A los 86 años ha muerto el obispo Samuel Ruiz. Un hombre que retó a su iglesia y a las autoridades de su país. Un rebelde del catolicismo que abrazó la opción por los pobres en su diócesis de San Cristóbal de las Casas, la tierra en donde sembró, además, la semilla que dio vida a la insurrección zapatista de 1994. Hombre de carne y hueso, gozaba en su intimidad de ser un aficionado a la radiocomunicación por banda civil y, más aún, de bromear por su banda de CB con sus amigos los taxistas: “Qué tal, como están, yo por acá con cuatro morenas debajo de mí…”, decía, en referencia a las llantas de su coche cuando recorría los caminos de Ocosingo, Comitán o Las Margaritas. Menos bromista se mostraría en 1995 el día en que el presidente Ernesto Zedillo le tendiera una trampa a Marcos para detenerlo, en Guadalupe Tepeyac: “Es un traidor, con él ya no podemos tener nada de confianza”, diría en las horas siguientes a sus amigos.
Pablo Romo, uno de sus allegados más cercanos, habla con M Semanal del hombre con el que compartió 20 años de trabajo sacerdotal, y revela pasajes hasta ahora desconocidos del obispo, a quien los indígenas llamaban simplemente Tatic.
MS: ¿De dónde le vino a don Samuel su opción por los pobres?
PR: Todo comenzó en el Concilio Vaticano II, de 1962 a 1964, un ejercicio de libertad y transformación radical para la Iglesia. Por eso cuando llega aquí a San Cristóbal lo primero que dice es “tráiganse una marimba a la iglesia”, y ante la sorpresa de todos anuncia que con esa marimba se va a acompañar la misa, y hace de la marimba el principal instrumento litúrgico. Ahí conoce a los grandes teólogos belgas, franceses, que estaban pensando en modernizar la Iglesia cuando hablar de modernizar la Iglesia era un insulto teológico.
Eran los tiempos en que el mundo cambiaba de una manera impresionante y los obispos encerraditos y felices de la vida. Entre las primeras cosas que hace de regreso a San Cristóbal es comenzar a traducir la Biblia al español y a distribuirla. De ahí pasa a reunirse con obispos de Latinoamérica; primero en Brasil y luego en Medellín, Colombia, donde se da la primera Conferencia de Episcopado por los años sesenta. Ahí don Samuel empieza a hablar de los indígenas diciendo: “No podemos seguir hablando más de una Iglesia a favor de los indígenas, tenemos que hablar de una Iglesia de los indígenas”. Empieza a leer a Paulo Freire, más que a Carlos Marx; yo creo que nunca leyó a Marx. Teólogos latinoamericanos muy brillantes tienen contacto con él, principalmente Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff.
Ya en la diócesis empieza a revolucionar la forma de hacer las cosas. Por ejemplo, los maristas traían a los indígenas a sus internados, los desculturizaban y les enseñaban a odiar su propia cultura. Don Samuel cambia eso, y es cuando comienza a tener problemas con esos sectores de la Iglesia. También con los finqueros. Un día fue invitado por un finquero de aquí cerca de San Cristóbal para que presidiera la primera comunión de unos 150 niños de la finca. Se queda en la casa del finquero, que era el gran padrino, y le dan de comer, y cuando pregunta que dónde es la comida con los indígenas, le dicen que ellos están en su casa, y cuando va, descubre que ahí sólo había frijoles. Desde entonces dijo: “no vuelvo a hacer este papelito”.
Entonces pasa a otra etapa que le trajo otros desprecios, cuando empieza a hablar de que los indígenas deben dejar el paternalismo y los empieza a exhortar a que sean sujetos de su propia vida, de su propia historia, dueños de sus propios medios de salvación. Esto provoca que muchos diocesanos se vayan de la diócesis porque veían que ya no era negocio la salvación de las almas indígenas; pero al mismo tiempo llegan de todo el país otros diocesanos que ven como propia la opción que plantea don Samuel, quien además empieza a decirles a los indígenas que no sólo deben escuchar las celebraciones en sus propios idiomas, sino que además tengan capacidad para crear sus propias cooperativas económicas y ser los administradores directos de sus medios de salvación: los sacramentos de la Iglesia, para que no sean manejados a capricho por los sacerdotes.
Ahí es cuando empieza a formar liderazgos locales con los diáconos. Y esto da a una revolución eclesiológica, porque de una pirámide religiosa vertical crea una estructura horizontal. Y esto le crea una pelea con la iglesia.
Los obispos Felipe Arizmendi y Samuel Ruiz durante la misa de fieles chiapanecos en la Basílica de Guadalupe. Foto: Victoria Valtierra/Cuartoscuro
MS: ¿Fue todo esto la semilla del Ejército Zapatista de Liberación Nacional?
PR: Bueno, yo creo que sí, pero hay que decir que el EZLN fue sólo uno de los árboles que nacieron de esas semillas. Es un árbol de los muchos que plantó don Sam en ese tiempo.
MS: ¿Cómo conciliaba don Samuel, en este terreno, el concepto y la práctica de la democracia con la idea vertical de un Dios único, de la obediencia ciega a una autoridad?
PR: Porque en el mundo indígena más que hablar de democracia se habla de participación. En el mundo indígena no es necesario hablar de democracia, ahí impera más el concepto y la práctica de la unanimidad. Las comunidades toman sus decisiones por unanimidad, y en ese mundo es donde don Samuel sembró sus semillas. Por eso, cuando se da el levantamiento armado, eran comunidades enteras las que habían tomado la decisión de sublevarse.
MS: ¿Qué pensaba don Samuel del surgimiento del EZLN? ¿Hasta dónde le asustó ver el fruto de ese árbol que él sembró?
PR: Mira, don Samuel no era muy expresivo. Los que lo conocíamos muy de cerca sabíamos dos claves: cuando estaba preocupado empezaba a sudar un poco en la frente o se le secaban los labios, y cuando algo le entusiasmaba se frotaba las manos. ¿Qué dijo cuando se dio todo eso? “Los amigos, aunque se equivoquen, siguen siendo amigos”.
MS: Te lo pregunto porque en diversos textos se ha llegado a decir que en realidad quien estaba detrás del EZLN y de todo el movimiento zapatista era don Samuel, que él era el comandante mayor, más que Marcos.
PR: Jajajajaja, no, no, no, imposible. Es cierto, se inventaron muchísimas cosas. Yo creo que ciertamente la Iglesia, no sólo don Samuel, sino toda la Iglesia, todos nosotros, las religiosas, los catequistas, los sacerdotes, los diáconos, todos fuimos cómplices de haber generado conciencia, de generar la recuperación de la dignidad, de luchar por lo que es verdadero y justo. Y en ese sentido todos fuimos cómplices, y no es un problema, sino un orgullo. Don Samuel lo expresó siempre de una manera: “Podemos estar de acuerdo en sus exigencias, pero no en los métodos, pero no vamos a dejarlos solos para que se estrellen contra la pared y los maten. Y a partir de ahí se ofrece como mediador, y esto reduce el impacto y el ímpetu del movimiento zapatista, porque lo sienta.
MS: ¿Entonces no es verdad, como se ha dicho en diversos círculos políticos o intelectuales, que la insurrección zapatista contó con la autorización de don Samuel Ruiz y que él les dijo “adelante”?
PR: Jajajajaja, no, no, no. Tú crees que conociendo el ego de Marcos le iba a decir: “Padre, por favor, me da permiso de iniciar mi revolución”. Tú conoces el ego de Marcos, y yo creo que los revolucionarios no se prepararon 10 años para pedirle un permiso a un obispo para iniciar su guerra.
MS: ¿Chocaron alguna vez Marcos y don Samuel?
PR: Sí, sí, sí. Mira, aunque don Samuel no era un hombre de chocar con nadie, sí hubo diferencias, rozones laterales. Y creo que la más grave fue cuando se dieron los Diálogos en San Andrés Larráinzar. En el Diálogo dos todo estuvo a punto de naufragar por una fuerte diferencia entre el gobierno y
Marcos. Había una gran terquedad de la delegación de zapatistas para empezar con la distensión militar, querían que antes de iniciar el diálogo se retirara el Ejército de posiciones estratégicas, y obviamente el gobierno nunca iba a aceptar eso. “Les suplico que no se retiren, tengamos un receso”, fue lo que les dijo don Samuel a las partes en uno de los momentos de mayor tensión. Ahí se le bajó el azúcar de tanta tensión.
Manuel Camacho, integrantes del EZLN, entre ellos el sub Marcos, y Tatic, en la catedral de San Cristóbal de las Casas, en 1994. Foto: Fernando Castillo/ MicPhotoPress
MS: ¿Y de Marcos qué pensaba?
PR: Siempre lo consideró un hombre muy capaz e inteligente. Entre los dos siempre hubo un cuidado enorme y un gran respeto por sus respectivas posturas, y eso los mantuvo con una relación de mucha confianza porque se cuidaban de no excederse ni en palabras o gestos.
MS: ¿Y de Manuel Camacho Solís?
PR: Bueno, tuvieron una relación muy cordial y había una gran admiración también por su capacidad de negociación, por su voluntad de buscar acuerdos, de puentear. Don Samuel siempre creía en la gente.
MS: ¿Llegó a creerle a Carlos Salinas en esos difíciles días del conflicto chiapaneco?
PR: Mira, don Samuel nunca o rara, rara vez se expresaba mal de alguien. Yo nunca lo escuché decir nada de Salinas. Yo no sé si creyó en que Salinas quería la paz, pero sí estoy seguro que le creyó a Camacho. De quien alguna vez dijo algo fue de Patrocinio González Garrido. Y a pesar de que la ambición de Patrocinio era tan evidente, don Samuel no dijo nada malo de él. El día que Patrocinio metió a la cárcel al cura Joel Padrón, don Samuel dijo en conferencia de prensa que seguramente “mi amigo” Patrocinio había hecho eso para sólo cuidar a Joel de posibles atentados contra él. Furiosos nos acercamos a don Samuel y le dijimos que cómo podía decir que Patrocinio era su amigo si éste lo odiaba a muerte y si pudiera lo metería en la cárcel. Y don Samuel sólo respondió: “En la vida hay amigos buenos y amigos malos, Patrocinio es un amigo…malo, sí, pero amigo”.
MS: ¿Y qué pensó de Ernesto Zedillo cuando en lugar del secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, el presidente ordenó que fuera el Ejército a detener a Marcos?
PR: Que era un traidor…
MS: ¿Así se lo dijo a su gente cercana?
PR: Sí, claro. don Samuel se molestó mucho. Y luego quisieron meterlo a la cárcel. Zedillo le armó un expediente de basura, y entonces don Samuel nos dijo a todos que “con Zedillo no se puede tener un gramo de confianza, no puede haber nada de confianza”.
MS: ¿En todo este proceso la Iglesia dejó solo a don Samuel?
PR: No, en términos generales no. En esos días hubo muchos mensajes de solidaridad, y sólo estuvieron en contra de don Samuel quienes siempre lo estuvieron: Norberto Rivera, Onésimo (Cepeda), Juan Sandoval. Pero en términos generales la Iglesia católica estuvo con él.
MS: Siendo protector de minorías como los indígenas, don Samuel se pronunció en contra de los matrimonios homosexuales.
PR: Don Samuel tenía 85 años cuando le preguntaron sobre eso. Y un hombre de 85 años difícilmente va a entender nuevas demandas libertarias de carácter general. No era su tema, ni su horizonte de discusión.