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miércoles, 23 de noviembre de 2011

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Salvar o no salvar, he ahí el dilema

Juan José Morales
Impacto ambiental
Salvar o no salvar, he ahí el dilema
Proponer que se deje extinguir a una especie sin hacer nada para salvarla, podría parecer una herejía científica. Pero muchos investigadores han comenzado a inclinarse por esa idea.
La cuestión es simple: como se ha repetido muchas veces, estamos en medio de lo que se considera la sexta extinción masiva en la historia de la Tierra. Los biólogos han enlistado hasta la fecha 17 000 especies de plantas en peligro de desaparecer, y desde luego no son todas las que se hallan en tal situación. Salvarlas a todas exigiría esfuerzos y gastos colosales. Por eso hay cada vez más científicos partidarios de una política de salvamento selectivo. Esto es, proteger y conservar sólo cierto número de especies y sencillamente olvidarse de las demás. Si sobreviven, bueno. Si no, lástima.
Una encuesta realizada entre 583 biólogos y ecólogos destacados, cuyos resultados se publicaron en el número correspondiente a diciembre de la revista internacional Conservation Biology, reveló que el 60% de ellos piensan de esa manera, y dicen que es necesario establecer lineamientos y criterios para decidir a qué especies se debe intentar salvar y a cuáles hay que abandonar a su suerte.
En cierto sentido, lo que se pretende es establecer un sistema parecido al del triaje o triage, un procedimiento médico iniciado por el ejército napoleónico para atender a los heridos en combate y que se generalizó durante la Primera Guerra Mundial, según el cual hay heridos tan graves que las posibilidades de salvarlos son mínimas, y se dejan de lado para dar prioridad a aquellos que con una atención de urgencia podrán ser curados.
La encuesta fue coordinada por Murray Rudd, de la universidad británica de York, quien al dar a conocer sus resultados señaló que, desde luego, no es ni será fácil establecer criterios generales en esta materia. Unos sin duda insistirán en salvar especies únicas, aunque tengan una distribución muy limitada y carezcan de importancia económica. Por ejemplo, el cuitlacoche de Cozumel, un ave que sólo existe en esta isla mexicana. Otros se inclinarán, en cambio, por proteger sólo aquellas que tengan algún valor utilitario. Otros más antepondrán criterios genéticos; es decir, especies cuyo valor estriba en que sus características genéticas puedan tener aplicaciones en medicina, biología, agricultura y otras actividades. Igualmente, habrá quienes aduzcan razones estéticas, históricas o culturales. Y así por el estilo.
Sin duda, el debate se polarizará. Ya desde ahora se han expresado opiniones en el sentido de que es imposible —y quizá hasta inmoral— favorecer a ciertas especies a costa de otras, dada la gran complejidad de las interacciones ecológicas en la naturaleza. Otros, por lo contrario, consideran un derroche de dinero esforzarse por salvar las poblaciones silvestres de especies famosas, como el oso panda o el tigre, cuyo hábitat se está perdiendo de manera casi inevitable.
Llegar a un consenso no será fácil. Pero lo que sí resulta indudable, es que —como dice Jean-Christophe Vié, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza— inevitablemente tendremos que dejar que se extingan muchas especies, por la simple y elemental razón de que no se puede proteger y conservar a todas aquellas que se encuentran amenazadas, y que tendremos también qué decidir a cuáles destinar el dinero, el talento y los esfuerzos para salvarlas.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com
Confirmado:Científicos Crean luz de la nada.
El pasado mes de junio, científicos de la Universidad Tecnológica de Chalmers en Gothenburg (Suecia), publicaban en arXiv.org una hazaña científica que recordaba al origen «divino» de los tiempos. Los físicos aseguraban en la publicación online haber conseguido crear luz de la nada, provocando un efecto que fue predicho por primera vez hace 40 años pero que nunca antes se había materializado con éxito. En el experimento, los científicos han sido capaces de capturar algunos de los fotones que aparecen y desaparecen constantemente en el vacío. Muy cautos, los autores no han querido ofrecer más datos sobre su trabajo hasta que estuviera listo para su publicación en una revista de alto nivel. Ahora, el estudio aparece en el último número de la prestigiosa Nature, donde se describe con todo detalle.
Según explican los propios autores en un comunicado, el experimento se asienta en uno de los principios más contradictorios y, sin embargo, más importantes de la mecánica cuántica, y es que el vacío, por raro que parezca, no está vacío. De hecho, el vacío está rebosante de partículas que continuamente fluctúan dentro y fuera de la existencia. Aparecen por un breve momento y luego desaparecen de nuevo como fantasmas. Los físicos se refieren a ellas generalmente como partículas virtuales.
El responsable del estudio, Christopher Wilson, y sus colegas consiguieron que algunos fotones salieran de su estado virtual y se convirtieran en fotones reales, es decir, en luz auténtica. El físico Gerald Moore predijo en 1970 que esto ocurriría si los fotones pudieran rebotar en un espejo que se mueve a una velocidad casi tan alta como la de la luz. El fenómeno, conocido como efecto Casimir, nunca había sido observado hasta ahora.

Cerca de la velocidad de la luz

«Ya que no es posible obtener un espejo que se mueva lo suficientemente rápido, hemos desarrollado otro método para lograr el mismo efecto», explica Per Delsing, profesor de Física Experimental de Chalmers. Para ello, los físicos utilizaron un circuito superconductor que simula un espejo en movimiento. Se trata de un componente de electrónica cuántica conocido como SQUID(dispositivo superconductor de interferencia cuántica), que es extremadamente sensible a los campos magnéticos.
Al cambiar la dirección del campo magnético varios miles de millones de veces por segundo, los científicos fueron capaces de que el «espejo» vibrara casi a la velocidad de la luz. «El resultado fue que los fotones aparecían en parejas del vacío». El hecho de que aparezcan los fotones y no otro tipo de partículas es que los primeros carecen de masa y no hace falta mucha energía para «rescatarlos» de su estado virtual. Los científicos creen que, con mucha más energía, podrían recuperar incluso electrones o protones.
A efectos prácticos, el estudio puede ser de utilidad en el campo de la investigación de la información cuántica, que incluye el desarrollo de ordenadores cuánticos, pero el valor principal del experimento es el aumento de la compresión de los conceptos básicos de la Física, como las fluctuaciones en el vacío de las partículas, que quizás tengan que ver con la misteriosa energía oscura que impulsa la expansión acelerada del Universo. Desde luego, es una de las pruebas experimentales más inusuales de la mecánica cuántica en los últimos años.

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