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lunes, 28 de noviembre de 2011

El Pacto entre la Exxon y la Semarnat tiene el tufo del olor de la mierda de la CORRUPCIÓN...

Pacto Exxon-Semarnat: otro desatino del sexenio
Iván Restrepo
G
racias a costoso anuncio de una página publicado en varios diarios de circulación nacional, supimos que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la ExxonMobil refrendaron su compromiso con el fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil en temas de género, ambiente y desarrollo sustentable. Por ello han renovado el acuerdo de colaboración mediante el cual otorgarán capacitación a integrantes del Consejo Consultivo de la Semarnat con el objetivo de impulsar la participación de la mujer en temas medioambientales. Por un desarrollo sustentable con perspectiva de género. Hasta aquí el anuncio que, suponemos, pagó la trasnacional estadunidense, una de las que registran mayores utilidades en el mundo y con actividades en más de 40 países. Destacadamente la explotación, elaboración y comercialización de derivados de los hidrocarburos y el gas natural: desde productos químicos y plásticos hasta fertilizantes.
La más reciente noticia de la Exxon es de julio pasado, cuando se vio obligada a reconocer que una fuga de petróleo en su oleoducto colocado en el fondo del río Yellowstone (estado de Montana) se extendería más de 16 kilómetros.
El oleoducto lleva diariamente 40 mil barriles de petróleo a una refinería. Las autoridades locales habían denunciado que no cumplía con las normas de seguridad requeridas y era un peligro ante la crecida del caudal del Yeollowstone. Cerrado dos meses antes del accidente, el oleoducto nuevamente entró en funcionamiento al garantizar la Exxon que era seguro.
Se calcula que pagará unos 135 millones de dólares (más del triple de lo estimado inicialmente) para revertir el daño en el río y a quienes viven en sus riberas. De poca monta si se compara con el caso del Exxon Valdez, el gigantesco buquetanque que en 1989 derramó casi 40 mil toneladas de crudo en Alaska. Varios miles de kilómetros cuadrados de manchas contaminaron 800 kilómetros de costas, islotes y ensenadas, una de las mayores catástrofes ambientales.
De ser tan importante la colaboración entre Semarnat y la Exxon, sobraba publicitarla a tan alto costo. Una conferencia de prensa habría bastado para informar al país de los detalles de la misma, los logros alcanzados hasta ahora y las acciones futuras en el tema de género y medio ambiente. Además de explicar el papel que cumple el citado Consejo Consultivo Nacional. Y, ya entrada la Exxon en el mecenazgo para lavar culpas, dedicar lo erogado en publicidad a uno que otro proyecto de género relacionado con el ambiente.
Esta muestra de colaboración con empresas que no se distinguen por su respeto a los recursos naturales y la población se suma a muchos otros desatinos del actual sexenio. Cuando crece el repudio por el visto bueno de la Semarnat al proyecto hotelero en Cabo Pulmo, Baja California Sur, se denuncian las concesiones a una minera canadiense para explotar Wirikuta, sitio sagrado del pueblo huichol localizado en San Luis Potosí. Igualmente, la antigua mina Real de Catorce, en la misma entidad. Otra concesión permitirá a la empresa Sempra Energy (de cuya negra historia hemos dado cuenta aquí) establecer un enorme sistema de generación de energía eólica en Sierra de Juárez, ecosistema único por su riqueza natural y muy frágil, habitado por indígenas mexicanos. Ocupa parte de los municipios de Tecate, Mexicali y Ensenada. En el área de Costa Azul de este último municipio Sempra posee una planta de gas natural. Con la nueva concesión eólica, Baja California se convierte en gran generadora de energía para Estados Unidos.
A la hora de mostrar sus preferencias trasnacionales, el titular de Semarnat no tiene límites. Como su declaración de que en el norte del país es posible sembrar grandes extensiones con maíz transgénico porque allí no ponen en peligro la biodiversidad y los maíces nativos. Desoye, así, las recomendaciones en sentido contrario de los organismos internacionales.
Sospecho que Monsanto, Sempra, las mineras canadienses o las cadenas hoteleras españolas se disputarán a don Juan una vez que deje Semarnat.
Así no sabrá lo que es estar desocupado.
Felicidades.
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