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martes, 20 de septiembre de 2011

Hidalgo ¿El Dulce Cura Viejito y Criollo? No, ¡Cura Cabrón!...

Esta columna es en respuesta a la columna “Fascistas y Traidores” de Anel Guadalupe Montero Díaz (http://www.sdpnoticias.com/columna/4817/Fascistas_y_traidores_ ) que aparece hoy 19 de septiembre del 2011 en el Sendero. No busco bronca pero si poner en claro algunos puntos.

Ladillas

El Dulce Cura Viejito y Criollo

Miguel Hidalgo y Costilla
Por Pomponio
………….
Como diría el doctor Frankenstein, vamos por partes. El dulce cura viejito criollo que, según la imagen el régimen quiere afianzar, inicio entre chocolatitos la terrible guerra de independencia que ensangrentó y destruyo a la Nueva España, no es tal. Y si, tal vez no era en sus inicios un furibundo Che Guevara mas es obvio que si era lo que se entendería por rojillo en esos tiempos. Si lo afirmo es porque tengo los pelos de la mula (el libro de Paco Ignacio Taibo II – “El Cura Hidalgo y sus Amigos”) en las manos.

I. La Nueva España

Fernando VII era un hijoeputa. Conspiro para derrocar a su padre, Carlos IV, pero el cachorro resulto tan pendejo que no tuvo éxito. La reina era putisima. Se decía que tenia de amante al ministro Godoy (no guey, no es el de Michoacán) y que Fernando VII había sido engendrado por este. O sea, los retrasados mentales que hoy detentan el trono español tal vez no tengan ni una gota de sangre borbona. (En justicia, los borbones del siglo XVIII le dieron a España y sus colonias mejor gobierno que los Habsburgo que reemplazaron, los cuales habían degenerado a tal grado por la consanguinidad que el ultimo Habsburgo, Carlos II, llamado “el Hechizado”, resulto ser tan lleno de taras que no podía ni aparearse para procrear un hijo. Por lo imbéciles, los “borbones” de hoy recuerdan más bien al ultimo Habsburgo.)

El caso es que Napoleón I vio la clase de cloaca inmunda que era la corte española y decidió que bien podría gobernar ahí su borrachín hermano José. Mando encarcelar tanto a Carlos IV como a Fernando VII y proclamo rey de España a José. La plebe española pronto bautizo a este como “Pepe Botella” y con gran celo patriótico hubieron levantamientos en toda la península contra él. Corría el año de 1808.

En la Nueva España el régimen de Pepe Botella también causo aspavientos. El licenciado Primo Verdad, en el ayuntamiento de la muy real y señorial Ciudad de Méjico (con jota) presento una tesis francamente irrefutable. El rollo de Verdad era más o menos el siguiente: “…el papa Borgia, Alejandro VI, en el tratado de Tordesillas, claramente le concedió la Nueva España a la corona de España, no a España…al no haber un rey legitimo de España sino un pelele impuesto por Napoleón, entonces el tratado es nulo, España no tiene ningún derecho a gobernar en tierra de indios, y debe de reasumir su soberanía la ciudad que gobernaba lo que es hoy la Nueva España. ¿Y no era esta la antigua Tenochtitlan, hoy Ciudad de Méjico?...”

¡Josu! ¿Qué implicaba eso? ¿Qué la “indiada” iba a volver a gobernar? La criollada ilustrada (Primo Verdad, Fray Servando, Hidalgo, Allende) no le tenían miedo a andar entre la “indiada”. Pero, ¿y que de los peninsulares que encabezaban los más altos puestos directivos en la iglesia, el gobierno, y el comercio? O peor, ¿Qué de los wannabe de gachupin (que abundaban), los mestizos que se avergonzaban de sus pelos parados y bigotes de aguamiel e insistían en cecear las zetas? ¿Los iban a sacrificar a todos en el altar de Huichilobos o peor, regresarlos a Butrafago de las Alpargatas a que se murieran de hambre en las áridas y pobres tierras de la península? ¡Me cago en Cristo que la “gente de razón” no iba a tolerar tal cosa!

“La gente de razón” luego luego se organizo para oponerse a los “ideas radicales” del licenciado Verdad. Formaron un grupo que la plebe comenzó a llamar “Los Gachupines”, equivalente al Yunque y CCE de nuestros días. Contaban entre ellos a los clérigos más encumbrados, hacendados, comerciantes, varios miembros del gobierno virreinal, y si, la punta de pendejos wannabes de siempre (hoy los llamamos PANistas). Estos últimos serian los gatos, la carne de cañón. Los encabezaba un hacendado de tierra caliente llamado Gabriel Yermo, el cual siempre le fue nefasto a la causa de la independencia, llegando incluso a formar contra guerrillas para combatir a los insurgentes en el sur.

II. Militares Masca Vidrios

El fiel de la balanza era el virrey, don José de Iturrigaray. Pero, ay, este era un viejo rete cabron. Por principio, era un militar masca vidrios. Luego luego se avoco a fortificar Veracruz, Xalapa, y Fortin, por si se les ocurría a los gabachos desembarcar. El mismo regimiento de Lanceros de la Reina en que militaba Allende había sido formado entonces. ¡E Iturrigaray puso en pie de guerra a la Nueva España reclutando y dándole armas a la “indiada” que tanto despreciaban “los Gachupines”! Eso era muy peligroso.

Verán, unas décadas antes había habido otro virrey, militar español masca vidrios, que resulto ser un genio militar, José de Gálvez (los gringos lo recuerdan en el puerto de Galveston). Este virrey Gálvez decidió intervenir en la guerra de independencia gringa pues tanto gringos como ingleses tenían que “enseñarse a respetar” pues entraban y salían del virreinato como si fueran los patrones (hoy en día SON los patrones) y hasta se habían agandallado tierras mejicanas en la Luisiana y la Florida. (Y es que, chiquillos y chiquillas, en ese tiempo el Golfo de México SI era de México.) Para tal efecto Gálvez levanto tropas mexicanas (perdón, mejicanas) que marcharon del centro hasta Tejas. De ahí cruzaron el Misisipi y recuperaron Nuevo Orleans que estaba en posesión de los herejes (perdón, quiero decir ingleses, he estado leyendo en demasía a Pérez Reverte).

Y no contento con esa hazaña, Gálvez decidió seguirse hasta la Florida donde también mando a la chingada a los ingleses ahí, específicamente en Pensacola, que fue tomada por las tropas mejicanas que Gálvez encabezaba. Los ingleses decidieron intentar reinvadir Florida y para tal efecto mandaron unas tropas bajo el mando del general Campbell. Igual, Gálvez y sus mejicanos los volvieron a derrotar, humillando a la misma Black Watch (51st Highlander). De ahí entonces que no pudieron reforzar a Cornwallis en Yorktown, Virginia, y este se tuvo que rendir ante Washington. (Moraleja: los gringos le deben su independencia a los mejicanos.) Corría el año de 1781.

Pero, y este era el pero que “los Gachupines” tenían con cualquier militar español masca vidrios que estuviera dispuesto a armar a la “indiada”, a su regreso a Méjico, al frente de un ejército victorioso que le era leal a muerte, el virrey Gálvez empezó a pensar seriamente en independizar a México, igual que George Washington había hecho con las colonias británicas. Y carajos, con sus tropas mejicanas Gálvez se seguiría, construiría una flota, y tomaría también Cuba, plan que el payaso de Santa Anna también ideo pero que solo Gálvez hubiera hecho realidad. Hasta fijo una fecha para proclamar la independencia, sería el 12 de diciembre de 1783. Pero, unas semanas antes, Galvez amaneció muerto en palacio. Se sospechaba que había sido envenenado por la santa madre iglesia católica, apostólica y romana. La puta de Babilonia había vuelto a joder a México, y lo sigue haciendo hasta nuestros días.

E Iturrigaray tenía, a los ojos de “los Gachupines”, la misma pinta que Gálvez. Y era, además un grandísimo cabrón pues era incondicional de Godoy. ¡Hasta se decía que metió de contrabando un chingo de mercancía cuando llego a la Nueva España! Poco respeto les tenia Iturrigaray a “los Gachupines” y peor, en cuanto oyo la propuesta del Lic. Verdad no mando luego luego que le dieran el garrote sino que hizo saber “…que meditaría si era necesario proclamar la independencia de Méjico, por lo menos hasta que don Fernando VII fuera liberado y asumiera otra vez el trono…”

Así pues, lo que Iturrigaray sopesaba era la misma arenga (“¡Viva Fernando VII!”) que Hidalgo uso dos años después. Se independizaría a la Nueva España y luego se viriguaria. Era muy remoto que Fernando VII regresara al trono. La Grande Armee era un trabuco y Napoleón un chingón. (Solo fue cuando el corso hizo el error de meterse a Rusia que su imperio llego a su fin.) Ciertamente, el gran Morelos fue el primero que abiertamente proclamo la independencia de México (con equis). Pero, en la práctica, lo que iba a intentar Hidalgo era lo mismo: independizar a la Nueva España

III. El Primer Golpe de Estado

Así pues, no tardaron “los Gachupines” en coincidir que Iturrigaray era “un peligro para España”. La realidad era que a Yermo y el resto de “los Gachupines” les importaba un carajo Fernando VII o quien gobernara con tal de que pudieran seguir mamando de la generosa teta que era (como hoy) la Nueva España. Había que quitar a Iturrigaray y si, arrestar y meter en la cárcel a Primo Verdad y el resto de los criollos que andaban llenándole la cabeza de humo a la “indiada”.

“Los Gachupines” comenzaron a conspirar. Tenían plata en abundancia, producto de sus diezmos, de sus minas, de sus haciendas. Y tenían una abundancia de incondicionales entre los wannabe de gachupin, los mestizos que ceceaban las zetas para sentirse españoles. Decidieron que Iturrigaray y el rojillo ese de Primo Verdad “aprenderían a respetar”.

Una noche de septiembre de 1808 tomo lugar el primer golpe de estado en la historia de Méjico. Yermo encabezo a sus achichincles y tomaron el palacio virreinal. Arrestaron a Iturrigaray. Le pusieron grilletes y lo mandaron derechito a Veracruz para que se regresara a España. Por lo que toca a Primo Verdad, también fue arrestado e igual lo mandaron en grilletes a Veracruz, específicamente a las horrendas crujías de San Juan de Ulúa donde murió de tuberculosis.

Fue así que por primera vez en la historia de México la derecha, los pacíficos, los potentados, los respetuosos de “las instituciones”, y sus esbirros wannabes habían violado la ley para asegurar que seguirían mamando del presupuesto. Este horrible precedente continúa hasta nuestros días.

Y ya hechos del poder Yermo y sus incondicionales buscaron un pelele para que ejerciera el mando. Impusieron a un anciano que ya chocheaba, el mariscal Pedro Garibay, como virrey. ¿Les suena familiar esto?

Y les mencione que eso ocurrió “una noche de septiembre de 1808”. ¿Saben cual? La noche del quince de septiembre. Esa fecha no la olvidaría la criollada ilustrada. Y entre estos estaban Hidalgo, Allende, la corregidora, etc.

IV. El Retrato

En 1810 Hidalgo tenía 57 años. No era un anciano ochentón. La litografía de Claudio Linetti de 1826, cuando todavía vivían testigos presenciales, muestra a un fulano criollo de nariz afilada que ya echo panza pero que todavía es físicamente imponente. Viste a la chinaca, con camisa con olanes y pantalones acampanados y trae un sombrero de ala ancha. Alza un crucifijo como arengando a sus fieles a seguirlo. El pelo ha encanecido. Pero el sombrero impide ver si es calvo.

Cuando Maximiliano llego a México pocos quedaban vivos que recordaban como era Hidalgo. El mejor hombre que tenia Max (estaba rodeado de puros conservadores, es decir, de pendejos) era Carlota, la hija del rey Leopoldo de Bélgica, uno de los más grandes genocidas e hijos de puta que han existido. De tal palo tal astilla. Carlota convenció a Max que hiciera de Hidalgo un icono, que había que convencer a la “indiada” que el régimen de Max era la consumación de la lucha de Hidalgo. Para tal efecto Max comisiono lo que sería la versión oficial (hasta nuestros días) de Hidalgo. Hizo que un cura austriaco allegado a él posara para el retrato. Si, de ahí nació el cura calvito, ancianito, bonachón. El mensaje de Max era claro: miren a este viejecito; yo continúo su obra…ustedes sean como él…bonachones…calladitos se ven más bonitos.

Y sin embargo, ¡al mismo tiempo que Max sacaba a pasear a esta versión del cura unos chinacos con pantalones bombachos, olanes en la camisa, y sombreros de ala ancha andaban, bajo el mando del genial guerrillero Riva Palacio partiéndole la jeta a los zuavos allá en el bajío donde el Hidalgo original, el que andaba vestido de chinaco, no el viejecito que tomaba su chocolatito, hizo su desmadre!

V. “Un cura extraordinario” – AMLO

Este “cura extraordinario”…

… hablaba francés, latín, griego, náhuatl, y varias lenguas indígenas.

…compraba de contrabando los libros de los enciclopedistas franceses que habían inspirado la revolución de 1793.

…era un chile dulce, un “ladies man”, tuvo muchas amantes, y pobló el Bajío. Todavía hasta nuestros días se encuentran descendientes de Hidalgo por esos rumbos.

…estableció un viñedo pues le cagaba tener que pagar una fortuna por el vino que a huevo tenía que comprársele a España. Fue por ello que se metió en una bronca con el gobierno virreinal que le clausuro el negocio y mando arrasar el viñedo.

…tradujo el Tartufo de Moliere al castellano y escenifico esta obra ante la plebe (la cual se supone que despreciaba) y luego hizo a la primera actriz de la obra su amante. (Esa hazaña de llevar la cultura directamente al pueblo me recuerda como el poeta García Lorca, durante la republica española, iba de pueblo en pueblo escenificando las obras del siglo de oro español ante los iletrados campesinos que, oh sorpresa, apreciaban y aplaudían las obras.)

…permitió que la “indiada” le entrara a la batalla en el Monte de las Cruces, a pesar de que solo tenían machetes y contra los consejos de Allende pues entendía que “…tienen 300 años de agravios que hacerse pagar…”

…aprobó la impresión del “Despertador Americano”, un periódico revolucionario, con retorica mas incendiaria que el Granma o el Sendero.

…bajó el estandarte de la Lupe del altar de la iglesia de Atotonilco y se la presento a los indígenas, arengándoles con ella no en castellano sino en mexicano y llamando a la imagen “Tonantzin”. La noticia cundió como relámpago en la sierra y miles de indígenas se bajaron de ella coreando “¡Tonantzin! ¡Tonantzin!”

…inspirado por los “droits des hommes” de los revolucionarios del 93 o simplemente porque le asqueaba esa chingadera y, carajos, tenía la oportunidad de hacerlo, abolió la puta esclavitud en cuanto entro a Guadalajara.

…en cuanto llegaba a un pueblo mandaba vaciar las cárceles diciéndoles a los presos: “Hijos míos, sois libres. Nuestra justicia no es la de ellos.” Conste, el revolucionario, el líder insurgente, el cura cabrón decía: “la justicia de ellos”, la justicia que castiga al pobre, la de los ricos, la de “los Gachupines” de Yermo, la justicia que le da impunidad al poderoso. ¡Y todavía hay quienes afirman que Hidalgo no era radical y revolucionario! Esta acción es digna de un Praxedis Guerrero.

Ah, pero la derecha nos insiste en la imagen del Hidalgo que era calvito, bonachón, y tomaba sus chocolatitos. Si creemos la versión maximilianista y del régimen cristero tal vez fue una malinterpretación o un simple error lo que hizo, a la mejor ya chocheaba. La misma iglesia ahora lo reclama y trata de encaramarse en su imagen (igual que Max y Carlota lo intentaron en su día) olvidando como lo excomulgo y lo persiguió con saña. Y hoy, gracias a la Chucky, los niños mexicanos conocen menos a Hidalgo que a Mickey Mouse (Fidel Castro dixit).

VI. Esa Noche

Sí, hay varias versiones de lo que paso esa noche de 1810. Pero la que se ha hecho dogma es la de don Manuel Payno, escrita más de cincuenta años después de los hechos.

La conspiración era un desmadre. Medio Guanajuato sabía que se tramaba algo. En las cantinas se discutía como se mandarían a los españoles de regreso a su casa. En las tertulias de la corregidora había más soplones que militantes. Hidalgo había asistido a esos “círculos de estudio” pero no se había involucrado mucho.

El que era el motorcito de la conspiración era don Ignacio Allende, capitán del Regimiento de Lanceros de la Reina. Hablaba con el que se dejara, tratando de reclutarlo. Varios militares en los que confió advirtieron al gobierno virreinal de sus actividades. Era cuestión de tiempo antes de que los levantaran. Pero al virrey recién llegado de España, Francisco Venegas y Saavedra, le pareció que no ameritaba mandar tropas a Guanajuato. Con mandar unos alguaciles a aprender a esos revoltosos bastaba.

Y ahí nace el rollo de doña Josefa alertando a un criado (en realidad el vecino de la planta de abajo) que cabalga toda la noche (fueron varios los que fueron mandados a alertar pero solo uno llego) a advertir a Allende y Aldama. Estos conferencian con Hidalgo (¿por qué? Hidalgo no se había involucrado tanto). Allende decide pelarse a la sierra, conoce al virrey. Aldama haría lo que dijera Allende.

Hidalgo es el que se opone y dice ¡basta! Exclama lo de “es hora de matar gachupines”. O sea, ¿el dulce cura viejecito y chocolatero insiste en que es hora de mostrar huevos y de derramar sangre? ¿Y no es “gachupin” don Miguel? ¿No cecea las zetas también? ¿Cómo puede entonces pedir que haya que rebanarles el pescuezo a los españoles? No suena lógico, lector, a menos que don Miguel se estuviera refiriendo a “los Gachupines”, los de Gabriel Yermo.

¡Y todo esto toma lugar exactamente a los dos años del cruento golpe de estado que hicieron “los Gachupines” en 1808 derrocando a Iturrigaray!

Yo no sé, pero don Manuel Payno a veces escribía borracho. Y si, el autor del Fistol del Diablo era bien rollero. Pocos testigos vivían cuando escribió su historia “La Noche del 15 de septiembre de 1810”. No concibo a un Allende dispuesto a pelarse al monte. Más bien creo que se iría derechito al cuartel de los Lanceros de la Reina para soltar “los perros de la guerra” (casi todo el regimiento lo siguió una vez que comenzó la bola). Si Hidalgo no se había involucrado mucho creo que fue por prudencia (carajos, como dije, la mitad de los asistentes a los círculos de estudio de doña Josefa era agentes de gobernación del gobierno virreinal).

Imagínese usted cual vecino de Dolores esa madrugada cuando el cura empieza a chingar con las campanas. A menos que el cura no le hubiera estado inculcando ideas levantiscas en la homilía por un buen tiempo usted lo hubiera mandado a la chingada cuando proclama eso de “muera el mal gobierno”, ¿verdad? No, Hidalgo tuvo que haber hecho labor de zapa, cambiándoles la mentalidad a los vecinos de Dolores. Si no, no lo hubieran seguido. Hubieran seguido de “lupitanos”, resignados a que “ansina son las cosas y no van a cambiar”, y solo un milagro de la Lupe nos quitaría el mal gobierno.

Que quede claro. Los vecinos que siguieron a Hidalgo eran hombres libres, que sabían a lo que iban, que no les importaba si los mataban, que sabían lo criminales y ladrones y nefastos que eran “los Gachupines” de Gabriel Yermo, que estaban dispuestos a cambiar “el mal gobierno” que esos cabrones habían implantado, que sí, porque así se los dijo el cura, insisto, sabían que eso de “viva Fernando VII” era puro pretexto para poder independizar a México (con equis) de España. Y hacer eso, cambiarle la mentalidad a la masa agachona, y encabezarlos en una revuelta, solo lo hace un revolucionario. O sea, imagínense un Pancho Villa que dice misa y habla francés. Ese era Hidalgo.

VII. Hidalgo Vive

La cabeza la colgaron en la Alhondiga, pa que la “indiada” se ensenara a respetar. Inconscientemente, el usurpador volvió a emular al virrey. En el 2010 sacaron a pasear esos huesos y los exhibieron en palacio nacional, para que la “indiada” entendiera que esos hombres ya están muertos, que ya no hay hombres como ellos hoy, que ahora lo que tienen que hacer es cantar “sha-la-la” o si no, callarse, como aconseja el rey de España, pues calladitos se ven más bonitos.

Pero el cura terco y cabrón ese vive. No ha muerto. Hay un soplo de él en Solalinde, en el obispo Vera, en los otros clérigos que ayudan a los migrantes, los más jodidos de los jodidos. Se volvió a manifestar en los setentas, con el padre Ernesto Cardenal allá en Nicaragua que peleo con los sandinistas, que no se puso a besuquear a Somoza, y que fue el primer ministro de cultura del sandinismo y llevo a cabo la hazaña de erradicar el analfabetismo en esa nación. Ah, y por cierto, don Ernesto es mejor poeta que el mentado Sicilia.

Si hoy viviera Hidalgo no sería incondicional de Perverto Rivera o jugaría golf con Pomesimo Seempeda o condenaría a los gays como el cardenal Boca de Bagre. Tampoco andaría besándole el escroto al usurpador o la charanga a Mascas Mota o la calva de don Capulina Beltrone.

Usted, lector, puede verlo todavía, a su fantasma. Este ha estado el plantón de Reforma exigiendo voto por voto y casilla por casilla, se le ha visto leyendo a Marx o peor, a Rius y al Chamuco y al Sendero, anda haciendo teatro guerrillero para llevarle cultura al pueblo a ver si ansina se desapendeja un poco de la caja idiota, no reparte el Tartufo sino Regeneración, anda tratando de cambiarle la mente a la gente, como lo hizo con los vecinos de Dolores, para que ya no sean tan borregos, lo madrearon en Atenco, se rehúsa a pagarle a la CFE, estuvo en las barricadas en Oaxaca el día de muertos del 2006, ha hecho balconeos de gastos pendejos, protesto en la embajada yanqui contra el intervencionismo de esos cabrones, lo amenazaron en Puebla cuando protesto contra la base militar yanqui que ahí se construye, y si, anda en la caravana pero ya no respeta al pendejo ese del poeta, y cada que AMLO llena el zócalo está ahí, no en el estrado sino entre la tropa de a pie.

Y si los mexicanos conocieran a ese cura levantisco, chile dulce, irreverente, y cabrón, si se olvidaran del dulce viejito bonachón, “los Gachupines” volverían a conocer lo que es amar a Dios en tierra de indios. Por eso es que el régimen todavía le teme e insiste y se desgañita gritando: “¡Que está muerto, carajos! ¡Vean sus huesos! ¡Muerto! ¡Muerto!”
………….
Pomponio
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jueves, 4 de noviembre de 2010

Miguel Hidalgo sí murió excomulgado...

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Es fácil demostrar que la jerarquía católica mexicana es hipócrita y oscurantista como su razón de ser. Es costumbre de los purpurados tapar la verdad con verdades a medias (que al final resultan mentiras). Si realmente estuvieran comprometidos con la verdad, en vez de tergiversar la historia de las excomuniones de Hidalgo, buscarían un debate serio y aceptarían expedir un decreto donde se levantara la excomunión de Hidalgo.  ¿En que los perjudicaría? Al contrario su credibilidad sería mayor, toda vez que los jijos de la chingada fueron los jerarcas de otra época. Pero no, su soberbia es altísima y consideran que sus leyes están por encima de todo, incluida la verdad...

La siguiente relación de hechos y circunstancias sobre las excomuniones aplicadas a Hidalgo, no deja lugar a  dudas que, fueron válidamente expedidas en su tiempo y que no existe un documento oficial (y obligatorio), por parte de las jerarquías católicas que demuestre, que le levantaron la excomunión a Hidalgo.
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………….
El pasado 30 de agosto, el arzobispado de México dio a conocer su postura en torno a la excomunión y degradación de los curas Miguel Hidalgo, “Padre de la Patria”, y José María Morelos, “Siervo de la Nación”, respectivamente, en el contexto de los festejos del Bicentenario de la Independencia a celebrarse este año.

El sacerdote Gustavo Watson, director del archivo histórico del arzobispado, declaró que los próceres de la Independencia “no murieron excomulgados, sino en condición de sacerdotes, y por lo mismo es necesario hacer en los libros de historia las correcciones del caso” (La Crónica, 31 de agosto de 2009).
En su obstinación por limpiar su pasado, la jerarquía católica pretende reescribir la historia de México recurriendo a la tergiversación de los hechos; procura deslindarse del juicio de la historia, cuando fue la Iglesia católica quien se opuso y combatió al movimiento de Independencia: condenó a los insurgentes, aplicó juicio inquisitorial a los sacerdotes que simpatizaban con aquéllos, celebró misas con Te Deum las victorias de los realistas y negó la absolución a quienes comulgaban con las ideas de libertad.
Excomuniones de Hidalgo
La jerarquía católica afirma que la excomunión decretada por Manuel Abad y Queipo en 1810 no fue válida, bajo el argumento de que éste era obispo electo de Valladolid, Michoacán, sin la correspondiente consagración episcopal.
Al hablar de la excomunión de Hidalgo, es obligado remitirse a un “conjunto de edictos de excomunión”. No es correcto hablar de uno –como pretende la jerarquía católica– cuando están documentados por lo menos seis, de diferentes obispos, en donde sistemáticamente se descalifica al “Padre de la Patria”; se agregan a aquéllos, el juicio inquisitorial y la degradación sacerdotal de la que fue objeto.
Manuel Abad y Queipo publicó, el 24 de septiembre de 1810, un edicto en el que excomulgaba al Cura de Dolores y a sus partidarios:
“Un sacerdote de Jesucristo […] el Cura de Dolores don Miguel Hidalgo, levantó el estandarte de la rebelión y encendió la tea de la discordia y la anarquía, y seduciendo a una porción de labradores inocentes, les hizo tomar las armas…
En este concepto, y usando de la autoridad que ejerzo como Obispo electo y Gobernador de esta Mitra, declaro que el referido D. Miguel Hidalgo, Cura de Dolores y sus secuaces […] son perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos y perjuros, y que han incurrido en la excomunión mayor del canon* Siquis Suadente Diabolo […] Los declaro excomulgados vitandos, prohibiendo, como prohíbo, el que ninguno les dé socorro, auxilio y favor, bajo pena de excomunión mayor ipso facto incurrenda”.[1]
La anterior excomunión fue ratificada por otros obispos, entre ellos el arzobispo de México, Francisco Javier Lizana y Beaumont. Como hubo quien pusiera en tela de juicio la legitimidad de Abad y Queipo, por haber sido nombrado por la Regencia,[2] el arzobispo Lizana expidió un edicto el 11 de octubre de 1810 en el que declara que la censura del obispo electo era válida e impuesta conforme a los cánones:
“Nos, D. Francisco Javier de Lizana y Beaumont, arzobispo de México […] Habiendo llegado a nuestra noticia que varias personas de esta ciudad de México y otras poblaciones del arzobispado disputan y por ignorancia o malicia han llegado a afirmar no ser válida ni dimanar de autoridad legítima la declaración de haber incurrido en excomunión las personas respectivamente nombradas e indicadas en el Edicto que con fecha de 24 de septiembre último expidió y mandó publicar D. Manuel Abad y Queipo […] por lo cual hacemos saber que dicha declaración está hecha por un superior legítimo con entero arreglo a derecho, y que los fieles cristianos están obligados […] bajo pena de pecado mortal y de quedar excomulgados, a la observancia de lo que la misma declaración previene, la cual hacemos también Nos por lo respectivo al territorio de nuestra jurisdicción […]. Mandamos por el presente Edicto, bajo pena de excomunión mayor ipso facto incurrendaque no se dispute la mencionada declaración de excomunión hecha y publicada por el obispo electo”. [3]
En este tenor, el jesuita José Gutiérrez Casillas, en su obra Historia de la Iglesia en México ─que cuenta con las debidas licencias eclesiásticas─ aporta un dato concluyente: “Abad y Queipo fue ciertamente dispensado de la irregularidad de su nacimiento, pues era hijo natural. Además la elección como obispo fue válida y legítima”. [4]
El arzobispo de México, días antes de la citada ratificación, había dirigido una exhortación a los habitantes de su diócesis, el 28 de septiembre de 1810, en la que les prohibía “que se unieran a la revolución”,[5] asemejando a Hidalgo con el anticristo: 
 “Al frente de los insurgentes se halla un ministro de Satanás, preconizando el odio y exterminio de sus hermanos y la insubordinación al poder legítimo. Mirad qué precursor del anticristo se ha aparecido en nuestra América para perdernos […] Yo no puedo menos de manifestaros que semejante proyecto no es ni puede ser de quien se llama cristiano […] Si el observar lo que él mismo nos manda os conducirá al cielo, el practicar lo contrario [luchar por la Independencia] os llevará infaliblemente al infierno”.[6]
Los obispos de Guadalajara, Antequera (Oaxaca) y Puebla, siguiendo el ejemplo del arzobispo Lizana, expidieron sus propios edictos de excomunión.
El obispo de Guadalajara, Juan Ruiz y Cabañas, en su edicto del 24 de octubre de 1810, escribió: “…adoptamos y vibramos la misma censura [excomunión] que fulminó el obispo de Valladolid…”.[7] En otra exhortación episcopal, dicho prelado etiquetaba a los insurgentes de “apóstatas, cismáticos, perjuros, sediciosos, seductores y opositores a Dios, la Iglesia y la religión”.[8]
Los obispos Antonio Bergosa y Manuel González del Campillo, de Antequera y Puebla, respectivamente, dictaron sendas excomuniones al interior de sus diócesis.[9] En lo sucesivo, otros documentos episcopales condenaron a los insurgentes, a quienes acusaron de herejes, ladrones, ignorantes, sacrílegos y otros tantos calificativos. Vieron a la insurgencia como una “enfermedad”, y a los insurgentes como “cetáceos, animales mitológicos y encarnaciones de Satanás”.[10]
Manuel López Gallo, en su libro Economía y Política en la historia de México, transcribe una de las “excomuniones”:
“…Que el Padre que creó el hombre le maldiga; que el Hijo que sufrió por nosotros le maldiga; que el Espíritu Santo que se derrama en el bautismo le maldiga; que la Santa Cruz de la cual descendió Cristo triunfante sobre sus enemigos le maldiga; que María Santísima, Virgen siempre y Madre de Dios, le maldiga […] Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla en dondequiera que esté, ya sea en la casa, en el campo, en el bosque, en el agua o en la Iglesia. Sea maldito en vida y muerte. Sea maldito en todas las facultades de su cuerpo. Sea maldito comiendo y bebiendo, hambriento, sediento, ayunando, durmiendo, sentado, parado, trabajando o descansando y sangrando. Sea maldito interior y exteriormente; sea maldito en su pelo, sea maldito en su cerebro y en sus vértebras, en sus sienes, en sus mejillas, en sus mandíbulas, en su nariz, en sus dientes y muelas, en sus hombros, en sus manos y en sus dedos. Sea condenado en su boca, en su pecho, en su corazón, en sus entrañas y hasta en su mismo estómago. Sea maldito en sus riñones, en sus ingles, en sus muslos, en sus genitales, en sus caderas, en sus piernas, sus pies y uñas. Sea maldito en todas sus coyunturas y articulaciones de todos sus miembros; desde la corona de su cabeza hasta la planta de sus pies, no tenga un punto bueno. Que el Hijo de Dios viviente con toda su majestad, le maldiga, y que los cielos de todos los poderes que los mueven, se levanten contra él, le maldigan y le condenen, a menos que se arrepienta y haga penitencia. Amén, así sea, Amén”.[11]
El juicio inquisitorial de Hidalgo
El Tribunal de la Inquisición presentó 53 cargos contra Hidalgo, [12] excepto la acusación de concubinato ─en el que incurría la mayor parte de sacerdotes, incluidos los miembros del propio tribunal─ atribuyéndole delitos de todo género “contra la fe”: “herético, apóstata, impío, materialista, deísta, libertino, insurgente, cismático, judaizante, luterano, calvinista, criminal, violador de las leyes divinas y humanas, sacrílego, implacable enemigo del cristianismo y del Estado…”.[13]
El 13 de octubre de 1810, la Inquisición excomulgó a Hidalgo,[14] acusándolo de “intenciones subversivas, malicia, depravación, avaricia, infamia, envidia, proclividad al crimen, animadversión, engaño y perfidia”.[15]
La persecución del tribunal del Santo Oficio hacia los próceres de la Independencia fue más allá de los citados edictos de excomunión; al caer los jefes insurgentes en sus manos, fueron sometidos con saña a denigrantes procesos, acusándoles de todos los males posibles y, por último, victimados, tras infligirles crueles torturas.


Degradación sacerdotal
El proceso degradatorio de Hidalgo se llevó a cabo el 29 de julio de 1811, en Chihuahua. El derecho canónico de la época prohibía, bajo pena de excomunión, privar de la vida a un eclesiástico, por lo que el alto clero tuvo que proceder a la degradación sacerdotal del “Padre de la Patria”. El doctoral de la Iglesia de Durango, Francisco Fernández Valentín,  fue el responsable del acto en comento. Mientras le arrancaba la sotana y el alzacuello, pronunció las siguientes palabras:
“Por la autoridad de Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo y la nuestra, te quitamos el hábito clerical, te desnudamos del adorno de la religión y te despojamos de todo orden, beneficio y privilegio […] y por ser indigno de la profesión eclesiástica, te devolvemos con ignominia al estado seglar”.[16]
Fernández Valentín raspó con un cuchillo la piel de la cabeza del reo, las palmas de sus manos, las yemas de sus dedos y cortó parte de su cabello, con el fin de “despojarle” del orden sacerdotal.
Hidalgo fue fusilado en Chihuahua, como generalísimo del ejército insurgente, el 30 de julio de 1811, después de haber sido degradado de sacerdote. El fusilamiento del “Padre de la Patria” fue celebrado el 10 de agosto de 1811 por el clero de México con Te Deum solemne.[17] Como la palabra “escarmiento” y “advertencia” estaban a la orden del día, los cuerpos de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueron decapitados, y las cabezas conducidas a la ciudad de Guanajuato, en donde fueron clavadas en garfios y colocadas en los cuatro ángulos de la Alhóndiga de Granaditas.[18]
La Institución religiosa que persiguió, juzgó y entregó a la muerte a Hidalgo y compañeros de lucha, con todo su poderío, reconoció la Independencia de México hasta 1836.
Este es el pasado que la Iglesia católica quisiera que el pueblo de México olvidara.
 (Desplegado aparecido en el semanario Proceso, el 1o de enero de 2010,firmado por la Iglesia La Luz del Mundo A. R.).

NOTAS
[1] Gabriel Méndez Plancarte, Hidalgo: Reformador intelectual y libertador de esclavos, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, 1982, pp. 108-109. 
[2] José Gutiérrez Casillas S. J., Historia de la Iglesia en México, Porrúa, México, 1974, p. 225.
[3] Antonio Pompa y Pompa, Procesos inquisitorial y militar seguidos a D. Miguel Hidalgo y Costilla, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, pp. 148-149.
[4] Gutiérrez, op. cit., p. 225.
[5] Ídem.
[6] Genaro García, “El clero de México  y la guerra de Independencia”, enDocumentos inéditos o muy raros para la historia de México, Biblioteca Porrúa n. 60, Porrúa, p. 386.
[7] Ídem, p. 114.
[8] Ana Carolina Ibarra, El Cabildo catedral de Antequera, Oaxaca  y el movimiento insurgente, El Colegio de Michoacán, Zamora, 2000, p.214.
[9] Fernando Pérez Memen, El Episcopado y la Independencia de México, Jus, México, p. 81.
[10] Ibarra, op. cit., p. 214.
[11] Manuel López Gallo, Economía y política en la historia de México, Caballito, México, 1965, pp. 110-111.
[12] Jesús Amaya, El Padre Hidalgo y los suyos, Lumen, México, 1952, p. 105.
[13] I. Grigulévich, La Iglesia católica y el movimiento de liberación en América Latina, Progreso, Moscú, 1984, p. 131.
[14] Claudia Sierra Campuzano, Historia de México a la luz de los especialistas, Esfinge, México, 2001, p. 145.
[15] Grigulévich, op. cit., p. 131.
[16] Luis Rodríguez Nájera, Las Leyes de México y la Iglesia católica romana, Guadalajara, 1968, pp. 28-30.
[17] Grigulévich, op. cit., p. 133.
[18] Ernesto Lemoine, “Nueva España a principios del Siglo XIX”, en Historia de México, Tomo VIII, Salvat, México, 1979, p. 1689.
El Blog de Laura Campos
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http://lauracampos.wordpress.com/hidalgo-murio-excomulgado/
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jueves, 14 de octubre de 2010

Buscan Anular Excomunión de Hidalgo y Morelos...



Comisión civil busca anular excomunión de Hidalgo y Morelos
Rodrigo Vera
MÉXICO, D.F., 14 de octubre (apro).- La comisión de juristas y ciudadanos que se formó para solicitar al Vaticano que anule la excomunión a los sacerdotes Miguel Hidalgo y José María Morelos, próceres de la Independencia de México, viajará a Roma en noviembre próximo para formalizar la petición. 

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El magistrado Francisco Huber Olea Contró, miembro de dicha comisión, afirmó que ya se está armando la demanda para presentarla en el Vaticano a fines del próximo mes. “En ella solicitaremos formalmente que se anulen las excomuniones de Hidalgo y Morelos”, dijo.
La solicitud formal, agregó, será presentada ante la Sacra Rota Romana, que es el tribunal vaticano que actualmente tiene la atribución de anular las excomuniones. 
Huber Olea descalificó los actuales señalamientos de la jerarquía católica mexicana, en el sentido de que Hidalgo y Morelos no murieron excomulgados, sino reconciliados con la Iglesia, puesto que fue “inválida” la excomunión que, durante la guerra de Independencia, les dictó Manuel Abad y Queipo, entonces obispo de Valladolid (hoy Morelia).
“Aparte de la excomunión dictada por Abad y Queipo, hubo otra excomunión que les dictó el Tribunal del Santo Oficio. Ésta excomunión es la importante y sigue siendo válida. Y es la que intentamos anular”, puntualizó.
Y ejemplificó:
“Así como se requiere un acta formal de divorcio, para que se nulifique un matrimonio civil, también se requiere que la Iglesia anule formalmente una excomunión. Y esto puede hacerlo solamente el tribunal de la Sacra Rota, al que acudiremos en noviembre”.
Huber Olea indicó que el antiguo tribunal del Santo Oficio –que dictó la sentencia de excomunión a Hidalgo y Morelos-- hoy se convirtió en la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Ésta, sin embargo, ya no tiene atribuciones para anular las excomuniones.
“Es la Sacra Rota la que tiene competencia. Es un tribunal superior a la Congregación para la Doctrina de la Fe”, aseguró Huber Olea, quien además es experto en derecho canónico.
Asimismo, manifestó que la “comisión plural” que presentará la petición está compuesta por “juristas y ciudadanos”, entre quienes figuran el exdiputado perredista Alfonso Suárez del Real, el exmagistrado Pedro Rivas Monroy, y él mismo.

cvb
--fin de texto

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http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/84390
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jueves, 23 de septiembre de 2010

El Tatarabuelo de 'El Cura Hidalgo' fue sacerdote, quien procreó a su bisabuelo con una viuda...

Con sangre sacerdotal 

heredó Hidalgo la sotana




Héroe. El mural que se encuentra en el Centro Cultural Vito Alessio Robles hace alusión al heroísmo del cura Hidalgo.FOTOS: VANGUARDIA-ARCHIVO


CUERNAVACA, MOR.- Según cronistas e historiadores, el cura Hidalgo no fue el único sacerdote de su familia que tuvo hijos, su tatarabuelo mismo fue sacerdote, quien procreó a su bisabuelo con una viuda, además uno de los descendientes del Padre de la Patria, también de nombre Miguel, es sacerdote, pero dejó los hábitos y actualmente está casado, tiene hijos y reside en Sinaloa.

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  • Durante la entrevista que VANGUARDIA sostuvo con Jorge Arturo Hidalgo Toledo, quien se dice descendiente de Miguel Hidalgo y Costilla, salió a relucir el carácter clerical del Padre de la Patria y lo que representa, tanto para él como para el resto del país, el hecho de que un sacerdote haya dejado descendencia.

    “El cura Hidalgo nunca lo escondió, se sabía en ese entones que tenía hijos y varias mujeres, era un hombre liberal, que incluso, yo pienso, ni siquiera había querido ser sacerdote, más bien, como que entró al Seminario porque quería estudiar y ser alguien, pero no creo que le haya atraído eso del celibato”, señaló Jorge Arturo.

    Cuenta que según los libros que ha leído, en ese entonces había sólo cuatro profesiones que se podían seguir, la de médico, militar, sacerdote o abogado. De ellas a Hidalgo sólo le interesó la de sacerdote, porque iba a tener acceso a la literatura, lo que hasta antes del inicio de la Independencia fue su pasión.

    “Se sabe que Hidalgo organizaba obras de teatro, tertulias, discusión de lecturas y estudio de textos liberales franceses y literatura, y ahí conocía a las que fueron sus mujeres, ahí conoció a su primera mujer, Manuela Ramos, en 1780, a Bibiana Lucero, en 1789 y a Josefa Quintanar en 1903, cuando llegó a Dolores”, manifiesta el entrevistado.



    Un cura en las venas


    Pero cuenta Jorge Arturo que en la familia del cura de Dolores no fue algo nuevo que sacerdotes procrearan hijos, pues el mismo Hidalgo es descendiente de un presbítero, su tatarabuelo Francisco Hidalgo Vendaval y Cabeza de Vaca.

    El entrevistado nos muestra entonces la investigación realizada por el historiador Jesús Topete Amaya, quien escribe que el antepasado de Hidalgo nació entre los años 1575 y 1580, en el Estado de México, donde llegó a ser cura del pueblo Tejupilco.

    Dicen los documentos de Topete Amaya que el cura Francisco Hidalgo “ayuda a la señora Jerónima Costilla, viuda del capitán Tomás Dávila, a administrar sus bienes recién heredados, de esa relación nace una amistad que da origen al nacimiento del niño Juan Costilla, bisabuelo del Padre de la Patria”.

    En ese momento Jorge Arturo interrumpe la entrevista para justificar el hecho de que el hijo del cura Francisco no llevara el apellido Hidalgo, sino el de su madre. Comenta que como no había matrimonio de por medio, se decidió bautizarlo como hijo natural.

    Juan Costilla tuvo 11 hijos, el menor de ellos fue Francisco Hidalgo Gómez, quien a su vez es padre de don Cristóbal Costilla Pérez. Este hombre nacido en 1713, antes de casarse en Pénjamo con Ana María Gállaga Mandarte y Villaseñor, se enteró, por rumores, de que el apellido que debía llevar era Hidalgo.

    “Yo creo que igual que mi papá, por oídas supo que su apellido original era Hidalgo, y pues, se puso a investigar encontrando que no llevaba ese apellido debido a que su antepasado era un sacerdote, lo cual no le avergüenza, al contrario, por eso decide asumir ese apellido”, cuenta Jorge Arturo.

    Existe incluso un escrito del mismo Cristóbal donde explica, “uso el apellido de Hidalgo porque es nuestro, y lo debemos hacer así. En estos tiempos, quien use el apellido de la madre se tiene por sospechoso”, según consta en la investigación del historiador Topete.

    Desde entonces se hace llamar Cristóbal Hidalgo y Costilla Pérez, y al casarse con Ana María, procreó cinco hijos, dos de ellos deciden hacerse sacerdotes, como su tatarabuelo, uno de ellos es el cura Miguel Hidalgo y Costilla Gállaga, quien más tarde iniciaría la lucha por la Independencia.

    Como dato interesante, cabe mencionar que don Cristóbal Hidalgo, igual que su hijo Miguel Hidalgo, también tuvo tres mujeres, la primera, ya se mencionó, Ana María Gallaga, la segunda Rita Toribia Peredo y Ramírez, con quien sólo tuvo un hijo, y la tercera se llamaba Jerónima Ramos Ortiz Bracamontes y Origel, con quien tuvo cinco hijos.



    El otro Miguel Hidalgo


    Durante la entrevista hecha a Jorge Arturo Hidalgo, en Cuernavaca, también salió a relucir la existencia de otro cura Miguel Hidalgo, un descendiente del Padre de la Patria que también fue sacerdote, aún vive en Mazatlán, Sinaloa, y que incluso tiene hijos, porque hace años que dejó el ministerio.

    La información surgió ante la pregunta curiosa de saber si existía entre los primos o parientes alguien que llevara el nombre de Miguel, a lo que Jorge Arturo respondió que sí, que incluso ese Miguel era sacerdote.

    “Tenemos un primo, hijo de mi tío Juan, que así se llama, Miguel Hidalgo, y que curioso, también se hizo sacerdote, a veces llegamos a decirle que era el cura Hidalgo, pero en forma de broma, porque él es uno de los miembros de la familia que está convencido de ser descendiente del Padre de la Patria”, señala Jorge.

    Dice que Miguel Hidalgo, su primo, duró varios años como cura en una parroquia de Sinaloa, pero que con el tiempo se dio cuenta que esa no era su vocación, por lo que decidió colgar los hábitos, para luego casarse y tener hijos.

    De él últimamente saben poco porque actualmente se encuentra trabajando en ayuda y asesoría social para personas de escasos recursos, pero es lo último que se sabe, porque hace tiempo que no se ven, por ello VANGUARDIA no pudo establecer contacto con él para realizar una entrevista o conseguir alguna fotografía del actual cura Hidalgo.



    Es un tabú


    Fue inevitable preguntar a Jorge Arturo si creía que el hecho de que actualmente se conozca que Hidalgo tuvo hijos y varias mujeres le puede restar respeto como héroe de la Independencia, a lo que el entrevistado contesta que ese conocimiento es precisamente el que lo desmitifica, y lo expone como un ciudadano común de su época que tuvo el coraje de hacer más por su patria.

    “Pienso que el cura Hidalgo era un hombre como todos, con defectos, muchos defectos, quizá uno de ellos es que haya tenido varias mujeres, digamos, pero, eso no le resta nada a su heroísmo, porque te puedo decir que, al igual que antes, hoy existen sacerdotes que tienen a su mujer, por ahí escondida, y tienen hijos, la Iglesia lo sabe, sí se enteran, pero lo esconden por tabú”, afirma.

    Añade que ha sabido de sacerdotes que la misma Iglesia se entera que tienen hijos y que lo toleran, incluso los trasladan a otras parroquias y les ayudan a que mantengan a sus mujeres y a sus hijos, muchos de esos sacerdotes llevan una vida ejemplar, trasmiten fielmente el evangelio, están comprometidos con la sociedad, son activistas o miembros activos de la comunidad.

    “El hecho de que se reconozca que Hidalgo tuvo o no descendencia es algo que no debería de restarle méritos a la acción que realizó para lograr la Independencia”, manifiesta Jorge Arturo, quien además añade que el saber que don Miguel fue un héroe de carne y hueso, debe mover al resto de los mexicanos a seguir su ejemplo.

    “Tenemos como nación que segur seguir esa lucha, pero no peleando contra enemigos que están en otros lados, sino contra el gran enemigo que es la apatía de no hacer nada, debemos lograr luchar todos los días por hacer algo mejor”, afirma, y luego cierra la entrevista diciendo, “si todos fuéramos como Hidalgo en este país, México sería otro”.
    Morelos e Hidalgo fueron parientes

    Otro sacerdote, héroe de la Independencia, que también tuvo descendencia, fue el cura José María Morelos y Pavón, de quien es ampliamente conocido que procreó a Juan Nepomuceno Almonte. Lo que pocos saben es que Morelos también estuvo emparentado con otro cura, con el mismo Miguel Hidalgo.

    Según un árbol genealógico del historiador Gabriel Ibarrola Arriaga, ambos héroes nacionales tienen un antepasado común, don Diego Ruiz de Cortés, que irónicamente es a su vez descendiente de don Hernando Cortés, hijo del conquistador español Hernán Cortés.

    Pues bien, dice Ibarrola Arriaga, que don Diego es padre de Diego Ruiz de Chávez, quien al casarse con Anal de Sandoval procreó varios hijos, entre ellos Mariana y Felipe Ruiz Sandoval. Mariana se casó con Juan Villalón y tuvo a María Villalón, ella se casó y tuvo a Juana Núñez, quien se casó con Diego Morelos.

    Con Diego, Juana tuvo un hijo al que llamó Domingo Jerónimo Morelos, quien al contraer nupcias engendró a Manuel Morelos, el papá de quien se conoce con el nombre de don José María Morelos y Pavón.

    Regresando a la genealogía, el hermano de Mariana, chosna de Morelos, fue Felipe Ruiz Sandoval, cuyo hijo fue Juan Miguel de Villaseñor, quien engendró a Joaquina de Villaseñor, la cual se casó con Juan Gallaga Mandarte, cuyo hija llevó el nombre de Ana María Gallaga y Villaseñor, la primera esposa de Cristóbal Hidalgo y madre del cura Miguel Hidalgo y Costilla.

    Dice el historiador que el árbol genealógico de Hidalgo lo tomó del publicado por el licenciado Dávila Garibi, presidente de la Academia de Genealogía; y los ascendentes de Morelos los obtuvo gracias a investigaciones personales en archivos eclesiásticos.



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http://www.vanguardia.com.mx/consangresacerdotalheredohidalgolasotana-552032.html
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lunes, 13 de septiembre de 2010

Dice Perberto que la Excomunión de Hidalgo no valió...

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Fíjense ustedes  como Perberto miente con todos los dientes. Según la religión católica, excomulgar es retirar al inculpado de las actividades propias de sus ritos, principalmente de la comunión de la hostia, lo que representa el castigo máximo al que se puede someter a un católico. Por este motivo se le llama Excomunión (fuera de la comunión).  Según los católicos, cuando reciben el bautismo, se convierten oficialmente en católicos y cuando son consagrados sacerdotes, lo son para siempre. Según lo anterior, ningún bautizado puede dejar de ser  cristiano ni sacerdote por motivo alguno, ni siquiera por la Excomunión. El católico que sea Excomulgado podrá ser arrojado de la iglesia católica, pero nunca dejara de ser cristiano y/o sacerdote. Así que, a sabiendas, Perberto nos miente. Resulta que para quitarle la Excomunión, que por decreto, el Obispo Abad y Queipo (encargado oficial del obispado) le sonrajó a Hidalgo, se requiere otro decreto dictado por el mismo u otro Obispo. Por otro lado, ese cuento de que Abad y Quipo no tenía facultades para Excomulgar tiene poca credibilidad, toda vez que, la potestad del obispo es la de dar el sacramento de la confirmación (y también la  Excomunión),  y si era cierto que carecía de facultades, entonces invalidaron oficialmente las 'confirmaciones' que realizó el obispo ¿Verda que no?. 
Lo que hace obispo a un obispo es la imposición de las manos por otro obispo. Al obispo Abad y Queipo lo consagró otro obispo y, las cortes españolas no tienen, ni tenían la facultad de consagrar obispos. Luego entonces Abad y Queipo sí tenía la facultad para Excomulgar y confirmar.  
Y pregunto,  ¿A donde está el decreto donde le quitan la Excomunión a Hidalgo? En ningún lado, porque no existe. ¡¡¡ Perberto, eres un mentiroso !!!
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Sin validez la excomunión de Hidalgo
Gabriel León Zaragoza.
Periódico La Jornada
Lunes 13 de septiembre de 2010, p. 16
La Arquidiócesis de México reiteró en su semanario Desde la fe que Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos murieron siendo sacerdotes de la Iglesia católica, debido a que el carácter sacerdotal no se puede perder por ningún tipo de ceremonias, sino que permanece eternamente.
El director del Archivo Histórico del Arzobispado de México, Gustavo Watson, detalló en el texto que la excomunión dictada a Hidalgo por el obispo electo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo, careció de validez, debido a que este individuo no tenía la potestad de excomulgar. El problema fue que cuando Fernando VII recuperó el trono, el 4 de mayo de 1814, desconoció lo que habían hecho las cortes y la regencia, y los que habían sido presentados por ésta para obispos no fueron consagrados, cosa que le sucedió a Abad y Queipo.
Señaló que Hidalgo murió reconciliado con la Iglesia, debido a que antes de ir al cadalso se confesó y reconcilió varias veces, según está documentado. Además de que fue sepultado en terreno eclesiástico.
Su restos, junto con los de otros héroes, fueron depositados bajo el altar de los reyes, en la Catedral, donde permanecieron 72 años, hasta 1895, cuando fueron trasladados a la capilla de San José, en el mismo recinto religioso. Todo esto no hubiera ocurrido si Hidalgo hubiera muerto excomulgado. El caso de Morelos, señaló, es similar.
Refirió que la excomunión y la degradación son distintas. La degradación del proceso efectuado contra Morelos consistió en la privación de beneficios, oficios y ejercicio del orden.
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viernes, 30 de julio de 2010

Noticias MVS: Alfredo Ávila habla sobre la conmemoración del fusilameinto de Miguel Hidalgo y Costilla

Entrevistas Nota publicada el viernes 30 de julio de 2010

Alfredo Ávila en la Segunda Emisión
Doctor Alfredo Ávila, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, habla sobre la conmemoración del fusilameinto de Miguel Hidalgo y Costilla y otros aspectos de nuestro pasado referente a esta figura de la Independencia mexicana.

Redacción Segunda Emisión de Noticias MVS
http://noticiasmvs.com/Alfredo-Avila-en-la-Segunda-Emision.html


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sábado, 17 de julio de 2010

El estandarte de Hidalgo no existió... ¡Chales!...

El estandarte de Hidalgo no existió: Jacinto Barrera 
Judith Amador Tello


MÉXICO, D.F., 16 de julio (apro).- El mito y la realidad se mezclan cuando de relatar sucesos épicos se trata. De esta manera, las narraciones sobre el inicio de la independencia señalan, generalmente, que en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo tomó de su parroquia, en Dolores, el estandarte con la imagen de la virgen de Guadalupe, con la que arengó a la gente.

Otra historia, en ese sentido, asegura que el llamado “padre de la patria” tomó el estandarte del Santuario de Jesús de Nazareno, construido en Atotonilco en el siglo XVIII, y que al pasar por ahí la muchedumbre lo seguía enardecida.
Sin embargo, el historiador Jacinto Barrera Bassols asegura que el famoso estandarte de Hidalgo “no existió, fue un invento de Manuel Abad y Queipo, arzobispo de Michoacán, con el fin de acusar al cura de Dolores de fautoría (utilizar los símbolos religiosos con objetivos deleznables), que era uno de los delitos eclesiásticos más castigados”.

Para esclarecer estos sucesos, el investigador de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizó una larga investigación, en la que recopiló y analizó documentación histórica y cuyo resultado es el libro Pesquisa sobre un estandarte. Historia de una pieza de museo, editado por el instituto en 1995 y que ahora se reedita.

De acuerdo con el INAH, en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec se resguardan dos piezas. Una de ellas es una pintura al óleo con la imagen de la Guadalupana, cuya cédula informa: “El estandarte de la Virgen de Guadalupe. Enarbolado por Miguel Hidalgo y Costilla el 16 de septiembre de 1810 en la iglesia de Atotonilco, actual estado de Guanajuato”. La otra es “Estandarte utilizado por las fuerzas insurgentes entre 1810 y 1813”.

Autor también de El caso Villavicencio: Violencia y poder en el porfiriato, Barrera Bassols explica, de acuerdo con información proporcionada por el INAH, que ambas piezas se han confundido a lo largo de la historia, pero el primero es un óleo y el segundo sí es un blasón, es decir una insignia o escudo.

Y señala que el óleo de la virgen fue realizado en 1805 por Andrés López, pintor facultativo de la Academia de San Carlos.

“Éste y otros cuadros al óleo que de la Guadalupana efectuó Andrés López se consideraban ‘tocados’, en virtud de que dicho artista tuvo entre sus manos el famoso ayate de la Virgen del Tepeyac. Esto se debió a un experimento promovido por el bachiller Bartolache en el siglo XVIII, a fin de constatar si mano humana habría pintado tal ayate. Obviamente, el fallo fue en contra.

“Lo cierto es que con el paso del tiempo, esta pintura (...)  se convirtió en una pieza trashumante y en motivo de análisis por parte de historiadores y pintores, entre ellos Lucas Alamán y José María Velasco, además de tener un interés político para los gobernantes. Agustín de Iturbide fue el primero en intentar entregarla directamente a la Villa de Guadalupe, no obstante, fue Antonio López de Santa Anna quien cumplió ese cometido de darla a la Colegiata.”
Pero en opinión de Barrera Bassols, el estandarte no existió. Y relata que en el edicto de excomunión contra Miguel Hidalgo, el arzobispo de Michoacán, Abad y Queipo, asentó: “Insultando a nuestra religión y a nuestro soberano D. Fernando VII, (Hidalgo) pintó en un estandarte la imagen de nuestra augusta patrona Nuestra Señora de Guadalupe, y le puso la inscripción siguiente: ‘Viva la Religión, viva Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, Viva Fernando VII, Viva La América y muera el mal gobierno’”.

El investigador retoma también relatos de los mismos insurgentes, así como de gente que estuvo en Atotonilco el 16 de septiembre de 1810, y que señalan cómo la toma de la imagen de la virgen fue fortuita, sin premeditación, y que no fue Hidalgo el que la tomó sino “un ranchero” de la multitud que “enseguida la puso en un asta de un tendedero de ropa”.
Detalla que “incluso Allende e Hidalgo intentaron recoger la imagen, pero ante el clamor de la gente decidieron regresar a la casa del santuario de Atotonilco, donde poco antes habían estado tomando chocolate junto con Aldama, Abasolo y otros insurgentes”.

Barrera Bassols también cuenta que la autenticidad del estandarte se ha estudiado en varias etapas de la historia nacional, pero que los intereses políticos han estado en medio.
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