¡Ya estamos hasta la MADRE de tanta CENSURA...  Di No a la Censura...
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jueves, 13 de octubre de 2011

La expulsión... de los Jesuitas de México...


La expulsión
Olga Harmony

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Las razones de que los miembros de la Compañía de Jesús fueran expulsados en el siglo XVIII de España y sus posesiones ultramarinas han sido motivo de grandes controversias y José Ramón Enríquez, el autor del poema dramático La expulsión, no inquiere demasiado en ellas, dando como “único motivo su renuencia a acatar la autoridad real. Su propósito es otro. Para el poeta y dramaturgo lo esencial es revivir una etapa del país que no es demasiado conocida y apuntar una idea de la mexicanidad y de la pertenencia a una nación en este entramado de lealtades que es el conflicto por el que pasaron los jesuitas en su diáspora. Además de ello, y casi al final de la obra, ofrece en boca de José Ignacio ya envejecido, la tesis de que la Independencia no fue producto de que llegaran a la Nueva España las ideas de la Ilustración, sino de las enseñanzas y escritos de la Compañía; según el escritor Alberto Ruy Sánchez, en el prólogo a la obra editada por El Milagro, la gesta independiente se habría dado con toda tersura –y aquí el prologuista increpa a los responsables de la lucha armada– si los jesuitas no hubieran sido expulsados dejando trunca a la nación. Ésta parece ser la tesis medular de La expulsión y yo, que no soy creyente ni historiadora, prefiero ocuparme del hecho teatral.
Enríquez utiliza en general el verso blanco compuesto por endecasílabos y heptasílabos, a veces una u otra métrica, a veces combinadas ambas, y décimas clásicas en las escenas de las monjas, así como citas exactas de algunos actantes históricos, sobre todo los que han dejado obra escrita. Intercala personajes ficticios con personajes reales como los jesuitas José María Ignacio Amaya, quien es el hilo conductor de la obra, Francisco Javier Alegre y Francisco Javier Clavijero, además de Carlos III, arzobispo Francisco de Lorenzana, Carlos Francisco marqués de Croix y el visitador José Francisco de Gálvez y Gallardo. La gran cantidad de escenarios que se pide es resuelta por el escenógrafo Jesús Hernández –con el apoyo de la iluminación de Philippe Amand– mediante un gran cubo de cuyas paredes se desprenden módulos rectangulares que conforman asientos o escalinatas y un saliente usado como balcón, mientras los muebles de época son introducidos por lacayos dieciochescos y la copia del retrato de Carlos III por Antonio Mengs –pedido por el autor– y la entrada a caballo, estilizado cual escultura, de José de Gálvez que recuerda muchos de sus retratos, así como la cruz de Tepotzotlán del principio son las principales citas iconográficas. Otras se ven estampadas en el vestuario de los jesuitas en el extranjero diseñado por Estela Fagoaga acorde con la escenografía abstracta y se mantiene el entrecruzamiento de tiempos con la música de Alberto Rosas entonada por un coro con el solista Evanivaldo Correa.
Luis de Tavira dirige el poema dramático con estilos diferentes para cada escena y cada personaje. De la suntuosidad de las cámaras real y virreinal con los movimientos pedantescamente estilizados por el marqués de Croix, hasta la penuria de los expulsados en Veracruz, por poner un ejemplo, o los movimientos balletísticos –en coreografía de Marco Antonio Silva, encargado del movimiento corporal– de las monjas presididas por Sor María Josefina. Damas y caballeros de la universidad italiana que siguen a Cornelius de Pauw muy elegantes y formando brillantes conjuntos contrastan con la paupérrima y oscura habitación en que muere el hermano Santiago y así se podrían dar múltiples ejemplos, entre los que sobresale la bella escena en que José Ignacio joven a punto de partir a Rusia entrega su maleta a José Ignacio viejo, quien como tal regresará. Movimientos casi imperceptibles como los de los espías junto a escenas de gran formato y variados personajes son la constante del trazo del director que incluso baja el techo y lo inclina para mostrar las jerarquías de la Nueva España.
El elenco es muy amplio y por razones de espacio sólo mencionaré a algunos de sus miembros sin demérito de los demás: Emilio Echevarría como Francisco Javier Clavijero. Miguel Flores en varios papeles, José María de Tavira como José Ignacio, Blanca Guerra como la Superiora, Rodrigo Murray como el marqués de Croix y Cornelius de Pauwl, José Sefami como Carlos III, Marina de Tavira como Sor Mara Josefina y Antonio Rojas como Francisco Javier Alegre.

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La Jornada
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domingo, 18 de septiembre de 2011

Demetrio Vallejo y su biografía...



La biografía de Begoña Hernández sobre el líder Demetrio Vallejo
Elena Poniatowska

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Ver a Begoña Hernández defender en la Universidad Nacional Autónoma de México su tesis sobre el líder ferrocarrilero Vallejo (Demetrio Vallejo Martínez. Un luchador social, 1910-1985) fue un espectáculo que aún recuerdo a pesar de tiempo: el 17 de agosto de 2010, a las 12:30, en el segundo piso de la Facultad de Filosofía y Letras. Primero lo hizo con timidez, la voz un poco temblorosa, pero a medida que los jurados la interrogaban creció hasta convertirse en una madre coraje defendiendo a sus hijos.
Frente a una sala llena y a unos jurados inquisitivos y severos –Carlos Martínez Assad, Ricardo Pérez Montfort, Pablo Serrano Álvarez, Ariel Rodríguez Kuri–, Begoña se volvió más bella, rotunda; sus ojos flameaban, en sus palabras ya no había indecisión o retraimiento. Los ferrocarrileros mexicanos se habrían congratulado de tener a una abogada incendiaria y, sobre todo, capaz de enfrentar a todo el globo terráqueo con tal de asentar los rieles de la vida y la obra del telegrafista y dirigente obrero.
La académica Begoña desenvainó su espada, mejor dicho, la locomotora Begoña se lanzó sobre la vía a todo lo que da. La miré con admiración, no la conocía yo así, me di cuenta de que defender algo en lo que crees te saca de ti mismo, y tuve la certeza de que a Demetrio le habría gustado presenciar este examen y escuchar la tesis de esta mujer, que hablaba y me hacía pensar en una gran flor de magnífico colorido encabezando una manifestación en favor del alza de los sueldos de los ferrocarrileros mexicanos.
El libro de Begoña también tiene mucho de flamante locomotora. La red ferroviaria de sus páginas entreteje arengas y estaciones y descubre nuevos caminos que llegan a su destino, buques-tanque impulsados por la fuerza del vapor. Vallejo se nos revela como un niño campesino fuera de serie, un oaxaqueño de la talla de Benito Juárez, un muchacho apasionado para quién ningún esfuerzo está de más, ni siquiera el de estudiar marxismo sentado en la banca de la estación en Espinal, el pueblo en el que están enterrados sus padres.
La nostalgia del tren es un imperativo para quienes conocimos los viajes a Veracruz, a Aguascalientes, a Mérida, a Monterrey, a Guadalajara, a toda la República. Descender del tren en alguna de las grandes estaciones, como la de Aguascalientes, la de San Lázaro, por ejemplo, asomarse a las vías desde el puente de Nonoalco sigue siendo la más poética, la más mágica de las referencias. Una estación de tren es una aventura que marca a cualquier niño, a cualquier adulto; caminar por el andén entre las carretillas y los maleteros, ver de reojo al maquinista conversar gravemente con el conductor de trenes, asistir sin quererlo a las despedidas, al abrazo trágico del último momento, los a lo mejor no volvemos a vernos, los pañuelos de adiós empapados por el llanto. Las despedidas en el andén son símbolos de vida y de muerte. De por sí partir en tren es una frase mucho más literaria que me voy al aeropuerto. El tren evoca a Ana Karenina de Tolstoi, a la Revolución Mexicana, a los campos de concentración de Auchwitz y Dachau. El guardagujas es un personaje tan extraordinario como el inventor de la bomba atómica. Demetrio Vallejo, quiéranlo o no, es un héroe de nuestra historia, y el movimiento de los ferrocarrileros de 1958-1959 una gesta aleccionadora y memorable, porque sus dirigentes pasaron más de 11 años de su vida en la cárcel, en el negro Palacio de Lecumberri (que así se llamaba la cárcel preventiva), y fueron transferidos a la de Santa Marta Acatitla, en la que Vallejo se la pasó en huelga de hambre.
Los líderes ferrocarrileros Demetrio Vallejo y Valentín Campa dieron lecciones de tenacidad y de entrega que a la fecha nos conmueven. Frente a un gobierno corrupto, paternalista y autoritario emanado de la Revolución Mexicana que ya nada tenía que ver con Lázaro Cárdenas, porque Miguel Alemán decidió promover el capitalismo y depender de Estados Unidos, Vallejo y Campa son dos símbolos de la clase obrera en nuestro país y del gran esfuerzo que se hizo para eliminar a los charros, es decir, a los líderes que se venden y terminan en las garras del poder. Mientras las empresas obtienen millones de pesos en utilidades, la suerte del obrero no cambia y sus demandas para el gobierno son siempre exageradas. En México, las utilidades, como lo sabemos, van a dar a los ya abultados bolsillos de los gerentes y de los empresarios, pero también mejoran a 150 por ciento la vida de los jefes de sindicatos, quienes piden a sus agremiados que hagan patria, cuando ellos, sin pensarlo dos veces, se compran una nueva casa en San Diego, California.
En México, son muchos los libros que giran en torno a los ferrocarriles. Allí está elJuan del Riel, de Guadalupe de Anda, allí están todos los autores de la Revolución Mexicana que rinden tributo a la locomotora, desde Mariano Azuela hasta Rafael F. Muñoz; allí está el José Trigo, de nuestro querido Fernando del Paso; allí está Raúl Trejo Delarbre con su crónica del sindicalismo, y los estudios de Mario Gill y las historias de persecuciones, huidas, peones de tren que viajan de mosca (y se juegan la vida con tal de subirse al techo del vagón) del rey de la literatura de Campeche, Juan de la Cabada. Sin embargo, hasta ahora no habíamos visto una buena biografía de Demetrio Vallejo salvo los libros que él mismo escribió y ya no existen, porque fueron de muy escasa circulación: Yo acuso. Las luchas ferrocarrileras que conmovieron a México, La monstruosidad de una sentencia, Mis experiencias y decepciones en el Palacio Negro de Lecumberri y el gran libro profusamente ilustrado que resume los días de combate de los años de 1958 y 1959, de Guadalupe Cortés y el abogado Óscar Alzaga, que tan convincentemente se dirige a las multitudes.
Begoña Hernández hace una aportación espléndida y muy valiosa a la lucha obrera mexicana y a la historia de los movimientos sociales en nuestro país al regalarnos esta biografía del chaparrito (así le decían los ferrocarrileros: Vas bien, chaparrito; síguele, chaparrito; dales duro tú, chaparrito; estamos contigo).
Como dice muy bien el estudioso de la irrupción de las masa obreras en la vida pública del país, el doctor en ciencias políticas y sociales Antonio Alonso, Demetrio Vallejo fue el detonador de la insurgencia sindical en 1958 y el líder que influyó poderosamente en otros gremios. El movimiento ferrocarrilero encabezado por Vallejo puso al gobierno en ascuas y logró, con su solo ejemplo de limpieza y arrojo, paralizar a todo el país. Vallejo no sólo exaltó la combatividad emotiva de los ferrocarrileros, sino que fomentó la reflexión y el análisis de los problemas sociales de los obreros frente a la empresa y frente al país.
Veo a Begoña Hernández como a las juchitecas que con sus largas enaguas y sus huipiles se tiraban sobre los rieles frente a la locomotora para impedir que el maquinista titubeante o presionado por las ofertas de la empresa la arrancara. Con su excelente biografía, Begoña se tiende sobre los rieles de la historia de la lucha obrera y la de los ferrocarriles mexicanos que rayan a nuestro país desde el porfiriato. (Allí sí le atinó don Porfirio al construir las vías que comunicaban a la capital con la frontera sur y la frontera norte a través del Ferrocarril Central Mexicano y el Ferrocarril Nacional Mexicano.) También Begoña da en el blanco al escoger para su tesis después de obtener la licenciatura en historia, en 1984, (aprobada con mención honorífica) a Gustavo A. Madero, hermano de Francisco, pero seguramente fueron sus trabajos sobre las huelgas de Río Blanco y de Cananea las que la llevaron a apasionarse por ese icono de la lucha obrera, Demetrio Vallejo Martínez.
Sé que hay todo un fetichismo en torno a la vía. Las vías pulidas por las inmensas ruedas de acero son un destino en sí. A lo largo de los años las recorren siempre las mismas ruedas que avanzan hacia una misma estación, un mismo destino y nos llevan lejos de nuestra casa, lejos de nosotros mismos. Rodar es bonito, rodar por la cintura de la tierra, rodar para conocer mundo, mirar la puesta del sol desde la ventanilla. Podríamos, si así quisiéramos, quedarnos en alguno de los campamentos de los peones de vía. Las vías de tren fascinan y una de las heroínas de Tolstoi, Ana Karenina, por amor traicionado, se tira y cae de rodillas frente a una locomotora que se le viene encima como una gigantesca rueda de acero de fuerza implacable. En ese preciso instante, según Tolstoi, alcanza a murmurar: ¡Dios, perdóname por todo!
No sé si esta imagen ha perseguido a Begoña igual que a mí, y tampoco estoy segura de que recurriríamos a Dios en el último momento, pero de lo que sí tengo la certeza es de que las viejas locomotoras golpean nuestro corazón con sus buques-tanque y sus vagones igualmente viejos que conservan huellas de las balas revolucionarias. Nos hacen pensar en Demetrio Vallejo y en la generosidad, el sortilegio y la entereza de sus días de combate al frente de un movimiento ferrocarrilero en el que creyeron muchos hombres dispuestos a jugarse la vida por un México mejor para todos nosotros.

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La Jornada
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martes, 1 de febrero de 2011

Samuel Ruiz, de carne y hueso...

Samuel Ruiz, de carne y hueso


Pablo Romo, quien durante 20 años compartió su tarea pastoral, ofrece un retrato íntimo del Obispo, del papel que jugó ante el EZLN y en las negociaciones de paz, y su visión de los participantes.

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A los 86 años ha muerto el obispo Samuel Ruiz. Un hombre que retó a su iglesia y a las autoridades de su país. Un rebelde del catolicismo que abrazó la opción por los pobres en su diócesis de San Cristóbal de las Casas, la tierra en donde sembró, además, la semilla que dio vida a la insurrección zapatista de 1994. Hombre de carne y hueso, gozaba en su intimidad de ser un aficionado a la radiocomunicación por banda civil y, más aún, de bromear por su banda de CB con sus amigos los taxistas: “Qué tal, como están, yo por acá con cuatro morenas debajo de mí…”, decía, en referencia a las llantas de su coche cuando recorría los caminos de Ocosingo, Comitán o Las Margaritas. Menos bromista se mostraría en 1995 el día en que el presidente Ernesto Zedillo le tendiera una trampa a Marcos para detenerlo, en Guadalupe Tepeyac: “Es un traidor, con él ya no podemos tener nada de confianza”, diría en las horas siguientes a sus amigos.
Pablo Romo, uno de sus allegados más cercanos, habla con M Semanal del hombre con el que compartió 20 años de trabajo sacerdotal, y revela pasajes hasta ahora desconocidos del obispo, a quien los indígenas llamaban simplemente Tatic.
MS: ¿De dónde le vino a don Samuel su opción por los pobres?
PR: Todo comenzó en el Concilio Vaticano II, de 1962 a 1964, un ejercicio de libertad y transformación radical para la Iglesia. Por eso cuando llega aquí a San Cristóbal lo primero que dice es “tráiganse una marimba a la iglesia”, y ante la sorpresa de todos anuncia que con esa marimba se va a acompañar la misa, y hace de la marimba el principal instrumento litúrgico. Ahí conoce a los grandes teólogos belgas, franceses, que estaban pensando en modernizar la Iglesia cuando hablar de modernizar la Iglesia era un insulto teológico.
Eran los tiempos en que el mundo cambiaba de una manera impresionante y los obispos encerraditos y felices de la vida. Entre las primeras cosas que hace de regreso a San Cristóbal es comenzar a traducir la Biblia al español y a distribuirla. De ahí pasa a reunirse con obispos de Latinoamérica; primero en Brasil y luego en Medellín, Colombia, donde se da la primera Conferencia de Episcopado por los años sesenta. Ahí don Samuel empieza a hablar de los indígenas diciendo: “No podemos seguir hablando más de una Iglesia a favor de los indígenas, tenemos que hablar de una Iglesia de los indígenas”. Empieza a leer a Paulo Freire, más que a Carlos Marx; yo creo que nunca leyó a Marx. Teólogos latinoamericanos muy brillantes tienen contacto con él, principalmente Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff.
Ya en la diócesis empieza a revolucionar la forma de hacer las cosas. Por ejemplo, los maristas traían a los indígenas a sus internados, los desculturizaban y les enseñaban a odiar su propia cultura. Don Samuel cambia eso, y es cuando comienza a tener problemas con esos sectores de la Iglesia. También con los finqueros. Un día fue invitado por un finquero de aquí cerca de San Cristóbal para que presidiera la primera comunión de unos 150 niños de la finca. Se queda en la casa del finquero, que era el gran padrino, y le dan de comer, y cuando pregunta que dónde es la comida con los indígenas, le dicen que ellos están en su casa, y cuando va, descubre que ahí sólo había frijoles. Desde entonces dijo: “no vuelvo a hacer este papelito”.
Entonces pasa a otra etapa que le trajo otros desprecios, cuando empieza a hablar de que los indígenas deben dejar el paternalismo y los empieza a exhortar a que sean sujetos de su propia vida, de su propia historia, dueños de sus propios medios de salvación. Esto provoca que muchos diocesanos se vayan de la diócesis porque veían que ya no era negocio la salvación de las almas indígenas; pero al mismo tiempo llegan de todo el país otros diocesanos que ven como propia la opción que plantea don Samuel, quien además empieza a decirles a los indígenas que no sólo deben escuchar las celebraciones en sus propios idiomas, sino que además tengan capacidad para crear sus propias cooperativas económicas y ser los administradores directos de sus medios de salvación: los sacramentos de la Iglesia, para que no sean manejados a capricho por los sacerdotes.
Ahí es cuando empieza a formar liderazgos locales con los diáconos. Y esto da a una revolución eclesiológica, porque de una pirámide religiosa vertical crea una estructura horizontal. Y esto le crea una pelea con la iglesia.

Los obispos Felipe Arizmendi y Samuel Ruiz durante la misa de fieles chiapanecos en la Basílica de Guadalupe. Foto: Victoria Valtierra/Cuartoscuro
MS: ¿Fue todo esto la semilla del Ejército Zapatista de Liberación Nacional?
PR: Bueno, yo creo que sí, pero hay que decir que el EZLN fue sólo uno de los árboles que nacieron de esas semillas. Es un árbol de los muchos que plantó don Sam en ese tiempo.
MS: ¿Cómo conciliaba don Samuel, en este terreno, el concepto y la práctica de la democracia con la idea vertical de un Dios único, de la obediencia ciega a una autoridad?
PR: Porque en el mundo indígena más que hablar de democracia se habla de participación. En el mundo indígena no es necesario hablar de democracia, ahí impera más el concepto y la práctica de la unanimidad. Las comunidades toman sus decisiones por unanimidad, y en ese mundo es donde don Samuel sembró sus semillas. Por eso, cuando se da el levantamiento armado, eran comunidades enteras las que habían tomado la decisión de sublevarse.
MS: ¿Qué pensaba don Samuel del surgimiento del EZLN? ¿Hasta dónde le asustó ver el fruto de ese árbol que él sembró?
PR: Mira, don Samuel no era muy expresivo. Los que lo conocíamos muy de cerca sabíamos dos claves: cuando estaba preocupado empezaba a sudar un poco en la frente o se le secaban los labios, y cuando algo le entusiasmaba se frotaba las manos. ¿Qué dijo cuando se dio todo eso? “Los amigos, aunque se equivoquen, siguen siendo amigos”.
MS: Te lo pregunto porque en diversos textos se ha llegado a decir que en realidad quien estaba detrás del EZLN y de todo el movimiento zapatista era don Samuel, que él era el comandante mayor, más que Marcos.
PR: Jajajajaja, no, no, no, imposible. Es cierto, se inventaron muchísimas cosas. Yo creo que ciertamente la Iglesia, no sólo don Samuel, sino toda la Iglesia, todos nosotros, las religiosas, los catequistas, los sacerdotes, los diáconos, todos fuimos cómplices de haber generado conciencia, de generar la recuperación de la dignidad, de luchar por lo que es verdadero y justo. Y en ese sentido todos fuimos cómplices, y no es un problema, sino un orgullo. Don Samuel lo expresó siempre de una manera: “Podemos estar de acuerdo en sus exigencias, pero no en los métodos, pero no vamos a dejarlos solos para que se estrellen contra la pared y los maten. Y a partir de ahí se ofrece como mediador, y esto reduce el impacto y el ímpetu del movimiento zapatista, porque lo sienta.
MS: ¿Entonces no es verdad, como se ha dicho en diversos círculos políticos o intelectuales, que la insurrección zapatista contó con la autorización de don Samuel Ruiz y que él les dijo “adelante”?
PR: Jajajajaja, no, no, no. Tú crees que conociendo el ego de Marcos le iba a decir: “Padre, por favor, me da permiso de iniciar mi revolución”. Tú conoces el ego de Marcos, y yo creo que los revolucionarios no se prepararon 10 años para pedirle un permiso a un obispo para iniciar su guerra.
MS: ¿Chocaron alguna vez Marcos y don Samuel?
PR: Sí, sí, sí. Mira, aunque don Samuel no era un hombre de chocar con nadie, sí hubo diferencias, rozones laterales. Y creo que la más grave fue cuando se dieron los Diálogos en San Andrés Larráinzar. En el Diálogo dos todo estuvo a punto de naufragar por una fuerte diferencia entre el gobierno y Marcos. Había una gran terquedad de la delegación de zapatistas para empezar con la distensión militar, querían que antes de iniciar el diálogo se retirara el Ejército de posiciones estratégicas, y obviamente el gobierno nunca iba a aceptar eso. “Les suplico que no se retiren, tengamos un receso”, fue lo que les dijo don Samuel a las partes en uno de los momentos de mayor tensión. Ahí se le bajó el azúcar de tanta tensión.

Manuel Camacho, integrantes del EZLN, entre ellos el sub Marcos, y Tatic, en la catedral de San Cristóbal de las Casas, en 1994. Foto: Fernando Castillo/ MicPhotoPress
MS: ¿Y de Marcos qué pensaba?
PR: Siempre lo consideró un hombre muy capaz e inteligente. Entre los dos siempre hubo un cuidado enorme y un gran respeto por sus respectivas posturas, y eso los mantuvo con una relación de mucha confianza porque se cuidaban de no excederse ni en palabras o gestos.
MS: ¿Y de Manuel Camacho Solís?
PR: Bueno, tuvieron una relación muy cordial y había una gran admiración también por su capacidad de negociación, por su voluntad de buscar acuerdos, de puentear. Don Samuel siempre creía en la gente.
MS: ¿Llegó a creerle a Carlos Salinas en esos difíciles días del conflicto chiapaneco?
PR: Mira, don Samuel nunca o rara, rara vez se expresaba mal de alguien. Yo nunca lo escuché decir nada de Salinas. Yo no sé si creyó en que Salinas quería la paz, pero sí estoy seguro que le creyó a Camacho. De quien alguna vez dijo algo fue de Patrocinio González Garrido. Y a pesar de que la ambición de Patrocinio era tan evidente, don Samuel no dijo nada malo de él. El día que Patrocinio metió a la cárcel al cura Joel Padrón, don Samuel dijo en conferencia de prensa que seguramente “mi amigo” Patrocinio había hecho eso para sólo cuidar a Joel de posibles atentados contra él. Furiosos nos acercamos a don Samuel y le dijimos que cómo podía decir que Patrocinio era su amigo si éste lo odiaba a muerte y si pudiera lo metería en la cárcel. Y don Samuel sólo respondió: “En la vida hay amigos buenos y amigos malos, Patrocinio es un amigo…malo, sí, pero amigo”.
MS: ¿Y qué pensó de Ernesto Zedillo cuando en lugar del secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, el presidente ordenó que fuera el Ejército a detener a Marcos?
PR: Que era un traidor…
MS: ¿Así se lo dijo a su gente cercana?
PR: Sí, claro. don Samuel se molestó mucho. Y luego quisieron meterlo a la cárcel. Zedillo le armó un expediente de basura, y entonces don Samuel nos dijo a todos que “con Zedillo no se puede tener un gramo de confianza, no puede haber nada de confianza”.
MS: ¿En todo este proceso la Iglesia dejó solo a don Samuel?
PR: No, en términos generales no. En esos días hubo muchos mensajes de solidaridad, y sólo estuvieron en contra de don Samuel quienes siempre lo estuvieron: Norberto Rivera, Onésimo (Cepeda), Juan Sandoval. Pero en términos generales la Iglesia católica estuvo con él.
MS: Siendo protector de minorías como los indígenas, don Samuel se pronunció en contra de los matrimonios homosexuales.
PR: Don Samuel tenía 85 años cuando le preguntaron sobre eso. Y un hombre de 85 años difícilmente va a entender nuevas demandas libertarias de carácter general. No era su tema, ni su horizonte de discusión.
Redacción M Semanal
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http://www.msemanal.com/node/3577
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lunes, 31 de enero de 2011

Testamento de Samuel Ruíz...



PARTE FINAL DEL TESTAMENTO DE
MONS. SAMUEL RUIZ GARCÍA
(30 de Enero de 2011)


+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

La familia de Don Samuel me envió esta parte final de su testamento, hecho en la ciudad de Querétaro, y me pide que lo difunda:

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OCTAVA. Por último, manifiesta el Testador dejar plasmado en el presente Instrumento, por ser ésta su última y deliberada voluntad, el siguiente mensaje:

AL SEÑOR DIOS, TRINO Y UNO, que habiendo creado todas las cosas con peso, número y medida, nos redimió por la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo Jesús, le doy infinitas gracias por haberme hecho hijo suyo y por haberme llamado como Pastor de su Iglesia, para “edificar y plantar” su Reino de Justicia, de Amor y de Paz, acompañado de numerosos colaboradores y de su Pueblo Santo.

Por su infinita misericordia me permitió participar en las 4 Sesiones del Concilio Ecuménico Vaticano II e, impulsado por la brisa renovadora del mismo, caminar a nivel de nuestro Continente y de nuestro País, en la Comisión de Misiones del CELAM, en la Comisión Episcopal de Indígenas en la CEM y como último Obispo de la Diócesis de Chiapas y 1er. Obispo de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas.

En especial agradezco el privilegio de haber podido descubrir en los humildes y sencillos: los pobres y los indígenas, la grandeza de sus designios manifestados en aquellos de quienes es el Reino de los cielos.

Muero en la confesión de esta fe, vivida en el seno de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y en comunión con el Sucesor de Pedro y con mis hermanos Obispos, reconociendo mis limitaciones e infidelidades.

Con todo el corazón pido perdón a Dios de todas mis faltas y también lo pido a todas aquellas personas que, con mis palabras o acciones, haya ofendido o escandalizado y ruego al mismo misericordioso y omnipotente Señor (cuya justicia es su misericordia), que repare los daños que mis acciones causaron en dichas personas”.
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http://www.diocesisancristobal.com.mx/MOBTMSR.htm
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jueves, 27 de enero de 2011

Comunicado del EZNL sobre el Tatic Samuel Ruiz GArcía...

Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Periódico La Jornada
Jueves 27 de enero de 2011, p. 17
COMUNICADO DEL COMITÉ CLANDESTINO REVOLUCIONARIO INDÍGENA-COMANDANCIA GENERAL DEL EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.
ENERO DEL 2011.
AL PUEBLO DE MÉXICO:

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El Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional manifiesta su pesar por la muerte del Obispo Emérito Don Samuel Ruiz García.
En el EZLN militan personas con diferentes credos y sin creencia religiosa alguna, pero la estatura humana de este hombre (y la de quienes, como él, caminan del lado de los oprimidos, los despojados, los reprimidos, los despreciados), llama a nuestra palabra.
Aunque no fueron pocas ni superficiales las diferencias, desacuerdos y distancias, hoy queremos remarcar un compromiso y una trayectoria que no son sólo de un individuo, sino de toda una corriente dentro de la Iglesia Católica.
Don Samuel Ruiz García no sólo destacó en un catolicismo practicado en y con los desposeídos, con su equipo también formó toda una generación de cristianos comprometidos con esa práctica de la religión católica. No sólo se preocupó por la grave situación de miseria y marginación de los pueblos originarios de Chiapas, también trabajó, junto con heroico equipo de pastoral, por mejorar esas indignas condiciones de vida y muerte.
Lo que los gobiernos olvidaron propositivamente para cultivar la muerte, se hizo memoria de vida en la diócesis de San Cristóbal de Las Casas.
Don Samuel Ruiz García y su equipo no sólo se empeñaron en alcanzar la paz con justicia y dignidad para los indígenas de Chiapas, también arriesgaron y arriesgan su vida, libertad y bienes en ese camino truncado por la soberbia del poder político.
Incluso desde mucho antes de nuestro alzamiento en 1994, la Diócesis de San Cristóbal padeció el hostigamiento, los ataques y las calumnias del Ejército Federal y de los gobiernos estatales en turno.
Al menos desde Juan Sabines Gutiérrez (recordado por la masacre de Wolonchan en 1980) y pasando por el General Absalón Castellanos Domínguez, Patrocinio González Garrido, Elmar Setzer M., Eduardo Robledo Rincón, Julio César Ruiz Ferro (uno de los autores de la matanza de Acteal en 1997) y Roberto Albores Guillén (más conocido como el croquetas), los gobernadores de Chiapas hostigaron a quienes en la diócesis de San Cristóbal se opusieron a sus matanzas y al manejo del Estado como si fuera una hacienda porfirista.
Desde 1994, durante su trabajo en la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), en compañía de las mujeres y hombres que formaron esa instancia de paz, Don Samuel recibió presiones, hostigamientos y amenazas, incluyendo atentados contra su vida por parte del grupo paramilitar mal llamado Paz y Justicia.
Y siendo presidente de la CONAI Don Samuel sufrió también, en febrero de 1995, un amago de encarcelamiento.
Ernesto Zedillo Ponce de León, como parte de una estrategia de distracción (tal y como se hace ahora) para ocultar la grave crisis económica en la que él y Carlos Salinas de Gortari habían sumido al país, reactivó la guerra contra las comunidades indígenas zapatistas.
Al mismo tiempo que lanzaba una gran ofensiva militar en contra del EZLN (misma que fracasó), Zedillo atacó a la Comisión Nacional de Intermediación.
Obsesionado con la idea de acabar con Don Samuel, el entonces presidente de México, y ahora empleado de trasnacionales, aprovechó la alianza que, bajo la tutela de Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de Cevallos, se había forjado entre el PRI y el PAN.
En esas fechas, en una reunión con la cúpula eclesial católica, el entonces Procurador General de la República, el panista y fanático del espiritismo y la brujería más chambones, Antonio Lozano Gracia, blandió frente a Don Samuel Ruiz García un documento con la orden de aprehensión en su contra.
Y cuentan que el procurador graduado en Ciencias Ocultas fue confrontado por los demás obispos, entre ellos Norberto Rivera, quienes salieron en la defensa del titular de la Diócesis de San Cristóbal.
La alianza PRI-PAN (a la que luego se unirían en Chiapas el PRD y el PT) en contra de la Iglesia Católica progresista no se detuvo ahí. Desde los gobiernos federal y estatal se apadrinaron ataques, calumnias y atentados en contra de los miembros de la Diócesis.
El Ejército Federal no se quedó atrás. Al mismo tiempo que financiaba, entrenaba y pertrechaba a grupos paramilitares, se promovía la especie de que la Diócesis sembraba la violencia.
La tesis de entonces (y que hoy es repetida por idiotas de la izquierda de escritorio) era que la Diócesis había formado a las bases y a los cuadros de dirección del EZLN.
Un botón de la amplia muestra de estos argumentos ridículos se dio cuando un general mostraba un libro como prueba de la liga de la Diócesis con lostransgresores de la ley.
El título del libro incriminatorio es El Evangelio según San Marcos.
Hoy en día esos ataques no han cesado.
El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas recibe continuamente amenazas y hostigamientos.
Además de ser haber sido fundado por Don Samuel Ruiz García y de tener una inspiración cristiana, el Frayba tiene como delitos agravantes el creer en la Integralidad e Indivisibilidad de los Derechos Humanos, el respeto a la diversidad cultural y al derecho a la Libre Determinación, la justicia integral como requisito para la paz, y el desarrollo de una cultura de diálogo, tolerancia y reconciliación, con respeto a la pluralidad cultural y religiosa.
Nada más molesto que esos principios.
Y esta molestia llega hasta el Vaticano, donde se maniobra para partir la diócesis de San Cristóbal de Las Casas en dos, de modo de diluir la alternativa en, por y con los pobres, en la acomodaticia que lava conciencias en dinero. Aprovechando el deceso de Don Samuel, se reactiva ese proyecto de control y división.
Porque allá arriba entienden que la opción por los pobres no muere con Don Samuel. Vive y actúa en todo ese sector de la Iglesia Católica que decidió ser consecuente con lo que se predica.
Mientras tanto, el equipo de pastoral, y especialmente los diáconos, ministros y catequistas (indígenas católicos de las comunidades) sufren las calumnias, insultos y ataques de los neo-amantes de la guerra. El Poder sigue añorando sus días de señorío y ven en el trabajo de la Diócesis un obstáculo para reinstaurar su régimen de horca y cuchillo.
El grotesco desfile de personajes de la vida política local y nacional frente al féretro de Don Samuel no es para honrarlo, sino para comprobar, con alivio, que ha muerto; y los medios de comunicación locales simulan lamentar lo que en realidad festinan.
Por encima de todos esos ataques y conspiraciones eclesiales, Don Samuel Ruiz García y l@s cristian@s como él, tuvieron, tienen y tendrán un lugar especial en el moreno corazón de las comunidades indígenas zapatistas.
Ahora que está de moda condenar a toda la Iglesia Católica por los crímenes, desmanes, comisiones y omisiones de algunos de sus prelados…
Ahora que el sector autodenominado progresista se solaza en hacer burla y escarnio de la Iglesia Católica toda…
Ahora que se alienta el ver en todo sacerdote a un pederasta en potencia o en activo…
Ahora sería bueno voltear a mirar hacia abajo y encontrar ahí a quienes, como antes Don Samuel, desafiaron y desafían al Poder.
Porque est@s cristianos creen firmemente en que la justicia debe reinar también en este mundo.
Y así lo viven, y mueren, en pensamiento, palabra y obra.
Porque si bien es cierto que hay Marciales y Onésimos en la Iglesia Católica, también hubo y hay Roncos, Ernestos, Samueles, Arturos, Raúles, Sergios, Bartolomés, Joeles, Heribertos, Raymundos, Salvadores, Santiagos, Diegos, Estelas, Victorias, y miles de religios@s y seglares que, estando del lado de la justicia y la libertad, están del lado de la vida.
En el EZLN, católicos y no católicos, creyentes y no creyentes, hoy no sólo honramos la memoria de Don Samuel Ruiz García.
También, y sobre todo, saludamos el compromiso consecuente de l@s cristian@s y creyentes que en Chiapas, en México y en el Mundo, no guardan un silencio cómplice frente a la injusticia, ni permanecen inmóviles frente a la guerra.
Se va Don Samuel, pero quedan muchas otras, muchos otros que, en y por la fe católica cristiana, luchan por un mundo terrenal más justo, más libre, más democrático, es decir, por un mundo mejor.
Salud a ellas y ellos, porque de sus desvelos también se nacerá el mañana.
¡LIBERTAD!
¡JUSTICIA!
¡DEMOCRACIA!
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN.
Teniente Coronel Insurgente Moisés.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Enero del 2011.

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http://www.jornada.unam.mx/2011/01/27/index.php?section=politica&article=017n4pol
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miércoles, 26 de enero de 2011

El obispo incómodo... Para las Jerarquías corruptas...

Samuel Ruíz
El obispo incómodo
Carlos Martínez García

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Sus principales opositores no estuvieron fuera de la Iglesia católica, sino dentro. En la última década de su largo obispado en San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García debió enfrentar duras críticas hacia su labor y repetidas intentonas de removerlo de Chiapas por parte de las cúpulas del Episcopado Mexicano y el nuncio papal Girolamo Prigione Pozzi.
Por su identificación con la línea teológica y pastoral conocida como opción preferencial por los pobres, el obispo Samuel Ruiz, junto con otros con igual cargo en países de América Latina y teólogos que compartían la misma elección, debieron padecer los acosos doctrinales y políticos emanados desde Roma. Durante el papado de Karol Wojtyla –Juan Pablo II– como lo denunció en su momento el teólogo católico Hans Küng, se llevó a cabo la restauración de un conservadurismo preconciliar. Fue así que al mismo Küng el autoritarismo anidado en el Vaticano le prohibió enseñar teología católica. Lo mismo le sucedió al sacerdote brasileño Leonardo Boff, y a muchos otros renuentes a sujetarse irrestrictamente a la ortodoxia normada por Roma.
A principios de la década de 1990 hubo fuertes movimientos realizados por el nuncio Prigione para quitar del obispado de San Cristóbal de las Casas a Samuel Ruiz. Antes de eso las advertencias a Ruiz García por desviarse de las prácticas eclesiales bien vistas en la sede papal no fueron atendidas por éste en la forma allá deseada. Entonces subrepticiamente Prigione comenzó a preparar todo para desterrar al obispo de la diócesis coleta.
La intentona trascendió y se levantó la solidaridad con el obispo acosado. Organizaciones indígenas chiapanecas, entre ellas el gran movimiento de diáconos y catequistas integrantes de la línea pastoral del obispo Ruiz García, denunciaron que el fondo de todo era el descontento de los auténticos coletos (ganaderos, terratenientes y privilegiados por sus vínculos con la clase política regional) con la poca espiritualidad de las enseñanzas y sermones de Samuel Ruiz. Para ellos hablar a los indígenas de derechos humanos y justicia tenía que ver más con activismo sociopolítico que con el Evangelio. Por su parte el obispo defendía su acercamiento señalando que la verdadera espiritualidad, muy distinta del espiritualismo, debía incluir tanto lo interno como lo externo, que de eso se trataba la enseñanza evangélica de la encarnación.
Cuando la irrupción zapatista, el primero de enero de 1994, pulularon seudo explicaciones de su gestación. Hubo un sinfín de señalamientos hacia el responsable de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas. Sin pruebas acusaron al obispo Samuel Ruiz de ser el principal instigador del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Esas endebles explicaciones fueron miopes a las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales de explotación y discriminación con las que los indígenas chiapanecos habían sido lacerados por siglos.
Entre los señalamientos más recurrentes a la línea pastoral del obispo Samuel Ruiz, desde el seno mismo del Episcopado Mexicano y los sucesivos representantes papales, estuvo el de que su diócesis era una de las que experimentaba la mayor descatolización del país. Los censos mostraban que al iniciar su obispado en San Cristóbal de las Casas la media estatal de población protestante/evangélica ascendió a 4.2 por ciento. Cuarenta años después, para 2000 los números llegan a casi 20 por ciento. Pero la media en zonas indígenas pertenecientes a la diócesis de Samuel Ruiz, alcanzan porcentajes de población protestante/evangélica que rebasan con mucho el promedio de Chiapas: zona chol, 30 por ciento; zona tzotzil, 24 por ciento; zona tzeltal, 32 por ciento. En las tres zonas hubo, de acuerdo con el Censo del 2000, municipios que rebasaron 40 por ciento de quienes se declararon protestantes/evangélicos.
A pesar de las cifras anteriores, un análisis detenido de la pastoral de Samuel Ruiz García evidencia que lo sucedido durante sus cuatro décadas al frente de la diócesis de San Cristóbal de las Casas fue una revitalización del catolicismo en poblaciones preponderantemente indígenas. Antes de él la característica del trabajo pastoral católico fue la ausencia, o fugaces visitas, de sacerdotes en y a los pueblos indios. El obispo pudo ver con claridad que era necesario involucrar decididamente a los indígenas en el trabajo eclesiástico, tal como lo hacían las iglesias evangélicas, cuyo desarrollo estaba preponderantemente en manos de los creyentes de las localidades.
El vital movimiento de diáconos y catequistas, fomentado decididamente por Samuel Ruiz a partir de la segunda mitad de la década de los setenta, le valió el encono de quienes en la Iglesia católica favorecen el ministerio centrado en los sacerdotes. Al ampliar su eclesiología, y entregar muchas de las funciones concebidas originalmente sólo para quienes ejercen el sacerdocio, Ruiz García desafió al elitismo que exalta muy por encima de la feligresía a los curas ordenados. Los guardianes de la pureza de la casta sacerdotal lo hostigaron todavía más cuando se atrevió a ordenar diáconos permanentes casados, y dejó entrever que para completar el desarrollo –inculturación le llamaba– sería necesario llegar a la ordenación de sacerdotes indígenas con vínculo matrimonial.
Fue un obispo incómodo para los poderes dominantes en la Iglesia católica, aunque no nada más para los asentados en ella.

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http://www.jornada.unam.mx/2011/01/26/index.php?section=opinion&article=027a1pol
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martes, 25 de enero de 2011

Samuel Ruíz es un Héroe de nuestro tiempo...

1.- Samuel Ruiz, ejemplo de entrega a procesos de paz: Raúl Vera. Con Ricardo Rocha
25 de Enero, 2011
El obispo de Saltillo destacó "la diferencia" de un hombre como Samuel Ruiz con lo que se vive en estos momentos en el país, "el espectáculo que estamos viendo de la desatención de la persona humana, cómo cada día se va complicando México, estamos en torbellino de retrocesos y deterioro por la falta de ética".

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El obispo de Saltillo, Raúl Vera López, consideró que la muerte del obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, Samuel Ruiz García, es un ejemplo de entrega generosa a procesos a favor de la vida, de los derechos humanos y la paz.

Cabe recordar que Samuel Ruiz García fungió como mediador en el conflicto de Chiapas entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el gobierno federal, además de otros conflictos en América Latina.

"Lo que significa para nosotros es tener un intercesor ante Dios… un hombre excepcional", aseguró Raúl Vera López en entrevista con Ricardo Rocha en "Fórmula Detrás de la Noticia".

En tanto, destacó que a la una de la mañana la Catedral de San Cristóbal estaba a reventar, ya que se realizó una misa de cuerpo presente donde el ataúd del obispo es venerado por cientos de fieles, en su mayoría indígenas de la zona Altos de Chiapas provenientes de las siete regiones pastorales de esta diócesis.

Asimismo, el obispo de Saltillo destacó "la diferencia" de un hombre como Samuel Ruiz García con lo que se vive en estos momentos en el país, "el espectáculo que estamos viendo de la desatención de la persona humana, cómo cada día se va complicando México, estamos en torbellino de retrocesos y deterioro por la falta de ética y la falta de responsabilidad en las políticas públicas e iniciativa privada".


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.http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=152754
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2.- Tristeza y misas reciben cuerpo obispo en San Cristóbal. Con Ricardo Rocha
25 de Enero, 2011
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La periodista independiente y fundadora junto con Samuel Ruiz del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, Concepción Villafuerte, informó que el cuerpo del obispo emérito, permanecerá todo este día en diferentes comunidades de las dos mil 500 que conforman las siete regiones pastorales de la diócesis

La periodista independiente y fundadora junto con Samuel Ruiz del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, Concepción Villafuerte, refirió que existe una gran tristeza en la entidad por la ausencia del obispo emérito, personaje importante en el levantamiento indígena zapatista.

En entrevista con Ricardo Rocha, la periodista de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, señaló que el cuerpo de Samuel Ruiz, ya llegó a la catedral de San Cristóbal, en donde algunos obispos le oficiaron una misa.

Asimismo, informó que el cuerpo del obispo emérito, permanecerá todo este día en diferentes comunidades de las dos mil 500 que conforman las siete regiones pastorales de la diócesis, integradas por millón y medio de personas.

Finalmente destacó que el obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, será sepultado el miércoles 26.


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http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=152752
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