano Oscar Cirigo, alias René Arce, buscará la candidatura a esa delegación para lo cual tendrá que renunciar al liderazgo del PRD en el Distrito Federal a finales de diciembre.

Por orden de René Arce, a todos los empleados de estructura (unos 300 en toda la delegación), les pidieron mil pesos, aunque los mandos altos dieron unos 5 mil, para apoyar económicamente la campaña de Víctor Hugo Cirigo hacia la dirigencia estatal del PRD. Elba Garfia propuso el sueldo de una quincena para tales fines.

Ruth Zavaleta, la amiga incómoda realiza campaña proselitista con el presupuesto de la delegación Iztapalapa en Venustiano Carranza, sin que nadie mueva un dedo.

Informes hechos llegar a este espacio, indican que al viejo estilo priísta, los diputados perredistas Horacio Martínez y Ruth Zavaleta con la bendición del Virrey de Iztapalapa, desvían recursos para sus fines políticos. Por ejemplo, en cada uno de sus distritos electorales, disponen de una plantilla de 40 personas eventuales por distrito con un salario mínimo pagado por las autoridades delegacionales.

René Arce, junto con su cofradía disponen de por lo menos tres predios en la colonia Leyes de Reforma de la Tercera Sección, Periférico y Tláhuac, y en Ermita (frente a la Universidad Tecnológica), este último coordinado por Juanita Leite. Aquí, con materiales de construcción de la delegación hacen la obra e instalaciones eléctricas, almacenan los juguetes y despensas. Además coordinan a sus bases para realizar el trabajo "político" para lo cual utilizan camionetas de la misma jurisdicción.

A pesar de ser una delegación con más de un millón 700 mil habitantes, donde el 83 por ciento de su población económicamente activa percibe tres salarios mínimos, "revela una extrema situación económica", su delegado René Arce recibe recursos económicos de la Asociación de Empresarios de Iztapalapa, dinero que no se sabe dónde va a parar.

Arce Islas, no se ruboriza al pasar la "charola" a los mismos empresarios para que proporcionen su "entre" a la delegación en juguetes (bicicletas, juegos de té, carritos, pelotas), ropa, muebles, electrodomésticos para el Día de los Reyes Magos y el Día del Niño. ¡Por supuesto!, mercancía que se quedan con ella para posteriormente emplearla para realizar proselitismo en época electoral.

A Rene Arce se le reconoce haber unificado, pero en su contra a las organizaciones sociales, quienes abandonaron su proyecto político a pesar de que ellos lo llevaron al poder.

El jefe delegacional hizo alianza con los priístas Guillermina de la Torre, ex líder de los pepenadores de Santa Catarina, presuntamente responsable de la muerte de uno de sus agremiados, y el hijo de ésta, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, actual dirigente de ese gremio, con el propósito de que el primero gobierne sin marchas y los segundos gocen de impunidad en ese tiradero al aire libre. Con Antorcha Campesina, brazo armado del PRI, también tuvo negoció y la demarcación los apoya con pintura y cemento.

También le ha dejado buenos dividendos el auge del casi medio centenar de gaseras –por ser más barato el gas que la gasolina-- distribuidas en la demarcación, toda vez que según quejas de los vecinos, por cada apertura, se ha dejado pedir hasta 800 mil pesos de "mordida" y por "cuota mensual" cobra entre 80 mil y 120 mil pesos.

La señora Lucía, del comité vecinal de Granjas San Antonio ha pedido a René Arce la clausura de la gasera ubicada Granjas San Antonio casi esquina con Ermita, pero su dueño y líder de microbuseros, dice ser influyente porque apoyo la campaña política de Arce Islas.

EL nepotismo con el perredista en Iztapalapa, no tiene parangón: a la esposa de su hermano Víctor Hugo Cirigo, María Natividad Patricia Razo Vázquez, la colocó como coordinadora del Centro Comunitarios de la Dirección de Desarrollo Social. Como presidente del DIF delegacional, Silvia Oliva, puso a su cónyuge. A sus primas, Elba Garfias, Angela Garfias Basurto, la designó jefa de la unidad departamental de Caja y Tesorería, dependiente de la Dirección de Administración.

Silvia Oliva, esposa del Virrey de Iztapalapa, impuso a Rosalía Domínguez Nava, como administradora en la deportiva Francisco I. Madero, quien se ha ganado a pulso el rechazo de los vendedores ambulantes por su prepotencia. Explota a los comerciantes a cambio de los espacios que ocupan en el deportivo, los obliga a barrer los jardines y las áreas peatonales.

Dicen los que saben que la prepotencia de Rene Arce ha llegado al limite de encarcelar a menores de edad, precisamente por los conflictos con las gaseras.
http://www.lacrisis.com.mx/cgi-bin/cris-cgi/DisComuni.cgi?colum03%7C20020813011645
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martes, 21 de agosto de 2007

Lección de Ixhuatlacillo...


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LOS ANTIGUAS

Después del deber cumplido y quedar con la lengua de corbata, el primo Mayolo me la sentencio:

–Ya no aguanto la tripa, es tarde y el agua viene ¿Qué no le paramos y le llegamos a cenar con las gordas?-

La tarde amenazaba lluvia con algo de viento que enfriaba la garganta, de por sí reseca de tanto leroliquiarle a la vendimia. Vamos, Ixhuatlancillo ya no merca.

Bajamos hacia Orizaba y nos llegamos hasta la norte dos, entre oriente 25 y 27. Pa estas alturas cualquier taco es caviar, pero en el caso de las gordas, es más que pura vida. Ya acomodados en la mesa y deglutiendo cuatro ricas memelas, combinadas con otras tantas gorditas de fríjol, y tres tostadistas de Cuahutémoc por allí perdidas, empecé a resollar al compás de un refresco de naranja.

En la calma de la noche, y mirando la redondez del comal chisporroteante que acompañaba los pasos danzarinos de la redonda cocinera, recordé cuando hace mucho descubrí este lugar lleno de sabores únicos. La noche al igual que esta, invitaba a no dejar de comer. Si mal no recuerdo, en la mesa junta, estaban unos paisas de Ixhuatlacillo. La mujer, con su bayeta inconfundible y sus colores chillantes, y un hombre y dos niños con sombreros y rudimentaria ropa de trabajo. Casi descuidado, los escuche:

-Ya te dije Ramiro- dirigiéndose al chamaco mayor-, ¿Verdad Higinia que los antiguas siempre han tenido la razón?. ¿Te cuesta entender que si tu nana y yo tamos vendiendo, tu debes cuidar al Apolinar y no estar jugando con tarugadas? ¿No ves que está muy escuincle?¿ Cuando entrarás en razones de los antiguas?-

Mientras el hombre recitaba su monologo, la familia permanecía en ceremonioso silencio. Ixhuatlancillo es un municipio que esta junto al de Orizaba, rumbo al camino del volcán. Las nobles gentes que lo habitan, son ampliamente reconocidas como nómadas. Cargan su caja de cartón repletas de arreglos florares y se encaraman en el autobús al lugar donde este lleve, sea cual sea. En las plazas, mientras la mujer y el hombre venden, los hijos cargan lo que pueden y permanecen junto a la madre. Cuando la mercancía se termina, regresan a este municipio para cargar más, repitiendo el ciclo una y otra vez.

-Aista tu abuelo ¿Verdad Higinia que nos inculcó el respeto a los antiguas?. ¿Sino se respeta a los antiguas, tons a quien? Nosotros en los caminos no llevamos más orden que los antiguas. ¿No te acuerdas que tu tata Librado te lo repitió en los cantos junto al fogón? ¿Tas choreco o qué, porque no obedeces?-

Me he topado con estos amigos por allá de Guadalajara, Morelia, San Luís Potosí, León, Querétaro y no se diga el Defe. Incansables deambulan y duermen donde la noche se da. Flores y más flores son acarreadas de Ixhuatlancillo, paraje tan verde y lleno de amistad.

-Y ya no te digo otro consejo Ramiro, ¿Verdad tú Higinia? porque ya no tardarás en llegar también a ser uno de los antiguas y conseguirás tu mujer y tus hijos. Y ansí, como te digo, les dirás que el respeto a los antiguas es sagrado-.

Hasta este momento entendí, que “Los antiguas” significaba el respeto a los jefes de familia y a la propia familia; y además, que sin muchas filosofías se puede hacer valer y transmitir.

Estos recuerdos me llovieron, mientras pluviosilla se aprestaba a ronrronear con el incansable chipi chipi. Ya bien repletas nuestras barrigas, pasamos a dormir a las camionetas. Mañana será como hoy, pero mejor.

viernes, 1 de junio de 2007

Cuentos de la vida diaria...

El arte de El Mofles
La Jornada
viernes 1 de junio de 2007

José Cueli

Como millones de personas, El Mofles es un chico confinado a la miseria de Nueva Chimalhuacán. La fatalidad lo había enviado al lugar de los ''jodidos". Bajo y desnutrido, sus ojos eran grandes y vivos, alrededor de los cuales desmayaban un montoncillo de harapos y de suciedad.

Tímido como el que más, El Mofles vivía de milagro. Ni para pedir limosna servía, le daba miedo, repugnancia y hasta vergüenza. Mucho menos servía para trabajar de milusos, oficio preferido del lugar.

Torpe como vendedor de baratijas, no se atreve a cerrar el paso a los transeúntes. Ni siquiera a asaltarlos de costado. Mucho menos cruzarse a los automóviles y camiones o romperles el cristal a taconazos, o treparse a los cofres para lavar parabrisas, o tragar humo y hacerle al cirquero. El orden oblicuo de costado le es desconocido. Camina detrás, sin pronunciar palabra y extiende la mano infantil a pesar de que apenas cifra los 14 años.

El Mofles entró a la vida a empujones de una comadrona que lo ''cuidó" hasta los cuatro años, siempre asustado, sin aliento más que para acurrucarse en un rincón, abrir mucho los ojos y dejarse morir de hambre. El Muelas -otro marginal- trató de enseñarle los primeros pasos de la robadera pero El Mofles era torpe para ello.

Sucedió que cierto día El Mofles, quien adquirió cierta técnica en el robo de carteras, se la sustrajo limpiamente a uno de los habitantes de la ciudad. Pues bien, en aquel momento supremo del arte de la sustracción, El Mofles se quedó parado con la cartera en la mano, y sin saber porqué, se puso a gritar: jefecito, jefecito, se le ha caído la cartera. El asaltado recogió su cartera y siguió su camino, sin siquiera darle las gracias.

El Muelas, quien había observado la escena, lo expulsó de la universidad de la miseria, mandándolo allá donde usted se imagina y acierta. El Mofles se alejó del lugar y durante toda la noche corrió por las calles sin sentir la lluvia ni el cansancio ni el sueño, con sus harapos empapados. Aquella noche fue larga y muy negra. Una noche típica del marginalismo de los que viven al margen de la vida institucional (escuela, trabajo, servicios de salud). Casi la mitad de la población.

La cama de El Mofles era una puerta del portal de un tugurio de la colonia. Allá llegó incapaz de pedir limosna, de robar, de trabajar en lo que se pudiera. Llegó con el estómago vacío y tiritando de frío. Se acurrucó en su miserable rincón y se dio cuenta que el poco peso en el estómago le aligeraba mucho la conciencia y el frío se la atarantaba.

Al día siguiente, hambreado y sin qué comer se dedicó a su única actividad y creatividad: recoger piedras que luego iba tirando una a una a los charcos más grandes que se formaban con la lluvia y dejaban círculos que por la superficie tranquila se delataban, después se cruzaban y al combinarse formaban flores y dibujos caprichosos que eran el encanto de El Mofles a pesar de tener el estómago vacío... pero mucho arte marginal, humanismo puro, contra el neoliberalismo.

lunes, 14 de mayo de 2007

Cuentame un cuento...



Conejos de noche

Hermann Bellinghausen

La puerta despertó a Freitas. Eso lo alarmó. Toc-toc. No el habitual aullido del teléfono, ni los tonos del celular, ni el bip de la clínica. Tampoco el timbre. Una impaciencia de nudillos. Su primer impulso fue huir por la ventana de atrás. Algo se concatenó con lo que soñaba al despertar. Sus sueños daban ahora en ser de sangre, persecusiones, sobresaltos, una vaga sensación kafkiana de culpabilidad y noticiarios. Médico general, la demanda lo había vuelto traumatólogo y forense.

Ya comenzaban a cansarle el ánimo las constantes llamadas que lo sacaban del consultorio en el día y de la cama en las noches. El hábito de irse identificando por las calles con su cédula profesional soportando la humillación de los controles y las patrullas. El trato de sospechoso. El comprensible temor en la gente común, su recelo, su resentimiento con la ley que hace ilegal al que sea.

Eran frecuentes las personas heridas, la mayoría inocentes (¿qué era eso en un periodo donde los únicos inocentes eran los poderosos, los jefes criminales y los policías?) En materia de incendios, el cuerpo de bomberos no se daba abasto, además de cumplir órdenes excepcionales del comando que ocupaba la ciudad.

Toc-toc, insistió la puerta. Un poco más consciente, Freitas saltó de la cama y calzó las pantuflas. De un tiempo para acá dormía vestido, unas veces deliberadamente, otras por puro cansancio y con zapatos. Antes de preguntar "¿quién?", se asomó a la mirilla. Era Ramiro. Mediaron cinco segundos entre el alivio de que no vinieran por él y el sobresalto por don Abelardo, y casi pronunciando ese nombre abrió. Ramiro, tímido y parco, dijo:

-Que si puede ver a mi abuelito.

-Pasa m'ijo. Deja que me termine de vestir y agarre el maletín.

El chamaco dudó, por fin entró al departamento y cerró la puerta suavemente. Cinco minutos después los interceptaba en la avenida un destacamento de agentes armados en dos pick up blancas que los bajaron del carrito de Freitas.

-Soy médico. Voy a una emergencia. Es el abuelo del muchacho.

Un policía le echó la potente luz a Ramiro. Dos más lo pegaron contra el cofre y lo catearon groseramente. Como lo vieron indio. A Freitas le revisaron los papeles nada más. Tras el incidente reanudaron su camino.

-¿Tiene fiebre?

-Un poco -dijo Ramiro.

La ciudad estaba desierta, con aire insomne. Salieron hacia los barrios del sur y pronto brincaban en callejones sin pavimento ni carros estacionados. En el interior de la vivienda, sentado, con una almohada en la nuca, don Abelardo contemplaba serenamente el fogón de María, su hija, que preparaba compresas y té de hierbas. Sin voltear a los recién llegados, el anciano dijo:

-No estoy mal del cuerpo, doctor. Son tantas desgracias afuera.

Freitas lo mismo abrió el maletín, echó mano al estetoscopio y acomodó en otra silla la lamparilla y el baumanómetro. Hizo a María un par de preguntas, el propio viejo las respondió y sin interrupción pasó a un monólogo:

-Estamos sordos. Nos siguen pegando. Estamos mudos. Y nos pegan más. Parecemos conejos lampareados. Vienen por los vecinos y mejor ni nos asomamos, no nos vayan a interrogar o confundir con alguien. Los golpean a gritos, se los llevan. Los perros no ladran. Los niños no lloran. A veces hay tiros. A veces no.

-Respire hondo -lo interrumpió Freitas, colocándole la pastilla del estetoscopio en una clavícula. Repitió la operación en la otra, en la espalda, y finalmente el pecho.

-Despertó ahogándose, le dolía su costado, ahora se le pasó -informó María.

-Estoy bueno, doctor. Es lo otro que duele. Que no hagamos algo para defendernos. Que maltraten a las mujeres, les tiren gas a los muchachos, hagan balacera, lleven preso al que se les antoje. La ley ya no nos sirve, es sólo de ellos.

Estaba bien el discurso, pero Freitas necesitaba compensar la arritmia galopante de ese pecho.

-No me voy a morir todavía, lo que pasa es que da coraje. Primero venían por la droga, y no había. Luego a buscar armas, pero cuáles. Ya vienen por cualquier motivo, o ninguno. Nadie se atreve a reclamar. No soy yo quien necesita curarse. Es todo mundo.

María sirvió café. Freitas prefirió mezcal. Depositó en la silla desocupada una caja de píldoras para la angina y un frasquito con diurético. En un rincón del silencio Ramiro permanecía atento, y cuando el médico anunció jovialmente que partía se aproximó para acompañarlo.

-No hace falta, m'ijo. ¿A qué te arriesgas? Ayuda a tu mamá a educar a tu abuelo.

Al retornar a su departamento aún retumbaba en los oídos de Freitas la risa de todos. Abrió su cuaderno de notas y se tranquilizó con lo primero que le vino: "No ves la avenida de los ríos que te atraviesan, sólo callecitas, atajos, vueltas raras por caminos en mal estado. Disuelves la médula de ti mismo en un calendario de fechas que no controlas. Brincas, conejo en un campo minado por continuos puntos y aparte".

jueves, 3 de mayo de 2007

Bloqueos del dia 2 de Mayo contra ley del ISSSTE...

Dejen ustedes les cuento una experiencia chida:


Por causa de la chamba, el dia 2 de mayo tuve que viajar de la ciudad de Salamanca Gto., hasta la ciudad de Uruapan Mich. Mi condición de perro de la carretera me lo exige.La ruta es simple: Salamanca, Valle de Santiago, Yuriria, Moroleón, Cuitzeo, Morelia, Patcuaro (a un lado) y finalmente Uruapan. El camino como siempre, de tráfico muy intenso. Es pesado pasar la ciudad de Valle de Santiago y atravesar el volcán de las siete luminarias debido a la subida hacia el volcán y además lo angosto de la carretera. Hace como dos años, en un arranque de obnubilación, fox inauguró, con pompa y platillos, una carretera que llamó "autopista Salamanca-Morelia". Yo observé que por lo menos desde Salamanca pasando Valle de Santiago y hasta un poco antes de llegar a Yuríria, ni rastros de la tal "autopista". Ya en el entronque de las carreteras Yuríria-Salvatierra y Yuriria-Morelia, se aprecian trabajos con trazos de la tal "autopista", pero ninguna carretera. Pasando el libramiento de Moroleón y rumbo a Morelia, está un señalamiento que indica desviación a la izquierda y que dice: Santa Ana Maya y autopista a Morelia.
Yo decidí no irme por la autopista y continué rumbo a Cuitzeo. El camino pasa por un tianguis de ropa muy grande, con mucho movimiento de vehículos y de gente. Continuando hacia Cuitzeo, encontré una fila enorme de carros estacionados. ¡Chin!... La causa era un bloqueo en contra de la ley del ISSSTE. ¡En la moder! ¿Ahora que hago? Tengo prisa. No me quedó otra más que regresar lo andado y pretender entrar por la susodicha "autopista de fox", con la esperanza de que no estuviera bloqueada. El retache fue de casi 10 kilometros. Con cierta muina, entre rumbo a la "autopista" y ¡chales! se veía mucha gente y vehículos. Conforme me acercaba a la caseta de cobro (no lejos del entronque), me sentí como maniquí de aparador ya que se me quedaba viendo mucha gente y yo chiviado continué con ñañaras. Despertando de mi asombro, mire como me decían "PASE YA ESTÁ PAGADO". Y pos yo que paso. Me cambió el semblante. Ahora si ya la hice.
Continué el camino a Morelia y observé de lejos el bloqueo de Cuitzeo, por que hay un punto donde se cruzan las carreteras. Pobre gente y ni como decirles "VENGANSE PA ACÁ". La carretera dizque "autopista" de dos carriles (nunca cuatro), cruza el lago de cuitzeo y entronca con la autopista México-Guadalajara. Pues resulta, que en este punto acaba la susodicha "autopista de fox", nunca continúa a Morelia. Aunque existen de Cuitzeo a Morelia cuatro carriles, ya tienen muchos años de estar y en nada se relacionan con la mamada de la "autopista fox". Para acabar pronto, la minúscula carretera de dos carriles y de menos de 30 km. es otro de los engaños foxianos. En la realidad debería llamarse autopista Cuitzeo-Moroleón... No cabe duda, los viajes ilustran.
Continuando mi viaje atravesé Morelia y llegué a la caseta de cobro de Patzcuaro: de nueva cuenta no me cobraron. ¡Yo feliz!. Y !chupale pichón! tampoco me cobraron en la caseta de Uruapan. No quise hacerme rosca y me caí con unos fierros para los botes de los manifestantes. En total, que yo dejé de gastar 73 pesotes y la autoridad no los recibió. Ese día me regresé, desde luego ya pagando normalmente y además, con la satisfacción de que SÍ existen beneficios con los bloqueos. Hay que seguirle hasta que la autoridad entienda. Nosotros, los corre-caminos de la carretera ya le buscaremos.





martes, 24 de abril de 2007

¡Emigrantes...

“Elena Duarte tiene razón. Los salones de la escuela secundaria federal Lázaro Cárdenas del Río están desolados, vacíos, con muy pocos estudiantes. Todos en el pueblo, como en la escuela, temen que en cinco años la matrícula de alumnos sea de 25 por ciento. Las tierras son abandonadas, las casas permanecen desiertas, la iglesia existe "gracias a Dios" y las escuelas se han quedado sin alumnos. Estos son parte de los resultados negativos que se viven a consecuencia de la migración en aquellos pueblos donde "la soledad se impone, se siente", insiste Elena Duarte” la jornada dic 2005.

¡UNA SEÑAL!

¡Vámonos de aquí Gonzalo! Ya ves que esta tierra antes daba tepetate, ahora ni eso. ¡Andale vámonos! Porque al rato, estas arenas calizas nos van a tragar y ni para las cruces tenemos. Tú te fijaste Gonzalo, cuando pusimos la tienda de abarrotes se llenaba de gente. Por la noche, a cada rato nos tocaban. Y de día, en la sombra de este árbol grandote de pirúl -donde platicamos-, les gustaba refrescarse con cervezas, el calor de sus gargantas. Sí... pero hoy nadie viene por estos rumbos... ¿Cómo será eso? Si hasta las latas de chile se oxidaron. Vámonos, no sea que nos toque oxidarnos. Tu que vas a la escuela te diste cuenta, casi todos se han ido. Ya hasta me contaste que en los salones crecen muy rápido los musgos, y que los grillos les interrumpen la lección y se están jode y jode. El Profe Lupillo me avisó que de la capital le sentenciaron: “O, juntas más gente, o te cerramos la secundaria”. A este paso, tendrán que cerrar con la secundaria, también las vocales y el abecedario. A como lo veo, al profe Lupillo, le va mejor si lo largan de por acá.

Te lo digo Gonzalo, yo no creo en los espíritus, pero cuando voy por la calle libertad, los tacones de mis botas retumban en las paredes tiesas y se oye, como si muchos corrieran a perseguirme. Las casas están vacías, nadie quiere robarlas, se fueron hasta los ladrones. Te digo Gonzalo ¡Vámonos! Antes de que también nosotros resultemos abandonados y ya nadie se acuerde de nuestras almas. Déjame contarte Gonzalo, que el otro día fui a la iglesia de la Purísima, se oía clarito el silencio por entre las bancas. Me senté y me quedé dormido muchas horas, hasta que desperté cuando un pichón me tiznó la cabeza. Ni siquiera pude rezar. Ya no recuerdo si todavía tenemos cura. La soledad, Gonzalo, se impone, se siente. Mejor Vámonos.

¿Te acuerdas de Elena Duarte? Huyó de su tienda. Cómo extraño su sopa caliente de fideos. Entonces abundaban los abarrotes. Sí... te acuerdas que sí. Hasta me compré una camioneta para traer de Churumuco muchas pastas, azúcar, aceite, café, papel y vino... mucho vino. ¿Tú te acordarás? Para diciembre, muchas vueltas acarreando más de todo, más de mucho. No bien llegaba del viaje me decías “¡Córrele por otra carga!”. De tantas apuraciones, no dormía y me ponía bien flaco. “¡Que traite más vino para don Elías... rapidito!”-repetías a cada rato-. ¿Y yo? a las vueltas a Churumuco. Con el final de las fiestas me dormía por dos días seguidos para ahuyentar las desveladas. La calma de las tardes de enero y las sombras de los árboles del parque nos relajaban. Era la cantina de don Elías la plaza de los mayores, donde la copa y la platicada se metían en sal con rodajas de limón, para empujarlas con vasitos de tequila y ron -eso sí-, ¡sorbito a sorbito! en purificación de las penas.

Tú bien lo sabes. Todo paso, como cuando los tordos salen por la mañana de los árboles del parque, regresando para anidarse ya pardeando la tarde. Lo mismo pasó. Primero empezaron a irse los jóvenes pa’l norte, regresándose por acá, por allá de diciembre. Las camionetas iban y venían. Los bonches de gentes pasaban y pasaban con sus dineros. Se arremolinaban tanto en las calles, que su algarabía producía un sonido como del agua bajando por entre las piedras. Esas personas se saludaban por las calles y vestían ropas nuevas. Había más novios y novias. Crecía pues la muchachada. Bodas y bautizos, confesiones y misas, campanadas y rezos; más bautizos, más bodas. Crecía la muchachada. Corría el efectivo. El sonido de música norteña con altavoces estridentes, amartillaba los oídos y, todavía de noche muy noche, se prolongaba la briaga y el baile, para terminar en balaceras y difuntos. Eso sí, la fiesta se seguía en los sepelios. Pero así era, y seguiría siendo hasta que se acabara primero: el dinero o los difuntos.

Como aquella vez que llevaste a tu mamá Teresita a Morelia, para que le revisaran unas dolencias. Fue cuando se quedaron por allá cuatro días. Por la primera noche, me estaba apenas queriendo dormir, pero la música de unas bandas hacia rato tocaba aquí cerca, en la casa de Trine, el de los volteos de arena. Una banda tras otra se turnaba en la tocada: “El Juan Colorado”, “El Torito” y otras que impedían conciliar el sueño. En una de tantas adormiladas, ¡Zaz! Que suenan cuatro tronidos de pistola. Y en seco se paró la música. Todavía escuché un balazo más. ¿Qué pasó? –me dije-. No sé – me conteste-. Me quedé quieto y sosiego. Pasaron como 15 minutos, muy largos, muy densos. Todo silencio. Un leve quejido se escuchó. Después más pujidos, pero queditos. ¿Saldré? -me pregunté-. Sal con cuidado –me contesté-. Abrí lento la puerta. Ahí estaba: hincado como rezando quejidos y recargando la cabeza en este pirúl donde estamos platicando. ¿Qué te pasa muchacho? –pregunte-. Me duele mucho la espalda – dijo, casi sin decir-. Ya no dijo más, sólo resollaba. Lo subí con penas a la caja de la camioneta, y me jale rumbo a la clínica. Como a los doscientos metros de camino que me paran unos judiciales. Era el comandante Ramiro.

¿A dónde Lipe? –me dijo-.

Voy pa’l medico – dije yo-, encontré en el pirúl al muchacho con una herida en la espalda, lo llevo a que lo ayuden.

¡Tate sin cuidado Lipe! –me aseguro Ramiro-, nosotros lo llevamos pa’que lo curen y ya no sufra.

Tu mandas Ramiro – contesté-.

Lo cargaron livianito a la julia los tres judiciales. ¿Del muchacho? Algunos de sus rezos de quejidos se perdieron por el camino de esa camioneta. Con las mismas, volteaba yo mi camioneta pa regresarme, cuando escuché fuerte, cuatro traca-tracas. ¡Dios te ampare muchacho! Se acabo tu sufrir. Me llegue a la cama a dormir, no pude. Por la mañana, al comer mi plato de fideos calientes en la fonda de Elenita, supe entonces toda la historia. Que Lucha la hija de Natalia, la molinera, tenía dos novios: uno era Juanito el hijo del comandante Ramiro; el otro, era Pascual hijo de Benita la mondonguera; pero que Pascual estaba en el norte hace tiempo y ahora regresó. Esos tortolitos enamoraron su tragedia, y bailaron su destino con la muerte. Esa noche Pascual asesinó de cuatro plomazos a Juanito, pero al huirse, un amigo de Juanito le aventó un fogonazo por la espalda.

Dice la gente – me contó Elenita-, que Pascual logró escapar y aunque herido, andará muy lejos, porque nadie lo ha visto.

¿O tu que crees? –me preguntó Elenita-.

No, pues no sé, me dormí toda la noche – le rumoré-.

Así es la música de estas fiestas Lipe –aseguró Elenita-, son como campanas que llaman a misa de difuntos.

Triste, regresé a la tienda y me estuve con cuidado, tal cual dijo el comandante Ramiro. Hoy, a la distancia de los tiempos, con la calma por delante, se ve que esas vidas poco valieron para nadie. Lucha, la ingrata, se fue pa’l norte con otro que nunca tuvo velas en los entierros. En el camposanto nadie se acuerda de Juanito, ya nadie queda. ¿De Pascual? Ni quien sepa o quiera saber donde fue enterrado. Aquel ingrato día, sentí la pena y el dolor del comandante Ramiro: así como te cuento Gonzalo, menos de cinco, amigos de Ramiro, sabíamos de sus amores ocultos con Benita la mondonguera. Figúrate, Pascual lo mismo que Juanito, eran hijos del comandante Ramiro ¡Que pena! Y Tú y Yo, aquí tristiando, recargados en este pirúl.

Cuando regresaste de Morelia, tú bien te recuerdas cuando te dije: “vete pa’l norte con los muchachos”, y contestaste que no, que no ibas ha dejar que yo me cargara todo el trajín de la tienda. Te entendí Gonzalo, de veras que te entendí. Sábete que me tronchaste Gonzalo, a luego supe que me querías, que eras de ley. Fue precisamente ese tiempo, cuando nuestras tragedias se hicieron presentes. Un cáncer difícil consumió a tu mamá Teresita. El dolor nos encadenó a lo fatal. Murió aquella que era nuestros ojos. Nos quedamos ciegos. Nuestra mente enyerbada de angustia, veía como se consumían las velas del pueblo. ¡Y nosotros, sin poder hacer nada! Los jóvenes del norte empezaron a dejar de venir; se llevaron a sus novias y estas a sus hijos, y los hijos a sus abuelos. El comercio se acabó. Vendimos la camioneta. Nos comimos tu y yo el abarrote. Las norias se secaron y los cañaverales murieron con el trapiche. Unas pocas siembras de maíz quedaron abandonadas, como monumento a los que se fueron y, como maldición a los sentenciados a quedarse.

Como tú lo miras Gonzalo, el árbol de pirúl es macizo, tiene buenas raíces, pero pa´mi que algún día se va a secar, y no de viejo. Ya nadie saca agua de los pozos. Este pueblo se va a morir: la ausencia de risas carcomió sus raíces, aún resuella únicamente porque estamos aquí. El otro día, figúrate Gonzalo, buscaba a Zoila -la de la tía Juana-, para que me vendiera unas gallinas. Me fui por la calle de la soledad y vide a tata Chemo con su bastón, caminando lento, lerdo, como si midiera mosaicos, mismo así, como lo conoces desde que tienes uso de la razón. Se estaba repite y repite a lo quedito: “ Me dijo mi Tata Gudelio, que él se iba a morir, sólo para dejarme de herencia de ser yo el más viejo de ‘Monte Olivo’, y tantito después, mi Tata Gudelio se murió”. Y por la calle se fue el viejo repite y repite las mismas. Así como están las cosas, te aseguro Gonzalo, que Monte-Olivo se va morir tan siquiera para heredarle a Tata Chemo, en ser Él, el más viejo de ningún lado. Pero, de pronto, en la misma calle se cruzaron como 10 gatos corriendo por las banquetas. “Y hora que se traen estos” - pensé asustado-. Y diez más que salen de la otra calle. Y más y más de todos lados. Los seguí con prisas hasta Peña Roja ¿Tú sabes? Allá por donde están los agujeros de los areneros. Te lo juro Gonzalo, de veras no te miento: Como piedras estaban mas de 200 gatos, todos sin moverse. Es más, ni sus colas se meneaban. Aquello parecía un tiradero de gatos de todos los colores y formas, como si los hubieran abandonado muertos. ¡Pero no, estos estaban vivos! El silencio se agrandó, y mi pesada respiración a causa de la carrera, se fue acompasando hasta quedar silencia. De los agujeros -que tu sabes son muchos-, se escuchó una rascadera y un sonido, parecido a globos desinflándose, resonó y resonaba por todos lados. En escasos segundos, vi como se llenaba el campo de ratones y ratas saliendo en forma apresurada de por entre la tierra. De los gatos no vi movimientos: seguían todos quietos. Las ratas aquellas, empezaron a correr rumbo al cerro de las “Espinas”. Y mientras unas corrían, otras ratas salían de más agujeros huyendo todas juntas. De los gatos ni una meneada. De repente, los gatos se desentumieron y como si fueran panteras: asecharon primero, trotaron después y por último, emprendieron fugaz carrera tras del último ratón que les llevaba como treinta metros de ventaja. No supe dónde empezó y terminó la carnicería, porque solo vi que los gatos pararon sus colas como un dedo apuntando al cielo, corriendo tras los ratones hasta desaparecer como puntos entre los mezquites. ¿Tú que crees Gonzalo? ¿Que los gatos se comieron a los ratones? O, que gatos y ratones se acompañaron en su huida de este pueblo: ellos saben que está maldito ¿Qué más quieres de prueba Gonzalo? Ya vamonos.

De las siembras ¡Ni que contar! Las mazorcas son así de chiquitas, antes, hasta tenían pelos amarillos. Harto que se antojaban morder. La gente que siembra y corta maíz se fue pa’l norte. Ahora todo quedó abandonado. Los rastrojos y las varas secas del maíz solo sirven para que se escondan los perros y de tantos que hay, se ponen rabiosos. Como aquel que te mordió Gonzalo. Nunca lo creíste, pero esa perra pinta tenia rabia. Siempre te lo dije: ¡vamos pa’l medico! Pero tú me recordaste que hacia mucho no teníamos uno aquí en Monte-Olivo. Y que si en Churumuco lo tuvieran, de todas formas serían muchas horas caminando. Y que si no lo tuvieran, serían más horas de más dolor. Y que si te llegaba la rabia en medio del monte ¿Que haría yo para controlarte? De todas formas Gonzalo, te moriste con muchos gritos. Hasta tuve que darte un escopetazo pa’que dejaras de sufrir. Solo me decías, en medio de ese infierno que te quemaba: ¡Matame Papacito...! ¡Mátame por favor... Papacito! ¡Matame... Papacito! Las lágrimas que soltabas, allí amarrado en el suelo, fueron las que me troncharon Gonzalo. Así como naciste de mi carne; así mismo te moriste. ¡Por mi mano!

Por eso te lo digo Gonzalo, ¡Vámonos de aquí! Tan siquiera dame una señal de que tu alma se va ha quedar untada con la mía para caminar como una sola, juntos como siempre. ¡Te lo suplico... Gonzalo! Dame una señal. No ves que en este pueblo hasta las almas se están acabando, no sea que las nuestras también se vallan y nos quedemos muertos y sin nadie. Por eso digo Gonzalo ¡Vámonos!

Enero 2006