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viernes, 7 de octubre de 2011

López Velarde respira en su poesía...


Fuensanta
José Cueli

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Qué espléndidamente canta nuestra herida ritmo hispano indígena el poeta zacatecano Ramón López Velarde! Herida que nos divide entre conservadores y liberales, católicos y ateos, placer y pecado, autoridad patriarcal y mujer dueña de su cuerpo, abortistas y antiabortistas.

Qué suave canta La suave patria, vendedora de chía, a la que quiere raptar en la cuaresma opaca/ sobre un garañón y una matraca/ y entre los tiros de la policía, el poeta que aún se arrastra por las noches, en Zacatecas poliedro de luz tallada, implorando el amor de Fuentesanta, entre las líneas sinuosas de su poesía… con la que dormir en paz se puede sobre sus castos senos/ de nieve que beatos se hinchan, como frutas/ en la edad de Cristo, celeste jardinero.
Enloquecido y atrapado por los sentimientos de culpa inconscientes, que le impiden el encuentro, su poesía es un desdoblamiento de la personalidad, para hallar la palabra, que sea reparación a su sensación interna pecaminosa, destructiva, Tú Fuentesanta me liberas de los lazos del mal,/ quemen mi boca exangüe de Isaías los carbones/ por ti me dan los cielos profundas contriciones/ y el ensueño me otorga su gracia episcopal.
Sólo sabemos de López Velarde, por lo que nos revela su obra, y ésta es la de un hombre que levita, no del que gravita. Un levitar que lo lleva a un desdoblamiento de la personalidad, producido para superar sus abandonos, en medio de desgarrones morales, luchando entre la pureza y el pecado, la provincia y la capital, religión e ideología revolucionaria, que vive intensamente, como pérdidas, que resuelve y trasciende con un lenguaje nuevo, creador, como señala Octavio Paz. Su poesía atormentada es un zigzag entre confesión, exaltación, interrupción brusca, comentario al margen y saltos y caídas de la palabra y el espírituY a pesar del moralista/ que le asedia/ y sobre la comedia,/ que le traiciona/ es santa mi persona,/ santa en el fuego lento/ con que dora el altar/ y en el remordimiento/ del día que se me fue sin oficiar.
Poesía zacatecana provinciana que se adelanta a su época y es elevada carga de sentimientos de culpa que exorciza cual demonios con palabra innovadora al integrar madre y amante, pasado y presente, aquí y allá, ternura y erotismo, provincia y capital, religión y ateísmo, patria e ideas políticas. Vivencias subliminales sencillas pero intensas que se dirigen al interior al sentimiento, no a la razón nunca buscada. El placer de su poesía, como apunta Murillo, estriba en un aparente hermetismo y no en objetividad que tampoco buscó y se vuelve luz observadora que critica las costumbres de la provincia y la ciudad y nuestra manera de ser. Cuando busque mi hijo/ su media naranja/ lo mandaré vendado hasta Jerez… porque jugando a la gallina ciega/ con vosotras al jugador/ atrapa una alma linda y una púdica tez.
El abandono y la sensación (su poesía es de sensaciones) de maldad, lo persiguen: su poesía mística es reflejo de su formación católica, y sus vivencias religiosas, y el alma, como cera ayer,/ se petrifica, como los rosetones coloniales/ de una iglesia con lama, que complica/ su fachada borrosa con el humo/ inveterado en los temporales. Su poesía provinciana repite una forma de ser; ¿qué son si no sus jerezanas?, que detrás de su espíritu festivo, deja sus huellas de dolor, por el abandono. Jerezanas, yo aspiro a ser el casto reyezuelo/ de los días en que os sentís/ probadas por el cielo/. Su poesía amorosa, canto al rechazo y frustración que le provoca Fuentesanta 10 años mayor, rastrea la sensación de vacío que lo acompañó su corta vida. A fuerza de quererte/ he convertido el amor alma en pena/ y en el candor angélico de tu alma/ seré una sombra eterna.
Hasta en su poesía festiva, dedicada a Ana Pavlova aparece su culpa persecutoria:Piernas en las cuales/ danza la teología/ funerales y epifanía. Lo mismo que en su poesía patriótica y social, con su Suave patria que lo inmortaliza. Al triste y al feliz dices que sí/ que en tu lengua de amor prueben de ti/ la picadura del ajonjolí.
López Velarde recrea e inventa un lenguaje mexicano: Fuentesanta si mi pasión está muerta/ tu boca es una inspiración al verso. Poesía revivificante que exorciza los pecados y le permite levitar, jugar y observar a los demás y adelantar su época, ¡Oh psiquis, oh, mi alma: suena a son/ moderno, a son de selva, a son de orgía/ y a son mariano, el son del corazón.
¿López Velarde trató de integrarnos e integrarse con su verso?
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La Jornada
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