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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Fuerzas armadas: redefinición total y correr a todos los asesinos seriales... ¿Quien cerrará la puerta?...

Fuerzas armadas: redefinición total
Jorge Carrillo Olea


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Sin que sea tema de esta reflexión, se antoja que como primer paso del próximo gobierno habría que reorganizarlo. Como ese propósito pueden señalarse, pero no únicas: la independencia del Ministerio Público de la Federación; el reforzamiento de la Secretaría de Gobernación, devolviéndole algunas de las facultades que se le han venido desprendiendo; desaparecer la Secretaría de Seguridad Pública, adscribiendo sus patrimonio legal y material a la propia Gobernación, con ese u otro nombre, y redefinir a las fuerzas armadas.
En el interior de las fuerzas armadas, ojalá los militares (Sedena y Semar) estuvieran pensando colegiada y propositivamente en el futuro de sus instituciones, apenas hay tiempo. Ningún cambio en ellas como los que se necesitan con urgencia y profundidad será legítimo y suficiente si sólo se espera pasivamente a que provenga del poder civil. La iniciativa, principio de la acción militar, debe expresarse en su momento.
Están ya en la conciencia pública, demostrado por cinco años de desencuentros con la ley, la eficacia, los grandes y costosísimos desgastes y ajustes emergentes, que las fuerzas armadas con sus esquemas tradicionales, relacionados con la seguridad interior, sencillamente no concuerdan, si se entiende por ella el resguardo a la libertad, la vida, el bienestar y el patrimonio de los habitantes en pleno respeto a la ley.
Debe promoverse abiertamente la necesidad de discutir hasta las raíces, de su existencia, su doctrina, legislación, funciones orgánica y evidentemente educación, adiestramiento y equipamiento.
Así de grande es el reto y sólo la iniciativa de los propios militares, honrada y comprometida, puede iniciar su planteamiento. Es altamente riesgoso que sus fuerza armadas sustenten concepciones diferentes sobre aspectos fundamentales para la nación. Por tal, hoy se trata de hablar ante la sociedad, razón, propósito y fundamento esencial de ellas.
Una visión progresista es ya de amplia discusión pública: Integrar en una misma secretaría a las tres fuerzas armadas; ya no hay espacios en el futuro de México para sentimientos fragmentarios ni para feudos. Simplemente habría que desmembrar dos grupos de funciones que distinguirían claramente responsabilidades, propiciando una mejor comunicación civil/militar que hoy es paupérrima. Se habla de un ejército del pueblo, pero paradójicamente la relación es sólo incidental.
Todos los países latinoamericanos, los europeos y el propio Estados Unidos tienen resuelta su definición orgánica. Somos la excepción con nuestra caduca visión segmentadora y patrimonialista: hoy, el principio cardinal de unidad de mando está roto. Por su parte, la Marina, por donde va, está hipotecando su futuro al desnaturalizarse.
Ello no va en desmedro de las jerarquías y mandos militares; todo lo contrario: los alivia de las grandes vulnerabilidades políticas que hoy padecen. La gestión técnico/militar, o sea, toda la concepción, planeación y ejecución de la doctrina militar y sus consecuencias, correspondería a un estado mayor general o conjunto. Hoy pocos conceptos de concertación son compartidos entre ellas y si son peligrosamente divergentes, tácitamente lo son para la nación.
Además de esa reagrupación se debe considerar la conducción de dicha secretaría por un civil. Ese secretario civil asumiría la conducción de la articulación político/administrativa de la institución. Esto es, la relación con los poderes, con la sociedad en sus distintas expresiones, como medios de comunicación, organizaciones civiles, comisiones de derechos humanos, etcétera, y el manejo de la política gasto/financiamiento.
Esta clarificación de funciones y restauración orgánica en las fuerzas armadas sería en beneficio del interés nacional y en el legítimo de ellas mismas, se les desea más actuales, vigorosas, respetuosas y respetadas, como está comprobado en esta forma de organización del Poder Ejecutivo en casi todo el mundo occidental. Grandes males, grandes remedios.

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La Jornada
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