Tanto tiempo hace, que ya no recuerdo donde leí sobre el tema que hoy les comento. La institución a la que hago referencia, tiene su origen en los estatutos ‘Excommunicamus’ dirigidos contra los herejes, y dictados por el papa Gregorio IX en el año 1231. Este papa designó a unos Inquisidores, bajo su férula, para vigilar su cumplimiento. Estoy hablando sin duda de la Inquisición.
El papa Gregorio IX, en un principio designo para dirigir la Inquisición, a dos inquisidores con la misma autoridad y eran los responsables de sendos tribunales y, para cumplir su desemempeño, contaban con la ayuda de asistentes, notarios, policía y asesores. Los inquisidores disponían de un poder enorme, puesto que podían excomulgar incluso a príncipes. No se entiende fácilmente que los inquisidores tuvieran fama de justos y misericordiosos entre sus contemporáneos. Sin embargo, algunos de ellos fueron acusados de crueldad y de otros abusos. Nada más hay que recordar al español Torquemada quién chamusco a cuantos herejes pudo, y aún se lanzó contra los que lo miraban feo.
El Santo oficio, como también era llamada la Inquisición, mantenía una estructura manejada mediante el control de religiosos y laicos. Las jerarquía religiosas, nombraban a frailes o sacerdotes que los representaran; y los reyes y príncipes nombraban a quien ellos consideraban confiables. Ambas jerarquías, religiosa y laica, temían al Santo oficio y por eso se cuidaban de nombrar a gente que les guardaran la espalda: no fuera ser el diablo y, se voltearan en su contra.
Desde luego, la estructura y ramificación de la Inquisición, salía de las principales ciudades y se permeada hasta las villas más sencillas. El propósito del Santo oficio, era cuidar el pensamiento de los católicos y someterlo en forma rigurosa a los principios mandados por la iglesia católica. De paso, los miembros poderosos de la Inquisición la utilizaban para conseguir prebendas, utilidades y hasta despojos.
La gente del pueblo era la más desprotegida contra la Inquisición. Quizás la única manera que encontraron los desprotegidos para allegarse un poco de seguridad, fue la de acercarse a los representantes de la Inquisición en su localidad y pedirles, humildemente, fueran ´‘Padrinos’ de bautizo de sus hijos, o de confirmación, o de bodas, o de etc... Entonces, la autoridad de los ‘Padrinos’ y al mismo tiempo representantes de la Inquisición, toma una connotación diferente. La gente no solamente les tiene miedo, sino que los venera, porque los considera unidos a su familia con un lazo religioso supuestamente sagrado: El Compadrazgo. Así, los ahijados del ‘Padrino’ eran incontables y mantenían un respeto absoluto al que consideraban su padre espiritual.
La autoridad del ‘Padrino’ llegó a tener más fuerza que la que tenía un alcalde, un juez, o un sacerdote. Con el tiempo, el ‘Padrino’ controlaba villas y pueblos en nombre de su ‘famiglia’ tal como se dice en italiano. Estas ‘famiglias‘, controlaban no solamente el comportamiento religioso de las gentes, sino que también el comercio y la economía de su localidad.
La mafia nace en Italia y se perpetua hasta nuestros días. Inquisición, Mafia, Famiglia y Padrino son términos derivados de una aberración religiosa: ‘Excommunicamus’ del papa Gregorio IX.
Como da vueltas la historia…
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Italia: la mafia, en el poder
Hace unos días, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, pidió a una agrupación de jóvenes empresarios que impusieran un boicot publicitario contra el periódico La Repubblica, al que acusó de subversivo. En respuesta, el grupo editorial de ese rotativo, prácticamente el único en Italia que no ha sucumbido al poderío empresarial y político del gobernante, anunció una demanda contra éste. La medida no prosperará en tanto Berlusconi siga detentando la primera magistratura por una razón simple: la coalición legislativa mayoritaria, sometida al jefe de gobierno, impuso una ley que le concede una inmunidad que parece, en su caso, impunidad absoluta.
Por supuesto, La Repubblica no alienta la subversión, sino que se limita a cumplir su función informativa, y parte de ella está relacionada con la abrumadora corrupción y la exasperante descomposición moral que caracterizan al entorno de Berlusconi, sobre quien pesan numerosas acusaciones por toda suerte de delitos, y si a alguien cabe atribuir la condición de subversivo es, en todo caso, a él, pues mediante los poderes fácticos de su grupo –en el que las empresas mediáticas desempeñan una importancia estratégica– tomó por asalto las instituciones italianas y las puso al servicio de sus propios intereses económicos y de los de sus socios. Un dato adicional a tomar en cuenta es que, para el potentado y político milanés, La Repubblica no sólo representa el último bastión del periodismo independiente y crítico sino también un formidable competidor comercial.
Al leer lo dicho por Berlusconi a los empresarios acerca de La Repubblica –sería masoquismo dar publicidad a medios que hablan siempre de crisis– resulta inevitable recordar la frase tristemente célebre del ex presidente José López Portillo cuando anunció el embargo de publicidad estatal a la revista Proceso, a principios de la década antepasada –no pago para que me peguen–, y los atropellos cometidos desde instancias del poder público de diversas naciones –la nuestra, entre ellas– mediante la asignación o la negación discrecional de la publicidad oficial, como si ésta se pagara con recursos privados de los gobernantes y no con dinero público y sujeto, por lo tanto, a escrutinio, rendición de cuentas y criterios justos y equilibrados de distribución.
Al mismo tiempo que se empeña en amordazar al diario referido, Berlusconi debe hacer frente al escándalo desatado por la revelación de las actividades que tienen lugar en su lujosa mansión de Modugno, en donde el primer ministro y sus socios suelen o solían llevar a cabo fiestas sexuales con muchachas, menores de edad algunas de ellas, específicamente contratadas, al parecer, para proporcionar servicios sexuales a los invitados. En el contexto de este escándalo, delincuentes desconocidos incendiaron en la madrugada de ayer el automóvil de Barbara Montereale, una de las jóvenes que acudieron a las farras en la residencia de Berlusconi y que ahora es una testigo clave en la investigación judicial correspondiente. La agresión tiene toda la apariencia de un mensaje mafioso, enviado a Montereale por el entorno del primer ministro.
La descomposición institucional en Italia ha sido llevada a extremos gravísimos: hoy en día, en ese país europeo, el poder político, los poderes mediáticos y empresariales privados y los intereses mafiosos se concentran en una sola persona –Silvio Berlusconi– y el hecho constituye una regresión civilizatoria que no tiene precedentes en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Este escenario desolador podría repetirse en otros países –México, entre ellos– si no se establece una división legal clara, tajante y terminante a la incursión de los poderes fácticos empresariales –legales, o no– en la vida política.
http://www.jornada.unam.mx/2009/06/26/index.php?section=opinion&article=002a1edi
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Italia: la mafia, en el poder
Hace unos días, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, pidió a una agrupación de jóvenes empresarios que impusieran un boicot publicitario contra el periódico La Repubblica, al que acusó de subversivo. En respuesta, el grupo editorial de ese rotativo, prácticamente el único en Italia que no ha sucumbido al poderío empresarial y político del gobernante, anunció una demanda contra éste. La medida no prosperará en tanto Berlusconi siga detentando la primera magistratura por una razón simple: la coalición legislativa mayoritaria, sometida al jefe de gobierno, impuso una ley que le concede una inmunidad que parece, en su caso, impunidad absoluta.
Por supuesto, La Repubblica no alienta la subversión, sino que se limita a cumplir su función informativa, y parte de ella está relacionada con la abrumadora corrupción y la exasperante descomposición moral que caracterizan al entorno de Berlusconi, sobre quien pesan numerosas acusaciones por toda suerte de delitos, y si a alguien cabe atribuir la condición de subversivo es, en todo caso, a él, pues mediante los poderes fácticos de su grupo –en el que las empresas mediáticas desempeñan una importancia estratégica– tomó por asalto las instituciones italianas y las puso al servicio de sus propios intereses económicos y de los de sus socios. Un dato adicional a tomar en cuenta es que, para el potentado y político milanés, La Repubblica no sólo representa el último bastión del periodismo independiente y crítico sino también un formidable competidor comercial.
Al leer lo dicho por Berlusconi a los empresarios acerca de La Repubblica –sería masoquismo dar publicidad a medios que hablan siempre de crisis– resulta inevitable recordar la frase tristemente célebre del ex presidente José López Portillo cuando anunció el embargo de publicidad estatal a la revista Proceso, a principios de la década antepasada –no pago para que me peguen–, y los atropellos cometidos desde instancias del poder público de diversas naciones –la nuestra, entre ellas– mediante la asignación o la negación discrecional de la publicidad oficial, como si ésta se pagara con recursos privados de los gobernantes y no con dinero público y sujeto, por lo tanto, a escrutinio, rendición de cuentas y criterios justos y equilibrados de distribución.
Al mismo tiempo que se empeña en amordazar al diario referido, Berlusconi debe hacer frente al escándalo desatado por la revelación de las actividades que tienen lugar en su lujosa mansión de Modugno, en donde el primer ministro y sus socios suelen o solían llevar a cabo fiestas sexuales con muchachas, menores de edad algunas de ellas, específicamente contratadas, al parecer, para proporcionar servicios sexuales a los invitados. En el contexto de este escándalo, delincuentes desconocidos incendiaron en la madrugada de ayer el automóvil de Barbara Montereale, una de las jóvenes que acudieron a las farras en la residencia de Berlusconi y que ahora es una testigo clave en la investigación judicial correspondiente. La agresión tiene toda la apariencia de un mensaje mafioso, enviado a Montereale por el entorno del primer ministro.
La descomposición institucional en Italia ha sido llevada a extremos gravísimos: hoy en día, en ese país europeo, el poder político, los poderes mediáticos y empresariales privados y los intereses mafiosos se concentran en una sola persona –Silvio Berlusconi– y el hecho constituye una regresión civilizatoria que no tiene precedentes en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Este escenario desolador podría repetirse en otros países –México, entre ellos– si no se establece una división legal clara, tajante y terminante a la incursión de los poderes fácticos empresariales –legales, o no– en la vida política.
http://www.jornada.unam.mx/2009/06/26/index.php?section=opinion&article=002a1edi
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